Los cuerpos del ser humano

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Los cuerpos del ser humano

El conjunto de los cuerpos del ser humano, consti­tuido de materia de diferentes niveles, hace que cada uno de los seres humanos constituya una unidad energética espe­cífica sumergida en el campo de energía universal. Este punto, una vez aclarado, será esencial para que podamos comprender después el proceso de atracción de las cosas, de las personas y de los acontecimientos de nuestra vida.

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Los cuerpos físicos, etéreo, astral y mental son los vehícu­los energéticos de la personalidad en diferentes niveles. Cada uno de ellos está constituido de materia nacida en esos dife­rentes planos. El trabajo que debemos realizar, expresado se­gún el modelo energético, es el de construir nuestros dife­rentes cuerpos inferiores (nuestro vehículo) con un tipo de materia (una energía) totalmente receptiva a la energía del Ello. Ahora bien, el cambio de conciencia conduce a un cambio de las frecuencias vibratorias de nuestros diferentes cuer­pos. Purificar, armonizar, desbloquear nuestras energías sig­nifica lo mismo que elevar, liberar, abrir nuestra conciencia, dado esto por la equivalencia energía-conciencia en el sistema evolutivo del ser humano. Nuestro vocabulario, lleno de imá­genes, con frecuencia es la expresión de una percepción intui­tiva real, y traduce efectivamente una realidad muy concreta con relación a los diferentes planos. Por ejemplo, se piensa corrientemente, «armonizar nuestras energías», «elevar nues­tras vibraciones», «elevar nuestros pensamientos», porque efectivamente cuando nuestra conciencia cambia y «se eleva», nuestra frecuencia vibratoria se eleva igualmente. Cambiar nuestra calidad energética a todos los niveles es lo que hemos expresado un poco antes bajo la forma de «crecer en concien­cia, evolucionar y aprender».

De la misma manera que un violinista de talento podrá expresar toda su sensibilidad y tocar una música de tanta ca­lidad como la materia (la madera, las cuerdas…) con la que está hecho su violín, refinada y apropiada para ese uso; el Ello manifestará todas sus cualidades divinas con mayor facilidad si la personalidad es pura, libre de trabas y está moldeada por varios milenios de experiencias y evolución. Como resultado de esta transformación de la calidad energética de nuestro ve­hículo, la energía y, por ende, la voluntad del Ello podrá manifestarse totalmente sobre la Tierra en los tres mundos inferiores.

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Nuestros estados energético y de conciencia están así ín­timamente ligados y son interdependientes. De hecho, son dos caras de la misma realidad. En particular, todo nuestro bagaje de experiencias pasadas está inscrito energéti­camente en nuestros diferentes cuerpos. Toda armonía o discordia, toda realización o toda limitación en conciencia se traducen por una vibración de cierto tipo.

Cuando tenemos que hacer un trabajo específico de con­ciencia en esta vida, éste se inscribe en alguna parte de nues­tro sistema energético: mental, astral, etéreo, físico. Este es­tado energético, esta vibración específica que llevamos en nosotros tendrá por efecto atraer vibratoriamente, en fun­ción del Plan de evolución, a las personas o situaciones que nos permitan trabajar sobre el desarrollo de esa cualidad, so­bre la manifestación de ese poder, sobre esa carencia o sobre la corrección de esa debilidad. Todo esto se inscribe energé­ticamente en nuestros diferentes cuerpos y actúa como un imán en el Campo de Energía Universal por el cual todos estamos vinculados.

Este imán está orientado por la fuerza de la ley de evolu­ción, constantemente en acción. Atrae hacia nosotros, des­de cualquier lugar del universo, las personas, las cosas o las Circunstancias, que tienen también sus cargas energéticas, de forma que, a partir de la interacción de esos diferentes sistemas energéticos, puede tener lugar una experiencia de evolución para el conjunto. Esta experiencia se genera para asegurar globalmente tanto la evolución de nuestro ser indi­vidual como la del conjunto de los individuos implicados, hacia una conciencia cada vez más elevada, hacia un nivel vi­bratorio cada vez más refinado. Estamos todos interconectados y conectados a todo lo que existe en el universo por el Campo de Energía Universal en el seno del cual todos los elementos del universo, humanos y demás, se ponen de ma­nifiesto. Este Campo de la Energía Universal es el que hace posibles la transmisión de la información instantánea y el fenómeno de atracción.

El universo es un increíble sistema energético de una in­finita complejidad. Podríamos compararlo a un ordenador gigantesco, muy complejo (aunque el paralelo sería todavía bastante ridículo), que estaría constantemente en acción para organizar y dirigir esos movimientos de energía en función del Plan de evolución. Todos esos grandes procesos de atracción y de organización de la energía no se hacen de una manera incoherente, aunque eso pueda parecer a nuestra con­ciencia muy limitada. Se realizan de una manera que, aun siendo tan compleja, no deja de ser perfectamente ordenada, determinada en su base por la Ley de la evolución en lo que concierne el ser humano y por el gran Plan cósmico en lo que toca al cosmos. Con certeza, si deseamos penetrar en los mis­terios del universo, nos enfrentamos con una tarea inmensa, la de cambiar nuestra conciencia, porque con la conciencia ordinaria no podremos comprenderlos.

Annie Marquier: El poder de elegir, cap. VIII