Ondas cerebrales

Ondas cerebrales

Las ondas cerebrales del sabio operan principalmente en la lenta frecuencia theta de aproximadamente cuatro a siete ciclos por segundo (cps 4-7), o incluso más lento. Las ondas alfa de meditación ordinaria se encuentran en el rango de frecuencia de 8 a 13 cps, y las ondas cerebrales de una persona normal son predominantemente de frecuencias rápidas beta de más de 13 cps.

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Subjetivamente, el sabio vive en el silencio interior. La energía de otra persona activa una cualidad de ese silencio que es en un principio sin forma, pero entonces empieza a tomar forma cómo saber no verbal de lo que se dice. Esto facilita una respuesta verbal aproximada. Es como si el significado fuera transmitido por traducción desde lo no-lineal a lo lineal. Esto se hace espontáneamente por una capacidad innata impersonal a la conciencia en sí. El proceso no está bajo ningún tipo de control “personal”. Tal vez podría ser comparado a la música que se transfieren en un código digital y luego vuelve a convertirse de nuevo en la música.

El proceso de traducción provoca un retraso en la comprensión racionalizada. Le aparece al mundo como un pensamiento difícil de oír o distraído. Se requiere de un esfuerzo de la voluntad y energía, y prestar atención al mundo es agotador. El modo preferido de comunicación es no verbal; por lo tanto, el lenguaje corporal es muy significativo, y largas conversaciones son difíciles y con frecuencia evitadas. El humor es a menudo un atajo para transmitir un cambio de contexto que ilumina el significado sin largas explicación. Las comunicaciones habituales del mundo parecen muy laboriosas y con frecuencia parecen ser rodeos para evitar algo simple, la verdad central. El estilo de comunicación preferido trata con la esencia y no con el detalle.

La comunicación entonces se convierte progresivamente en no verbal. En el lenguaje común, hablamos de la intuición para explicar el fenómeno. Algunas veces es incorrectamente llamado telepatía. “Tele” implica la comunicación a través del espacio o la distancia. Aunque dos personas pueden parecer distantes la una de la otra en el dominio lineal, en Realidad, solo hay una conciencia lo que permite a una persona recoger la intención de la comunicación de la otra persona antes de que sea pronunciada. Así, la palabra pronunciada se convierte en solamente una confirmación de lo que ya ha sido detectado porque en la conciencia no hay distancia ni espacio que atravesar.

Un ejemplo de esto fue un experimento de cuatro días con doce estudiantes espirituales (que eran miembros de un grupo del Curso de Milagros) en una casa grande de una ciudad del este de los EE.UU. A pesar de conocerse, en realidad no eran familiares, y el voto para el retiro fue mantener el silencio, “ante todo.” En veinticuatro horas, todo el grupo se convirtió en “telepático”. Las necesidades de cada persona eran cumplidas; las comidas aparecían sin planificación previa, y cada uno sabía los pensamientos del otro. Por ejemplo, si alguien en la mesa simplemente pensaba en la palabra “sal”, alguien espontáneamente pasaba la sal, sin pronunciar palabras. Todo prosiguió durante cuatro días en perfecta armonía.

Todo el mundo más tarde describió la experiencia completa como mística, mágica, fascinante y hermosa. Hubo una gran desgana al reanudar el habla al final del fin de semana. El habla implica diversidad mientras que el silencio implica unidad. La renuncia del ego personal/Yo del habla facilita la acumulación del sentido del Ser, para que esa conciencia comúnmente suceda. En unos días, el silencio parecía mucho más natural que el habla.

David R. Hawkins: Yo, Realidad y Subjetividad, cap. 8