Orgullo

Orgullo

            Hay un nivel normal, benigno de orgullo que es más correctamente denominados “auto-estima” o “auto-cuidado:” Esto refiere a andar con buen pie hacia adelante y las satisfacciones normales que resultan de los esfuerzos exitosos y el logro Estas formas de una auto-imagen positiva son el resultado del esfuerzo y por tanto son apropiadas y no necesariamente la inflación del ego. Han sido ganadas y tienen una base realista.

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            El Orgullo como defecto espiritual se refiere a la arrogancia como actitud y posicionamiento. Es una arrogancia que se puede aplicar a las creencias, pensamientos, opiniones, y la actitud general de ser mejores que los demás. Se trata de una sobreestimación del propio valor y que comúnmente se conoce como egoísmo. Puesto que no se basa en el cumplimiento y no es ganado, es frágil.

            Ya que el orgullo es vulnerable, ha de ser constantemente defendido y puede ir acompañado por una actitud de “astilla en el hombro”. Su debilidad es reconocida normalmente en el dicho común “la soberbia antecede a la caída.” La vulnerabilidad se produce debido a un posicionamiento arbitrario. El orgullo es una inflación del ego y como un globo, se pincha con facilidad. La adulación alimenta el orgullo porque el orgullo es vanidad. La vanidad es egocéntrica, ya que está psicológicamente basada sobre el narcisismo. Su inconveniente es que disminuye la capacidad de ser compasivo y amar a los demás.

            El orgullo, en su más estricto sentido espiritual, refiere a negar la entrega a Dios como Fuente Suprema de la propia existencia. Es por tanto una actitud sutil de competición con Dios por la soberanía.

            En los entresijos de la vanidad espiritual está la negación de la humildad, porque, para el egoísmo, la humildad es mal entendida como sumisión, inferioridad y humillación. El verdadero humilde es inmune a la humillación. La falsa humildad se basa en el mismo malentendido. La verdadera humildad se basa en una evaluación precisa, sin atribuir valor o significación. Un científico verdaderamente preciso y humilde, por ejemplo, es muy consciente tanto de las bondades como de las limitaciones del método científico, incluyendo la lógica y la razón. Una persona verdaderamente humilde puede obtener gran satisfacción de incluso los grandes logros, sin soberbia y por tanto, adquiere prestigio, sin asumir la posición secretamente orgullosa del pseudo-humilde.

            Los mejores antídotos para la arrogancia son la gratitud, la satisfacción y el agradecimiento. La verdadera humildad nos permite decir, sin orgullo, que los hechos son sólo hechos.

            El orgullo es deshecho por la inspiración de la devoción que voluntariamente entrega su vanidad a Dios. Con la evolución espiritual, incluso la autoestima ya no es una necesidad, ni siquiera un concepto significativo. Tanto el orgullo como la vergüenza, surge de una auto-valorada crítica. En Realidad, “valer” no es una consideración. Todo es como es, sin explicaciones o adjetivos necesarios. Para la conciencia avanzada, lo que el mundo piense o crea no tiene significación real o importancia.

David R. Hawkins: Yo. Realidad y Subjetividad, cap. 12