No necesitas perdonar

No te fuerces a practicar esta cosa llamada perdón. El perdón viene a su manera, a su tiempo, o no, mientras haces la difícil labor de estar más presente para ti mismo. Esa es la verdadera práctica del perdón: Sentir, conocer, expresar, oír, validar tu propio dolor, escuchar al herido que está dentro, al enojado, al traicionado, al que era demasiado joven o demasiado temeroso para hablar o contraatacar.

Lo que es, es Dios

Lo que es, es Dios. Es como cuando alguien hace la pregunta, «¿Es el mundo real?» El mundo, por sí mismo, es una ilusión, pero Dios, como el mundo, es real. A medida que avanzamos nos encontramos con que nunca hubo un Dios, así que nunca hubo un mundo. Pero digamos que, porque Dios es, el universo es. Todo, desde el microbio más humilde a la más exuberante galaxia, es Dios en expresión. Todo es Dios. Cada hoja, cada pieza de arcilla, cada estrella, cada planeta no tiene por sí mismo ninguna base para su existencia. Porque Dios es, todo lo demás es.

Una pregunta que puede interrumpir nuestras creencias negativas sobre nosotros mismos

A menudo pensamos en nosotros mismos, en nuestras vidas, en términos de carencia. Los sueños que no se realizaron. Los caminos que no tomamos. Los que se cerraron. Nos preguntamos “qué pasaría si…” o pensamos en lo que podría haber sido diferente si fuéramos diferentes. Si fuéramos mejores o más inteligentes. Si fuéramos más ricos o más exitosos. Si no estuviéramos tan tristes o desconsolados o heridos. Si tuviéramos más amor o apoyo o confianza en nosotros mismos.
Incluso en los días en los que me siento bien conmigo misma, cuando me lo paso genial en el trabajo o en casa, o he marcado todo lo que tengo en la lista de cosas por hacer o he hecho un entrenamiento excelente, a menudo encuentro estas pequeñas chispas furtivas de negatividad o duda arrastrándose.

Pon tu pensamiento al revés

En un nivel muy básico, todos los seres piensan que deberían ser felices. Cuando la vida se vuelve difícil o dolorosa, sentimos que algo salió mal. Esto no sería un gran problema excepto por el hecho de que cuando sentimos que algo salió mal, estamos dispuestos a hacer cualquier cosa para volver a sentirnos bien. Incluso empezar una pelea.
La dificultad es inevitable en la vida humana. Por un lado, no podemos escapar de la realidad de la muerte. Pero también están las realidades del envejecimiento, de la enfermedad, de no obtener lo que queremos y de obtener lo que no queremos.

El Principio rector

Habitar el mundo de los despiertos, el mundo único en común del que nos habla Heráclito, solo es posible en la medida en que haya en nosotros algo superior y más originario que nuestros juicios, impulsos y pasiones; una instancia ontológica que nos permite tomar distancia con respecto a ellos, discernir su naturaleza y despertar del sueño en el que vivimos cuando confundimos nuestro particular sistema de creencias y las conductas estructuradas en torno a él con nuestra identidad ―es decir, nuestro mundo subjetivo con la realidad―; una dimensión que posibilite que no seamos zarandeados como marionetas por nuestros condicionamientos, por nuestras representaciones no examinadas y por los impulsos que se derivan del asentimiento a ellas.

Las Upanishad

En el prólogo a su edición de las Upanishad, Raimon Panikkar afirmaba que esta obra es “uno de los documentos sapienciales más antiguos y profundos de la humanidad” quizá porque según la tradición védica, se trata de un texto apauruseya, “sin hombre” es decir, son unas palabras primordiales que fueron transmitidas a la humanidad en su origen. Por eso, las Upanishad, al igual que todas las Escrituras sagradas, no proponen al lector un mundo mejor sino que describen otro mundo, no se refieren a este mundo ni intentan mejorarlo, dan a conocer otro mundo, el mundo por venir y esto es algo que vale la pena recordar en una sociedad como la nuestra en la que la ganancia inmediata es lo que más prima.

Conectarse con el sufrimiento y superarlo

Ocuparse de otras personas que tienen miedo, están enojadas, celosas, superadas por adicciones de todo tipo, son arrogantes, orgullosas, quejosas, egoístas, significa tener compasión y cuidar de estas personas sin huir del dolor de encontrar estas cosas en nosotros mismos.
De hecho, la propia actitud hacia el dolor puede cambiar. En lugar de defenderse y esconderse de él, se puede abrir el propio corazón y permitirse sentir ese dolor, sentirlo como algo que nos suavizará y purificará y nos hará mucho más amorosos y amables.

El arte de la contemplación

Contemplar mientras se investiga es dejar que la mente se movilice con las verdades que van apareciendo, dejando un espacio abierto para que la verdad penetre y para que surja entonces espontánea desde dentro (no desde el pensamiento) la respuesta a la verdad. Esta verdad que aparece espontánea se percibe con evidencia. ¿Y qué es una evidencia? Es una serena paz, el equilibrio de ser lo que somos. La verdad no se piensa, se es.
El arte de contemplar es el arte de ser. El avanzar en la contemplación es avanzar en el ser que somos verdaderamente y que se evidencia cuando contemplamos. Esto no se puede comprender desde la idea errónea que tenemos los humanos de que una cosa es conocer y otra es ser. Cuando pensamos, siempre lo hacemos desde la dualidad primigenia de la mente que escinde lo Real en dos: el que mira y lo mirado, el contemplador y lo contemplado. Así no podemos comprender; y por eso mismo creemos que el contemplar nos aleja del ser, cuando es realmente lo contrario.

Transformando la Ansiedad y los Pensamientos Difíciles

En la psicología budista, las instrucciones para la transformación del pensamiento son muy explícitas. El Buda instruye a sus seguidores: “Al igual que un hábil carpintero que quita una clavija tosca golpeándola con una fina, así una persona quita un pensamiento que produce dolor sustituyéndolo por uno hermoso”. La clavija del carpintero es una descripción práctica de cómo podemos eliminar patrones de pensamiento nocivos como el juicio propio, la preocupación y la ansiedad mediante la sustitución del pensamiento. Lo que se requiere es la selección de un sustituto útil y la práctica repetida. La repetición es clave. La repetición, la compasión y la creencia de que los ciclos dolorosos del pensamiento pueden transformarse tienen un papel en el desarrollo de nuevos patrones de pensamiento.