Péndulos II

Los péndulos pueden recibir la energía tanto de sus partidarios como de sus adversarios. Pero la pérdida de la energía aún no es un mal tan grande. Si el péndulo es destructivo en un grado suficiente, los daños los sufren el bienestar y el destino del hombre.

Toda persona se enfrenta, de cuando en cuando, con información negativa o con acontecimientos poco deseados. Todo esto son provocaciones de los péndulos.

El hombre no quiere que suceda esto en su vida, pero siempre reacciona por una de las dos variantes.

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Si la información no le importa mucho, no le presta ninguna atención y pronto se olvida de ello. Mas si la información provocativa le irrita o le asusta (en otras palabras, se le graba en el alma), es entonces cuando se produce el apoderamiento de la energía mental en el lazo del péndulo y el hombre se sintoniza con la frecuencia de resonancia de este péndulo.

Es inútil luchar contra el péndulo. Como ya habíamos dicho más arriba, luchar contra él significa darle tu energía. La primera y más importante condición del éxito es renunciar a la lucha con él. En primer lugar, cuanto más rechazas a los péndulos enfadosos, más activamente te van a fastidiar. Puedes repetir continuamente: «¡Dejadme tranquilo! ¡Pero, que me dejen todos en paz!». Te parece que los rechazas, pero en realidad, les suministras a los péndulos tu energía y éstos se te pegan más todavía.

En segundo lugar, no tienes derecho ni a juzgar ni a cambiar nada en este mundo. Después de haber aceptado el derecho del péndulo a existir, tienes derecho de abandonarlo y no dejarte influenciar. Lo importante es no luchar con el péndulo, no censurarlo, no perder los nervios, pues todo eso significará tu participación en el juego. Al contrario: debes aceptarlo tranquilamente como algo debido, como un mal inevitable y después retirarte. Al expresar el rechazo de cualquier manera, das la energía al péndulo.

Antes de llegar a comprender lo que significa elegir tienes que aprender a negar. Normalmente, las personas no imaginan con clari­dad qué es lo que quieren. Pero todos saben con exactitud qué es lo que no quieren. En el intento de librarse de las cosas o sucesos inde­seables, la mayoría actúa de manera que todo le resulte justo al revés. Para negar es necesario aceptar. La palabra «aceptar» aquí no significa estar dispuesto a recibir o conformarse, sino es reconocer el derecho de existir y, por tanto, indiferentemente pasar por alto. Aceptar y soltar, significa: dejar que lo indeseable pase a través de ti y despedirlo diciéndole adiós y hasta nunca. De lo contrario, aceptar y retener, significa: dejar que entre en ti y luego tomarle afecto u oponerse.

Si te molesten los pensamientos sobre lo que a ti no te gusta, eso habrá en tu vida.

Quieres algo o lo odias: eso no tiene importancia. Lo importante es: si tus pensamientos se concentran en el objeto de tus sentimien­tos, la energía de los pensamientos se fija en una frecuencia determinada como consecuencia, te encuentras dominado por un péndulo y te trasladas a las líneas de la vida correspondientes, donde el objetivo de fijación está presente en abundancia.

Si no quieres tener algo, simplemente deja de pensar en ello, pásalo por alto con indiferencia, y eso desaparecerá de tu vida. Excluir de la vida no significa evitar, significa ignorar. Evitar es dejar que entre en tu vida y luego intentar muy activamente deshacerse de eso. En cambio, ignorar significa no reaccionar de manera ninguna y, por tanto, no tener.

¿Cuál es, entonces, la defensa contra el péndulo?. El vacío.  Si soy vacío, no tengo con qué se me pueda enganchar. No entro en el juego del péndulo, pero tampoco intento defenderme de él. Simplemente lo ignoro. La energía del péndulo pasa volando sin tan siquiera rozarme y se dispersa en el espacio. El juego del péndulo ni me preocupa ni me molesta. Respecto a él, soy vacío.

Vadim Zeland: El espacio de las variantes, cap. II