Percepción

La percepción selecciona y configura el mundo que ves. Lite­ralmente lo selecciona siguiendo las directrices de la mente. La percepción es una elección, no un hecho. Pues tu creencia acerca de quién eres depende ente­ramente de la voz que elijas escuchar y de los panoramas que elijas ver. La percepción da testimonio únicamente de esto, nunca de la realidad. Puede mostrarte, no obstante, bajo qué condiciones es posible tener conciencia de la realidad, o aquellas en las que nunca sería posible.

 

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La realidad no necesita tu cooperación para ser lo que es. Pero tu conciencia de ella necesita tu ayuda, ya que tener esa concien­cia es algo que tú eliges. Si le prestas oídos a los dictados del ego y ves lo que él te indica ver, no podrás sino considerarte a ti mismo insignificante, vulnerable y temeroso. Experimentarás depresión, una sensación de no valer nada, así como sentimien­tos de inestabilidad e irrealidad. Creerás que eres la desvalida víctima de fuerzas que están más allá de tu control y que son mucho más poderosas que tú. Y creerás que el mundo que fabri­caste rige tu destino. Pues tendrás fe en eso. Pero no creas que porque tengas fe en eso, ello pueda hacer que sea real.

Hay otra visión y otra Voz en las que reside tu libertad que tan sólo está aguardando tu decisión. Y si depositas tu fe en Ella, percibirás otro ser en ti. Este otro ser considera que los milagros son algo natural. Pues son tan simples y naturales para él como respirar lo es para el cuerpo. Constituyen la respuesta obvia a las peticiones de ayuda, que es la única que él ofrece. Los mila­gros le parecen antinaturales al ego porque no entiende cómo es posible que mentes separadas puedan influenciarse unas a otras. Y si estuviesen separadas ciertamente no podrían hacerlo. Pero las mentes no pueden estar separadas. Este otro ser es perfecta­mente consciente de esto. Y así, reconoce que los milagros no afectan la mente de otro, sino la suya propia. Los milagros siem­pre cambian tu mente, pues no hay ninguna otra.

No te das cuenta de hasta qué punto la idea de la separación ha interferido en el ejercicio de la razón. La razón mora en el otro ser que has excluido de tu conciencia. Y nada de lo que has permitido que permanezca en ella es capaz de razonar. ¿Cómo va a ser posible que aquel segmento de la mente que está despro­visto de razón pueda entender lo que es la razón, o comprender la información que ésta le podría suministrar? De ese segmento pueden surgir todo tipo de preguntas, pero dado que la pregunta básica sólo puede proceder de la razón, él jamás la podrá plan­tear. Al igual que todo lo que procede de la razón, la pregunta básica es simple y obvia, si bien, aún no se ha planteado. Más no creas que la razón no la podría contestar.

¿Y dónde podría encontrarse la respuesta sino en la Fuente? ¿Y dónde estás tú sino allí donde se encuentra esa misma respuesta? Tu Identidad, que es un efecto tan verdadero de esa Fuente como lo es la respuesta, tiene, por lo tanto, que estar unida a ella y ser lo mismo que ella.

Dispondrás de todo el conocimiento con cualquier parte de él. He aquí la parte que tú puedes aceptar. Puedes ver lo que la razón te señala porque los testigos a su favor son inequívocos. La razón es un medio que sirve para los fines del Espíritu Santo por derecho propio. No se puede re-interpretar ni re-canalizar para que se ajuste a la meta del pecado, tal como se hace con otros medios. Pues la razón está más allá del alcance de los medios del ego.

La fe, la percepción y la creencia pueden estar mal ubicadas y servir de apoyo tanto para las necesidades del gran embaucador como para las de la verdad. Pero la razón no tiene cabida en la locura, ni se puede adaptar a sus fines en modo alguno. La fe y la creencia están firmemente arraigadas en la locura, y conducen la percepción hacia aquello que la mente ha considerado valioso. Pero la razón no participa en esto en absoluto.

La parte de la mente donde reside la razón se consagró, de acuerdo con tu voluntad en unión con la de tu Padre, al des-hacimiento de la demencia. Ahí el propósito del Espíritu Santo se aceptó y consumó simultáneamente. La razón le es ajena a la demencia, y aquellos que hacen uso de ella han adquirido un medio que no puede dedicarse al pecado. El conocimiento está mucho más allá de lo que se puede lograr. Pero la razón puede servir para abrir las puertas que tú le cerraste.

La fe y la creencia, apoyadas por la razón, producen forzosamente un cambio en tu percepción. Y con este cambio se le hace sitio a la visión. La visión se extiende más allá de sí misma, tal como lo hacen el propósito al que sirve, así como todos los medios para su consecución.

UCDM 1, cap. 21-V