¿Podemos “hacer”?

¿Podemos “hacer”?

Dije que era necesario entender por nosotros mismos que no podemos «hacer». Cuando esto es entendido suficientemente, podemos pensar sobre lo que es posible «hacer»: qué condiciones, qué conocimiento y qué ayuda se necesitan. Pero primero es necesario comprender que, en la vida corriente, todo sucede. Sólo cuando esto se entiende emocionalmente, es posible ir más allá.

 

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Este sistema es enseñanza esotérica, pero en ella usted puede empezar en las condiciones de la vida corriente; no es necesario acudir a una escuela cerrada ni a un monasterio. Debido a eso, es particularmente necesario entender, primero de todo, que uno no puede «hacer» nada, y que lo único que uno puede empezar a «hacer» es tratar de recordarse: entender una cosa y practicar la otra.

Si usted no puede identificarse, ya es el comienzo del «hacer». Si puede abstenerse de charlar cuando tiene una inclinación hacia la charla, eso es ya «hacer». El «hacer» empieza con ir contra la corriente: primero en usted, en las cosas personales. Puede tratar de recordarse; luego, cuando empiece a recordarse, podrá obtener ciertos resultados y verá que puede hacer más cosas, pero todo con respecto a usted mismo. Podrá hacer algo sobre las emociones negativas, por ejemplo, y pensar de un modo nuevo. Pero fuera de usted, las cosas continuarán sucediendo.

El hombre no puede «hacer» nada, todo lo que puede hacer es controlar su propia reacción mental hacia los acontecimientos fuera de su control.

Ése es el comienzo. Si aprende a controlar sus reacciones, luego, después de algún tiempo, descubrirá que puede controlar cada vez más, y después sucederá que podrá controlar, nuevamente no todos, pues hay una grandísima graduación, pero sí ciertos acontecimientos externos. Pero ciertos otros acontecimientos externos no podrán ser controlados porque son de diferente tamaño.

No hay salida sin escuela ni conocimiento. Además, si usted obtiene el conocimiento y no hace esfuerzos, será igualmente inútil.

Cuando uno está en una escuela, se lo forma para «hacer», porque uno no puede hacerse a sí mismo, uno no puede crear fuerza suficiente. Pero si uno se pone en diferentes condiciones, producirá ciertos resultados. La escuela es necesaria porque es el conductor de la fuerza neutralizadora. De otro modo, uno puede tener deseo, puede hacer esfuerzos, pero no sabría cómo empezar. Parece simple, pero no es simple.

En nosotros hay cosas que pueden y deben ser mecánicas, como los procesos fisiológicos y cosas por el estilo, y hay otras cosas sobre las que debemos adquirir tanto control como podamos, porque nos impiden despertar. Usted no comprende hasta qué punto una cosa en nosotros está conectada con otra. Todo está conectado. No puede hacer, ni decir, ni siquiera pensar nada fuera de la línea general de cosas que suceden.

Nuestros cuatro centros, el intelectual, el emocional, el motor y el instintivo, están tan coordinados que, un movimiento, en un centro, produce inmediatamente un movimiento correspondiente en otro centro. Ciertos movimientos o ciertas posturas están conectadas con ciertos pensamientos; ciertos pensamientos están conectados con ciertos sentimientos, sensaciones, emociones: todo está conectado. Tales como somos, con toda la voluntad que podemos concentrar, podemos adquirir algún grado de control sobre un centro, pero sólo uno, e incluso eso durante un breve lapso. Pero otros centros siguen por sí solos e inmediatamente corromperán al centro que queremos controlar y lo llevarán otra vez a la reacción mecánica. Suponga que sé todo lo que debo conocer, y suponga que decido pensar de un modo nuevo. Empiezo a pensar de un modo nuevo pero me siento en la postura corriente, o fumo un cigarrillo del modo habitual, y nuevamente me encuentro en los viejos pensamientos.

Lo mismo ocurre con las emociones; uno decide sentir de un modo nuevo sobre algo, y luego piensa del modo viejo y, de esa manera, las emociones negativas acuden como antes, sin control. Por tanto, a fin de cambiar, debemos cambiar las cosas en los cuatro centros en total al mismo tiempo, y esto es imposible, puesto que no tenemos voluntad para controlar a los cuatro centros. En la escuela hay métodos especiales para lograr este control, pero, sin una escuela, esto no puede hacerse. En su totalidad, nuestra máquina está muy hábilmente planeada. Desde un punto de vista tiene maravillosas posibilidades de desarrollo, pero, desde otro punto de vista, este desarrollo se torna muy difícil. Usted entenderá por qué está hecha de ese modo cuando finalmente comprenda qué significan la consciencia y la voluntad, y entonces entenderá que ni la consciencia ni la voluntad pueden desarrollarse mecánicamente. Cada pequeña cosa ha de desarrollarse mediante lucha; de otro modo, eso no sería consciencia ni voluntad. Tiene que ser difícil.

P. D. Ouspensky: El Cuarto Camino, cap. X