Principio de responsabilidad-atracción-creación

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Principio de responsabilidad-atracción-creación

Elprincipio de responsabilidad-atracción-creación nos dice que atraemos no solamente ciertas co­sas, sino que atraemos todo lo que está en nuestra vida, que nada se nos presenta por casualidad, que atraemos de una for­ma u otra, por una razón o por otra, el conjunto de las partes integrantes de nuestra existencia. Podemos comprender con bastante facilidad que podamos atraer con el pensamiento ciertas cosas que visualizamos o que imaginamos (tal como se hace en los trabajos de visualización creadora). Pero, ¿cómo podemos atraer absolutamente todo, sin ser conscientes de ello? ¿Cuál es el origen de esta atracción si conscientemente, a nivel de la personalidad, no lo hemos deseado? O bien pode­mos formular la cuestión de la forma siguiente: ¿Si es la acti­vidad de la substancia mental (consciente y subconsciente2) la que pone de manifiesto la cosa concreta, qué es lo que activa esta sustancia?

2. El término subconsciente engloba aquí a los términos inconsciente y supra-consciente.

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Nuestro sistema mental está compuesto no solamente de una parte consciente sino también de varias partes incons­cientes (mente inferior programada) y supraconscientes (mente superior en contacto con el Ello). Y funciona permanentementeen todos los niveles, veinticuatro horas cada día. Así pues en paralelo a nuestras creaciones conscientes, se forman constantemente creaciones que provienen de nuestro inconsciente y de nuestro supraconsciente. Nuestro Ello, así como nuestra personalidad, van a servirse de este instrumen­to para «crear», es decir, poner las cosas de manifiesto en función de su propia voluntad. El Ello debe pasar por la intermediación de la mente para poder expresar y manifestar su voluntad en el mundo material. En particular, el Ello se sirve del sistema mental para atraer las circunstancias y las si­tuaciones que juzga apropiadas para nuestra evolución.

Podemos decir que el Ello utiliza la mente de dos formas:

Por una parte, directamente, impregnando estructuras mentales en línea con su propia voluntad. Esto está grabado en lo que podemos llamar la mente superior. Esas estructuras no son necesariamente todas conscientes a nivel de la perso­nalidad, lejos de eso. Están construidas y se enriquecen de vida en vida. Una parte de lo que creamos yatraemos viene de esas estructuras. Por ejemplo, cuando Mozart eligió la vida que nos ha permitido conocerle, atrajo hacia él una serie de condiciones de vida, en principio, que le han permitido manifestar muy fuerte el talento que había desarrollado en las numerosas vidas pasadas. Su Ello, conociendo su misión a nivel artístico, le ha dado las condiciones apropiadas para que pudiese, por una parte, aportar su contribución al mundo, ypor otra, realizar el trabajo que tenía que hacer a nivel de la armonización y desarrollo de su personalidad.

Por otro lado, el Ello puede también dejar que el meca­nismo de la mente inferior se programe por mismo y así atraer circunstancias más o menos armoniosas en función de las programaciones grabadas a partir de experiencias vividas en el mundo de los fenómenos materiales. Esas programaciones forman lo que hemos llamado con antelación el filtro mental, receptáculo de todos nuestros sistemas de pensa­mientos, sistemas de creencias, conscientes e inconscientes.

Es de esta manera como definimos la voluntad de la persona­lidad. Eso permite a la personalidad experimentarse a sí mis­ma a fin de aprender a alinearse progresivamente con la vo­luntad del Ello.

Ésta es la razón por la cual nos han dicho con frecuencia y prácticamente todos los días: «Observad lo que atraéis en vuestra vida, y aprenderéis a conoceros a vosotros mismos.»

Aquí diremos nosotros: «Observad lo que atraéis en vuestra vida, y aprenderéis a conocer la identificación de vuestra conciencia.» No obstante, hay que evitar sacar conclusiones rápidas a partir de las observaciones superficiales. Recordemos que la lógica del Ello está lejos de ser siempre accesible a las explicaciones y las observaciones de la conciencia ordinaria.

Ahora comprenderemos por qué hemos dicho, al enunciar el principio de responsabilidad, que nosotros creamos y atrae­mos, en un promedio del 2% conscientemente y del 98% inconscientemente o supraconscientemente.

Además, hemos visto que percibimos la realidad «atraída» de esta manera hacia sí, a través del instrumento de esta misma mente. Es así como creamos a la vez nuestra realidad y nuestra percepción de la realidad que, al darnos una experiencia de ella, nos permite trabajar sobre la claridad de nuestra percepción. La realidad que creamos no lo ha sido, sin duda alguna, más que para permitirnos hacer un ejercicio de percepción, es decir, de conciencia.

Las estructuras mentales, conscientes o subconscientes, de las que una persona dispone en una vida dada, son deter­minadas por su nivel de evolución y por la tarea que tiene que cumplir durante esta vida. A medida que se avanza en conciencia, nuestras estructuras mentales son cada vez más conscientes y son una expresión cada vez más directa de la voluntad del Ello. Creación de la realidad, percepción de la realidad y experiencia de la realidad; las tres están ínti­mamente entrelazadas y son el resultado de conciencia ya alcanzado.

Un aspecto interesante de este punto de vista es el que nos hace vislumbrar inmediatamente la posibilidad de apren­der a crear más conscientemente. Esto se hará, por una parte, siendo conscientes de nuestras estructuras mentales incons­cientes, posibles de ser modificadas voluntariamente, y por otra, siendo conscientes de la voluntad de nuestro Ello a fin de crear en armonía con nuestro ser profundo y tener así la percepción y la experiencia de la infinita belleza del uni­verso.

Annie Marquier: El poder de elegir, cap. VIII