¿Qué es el amor?

Hay un malentendido con el amor, que se cree que es una emoción; en realidad, es un estado de conciencia, una forma de estar en el mundo, una forma de verse a uno mismo y a los demás. El amor a Dios, a la naturaleza o incluso a tu mascota abre la puerta a la inspiración espiritual. El deseo de hacer felices a los demás se impone al egoísmo. Cuanto más amor damos, más capaces somos de amar. Una buena práctica de inicio es, simplemente, desear mentalmente lo mejor a los demás durante el transcurso del día. El amor florece en el cariño, que se hace progresivamente más intenso, no selectivo y gozoso. Llega un momento en que uno “se enamora” de todo y de todos aquellos con los que se encuentra. Esta tendencia a amar con intensidad debe ser restringida, porque el amor, curiosamente, atemoriza a mucha gente. Muchas personas son incapaces de sostener la mirada de otra persona durante más de un segundo. Y esto sucede especialmente si la persona que les mira irradia cariño. Hay personas que incluso sienten pánico cuando se exponen al amor.

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Algunos tratados espirituales afirman que no hay etapas en la iluminación, como si fuera un fenómeno de todo o nada. Se trata de un punto de vista que no se ha examinado suficientemente o de un informe parcial transmitido por algún maestro con un propósito concreto, para una audiencia concreta en un momento concreto. Para comprender plenamente cualquier afirmación, tenemos que conocer el contexto en el cual se hizo.

Los estudios revelan que la santidad es un término descriptivo que se les aplica a las personas que han alcanzado normalmente el nivel calibrado en el 500. En este nivel, la alegría lleva a muchos a convertirse en inspiradores maestros espirituales, en sanadores, grandes artistas o en grandes arquitectos que crean grandes catedrales, grandes e inspiradores músicos, o creadores de belleza en todas sus formas.

La verdadera iluminación, es decir, el paso de la dualidad a la no dualidad, se calibra en el 600 o más. Se puede decir que cualquier valoración de 600 o más indica formalmente la iluminación.

Alrededor del nivel calibrado en el 600 aparece la dicha, entonces la actividad del mundo se detiene, a veces de forma permanente. Si la persona está destinada a permanecer en el mundo, se dice de este estado que es para “madurar”, y hay un lento retorno a la capacidad para funcionar en el mundo. Hay personas iluminadas que se retiran para hacer prácticas espirituales y meditación, evolucionando hasta el nivel 700. En ese nivel, el mundo, tal como se describe habitualmente, ya no es una realidad existente en sí misma. Ya no hay personas distintas, ni un mundo que tenga que ser salvado.

Todo evoluciona según la Voluntad Divina. El mundo está sometido a Dios, y su destino se realiza en sí mismo. No hace falta ninguna intervención. Toda vida es la evolución de la consciencia y el despliegue de la creación. El aura que emana de las personas que se calibran en el 700 genera una atracción y un efecto sobre los que las visitan. Es agradable estar cerca de ellas, pues se siente paz. En ese campo de energía, los problemas se resuelven espontáneamente, la serenidad sustituye al miedo y la ansiedad. Ese campo de energía acelera las realizaciones y el desarrollo espiritual de los que acuden a visitarles. El campo de energía, del 600 para arriba, y especialmente en el 700, recontextualiza los posicionamientos de tal modo que se resuelven conflictos imaginarios.

En el 700, el iluminado suele retirarse del mundo ordinario. Existe una tendencia espontánea hacia la enseñanza. Muchas personas, en este nivel, aceptan grupos de estudiantes y buscadores, fundan ashrams, centros de yoga, monasterios y órdenes espirituales. A algunos se les llama maestro, gurú, sabio o diversos títulos espirituales, dependiendo de la cultura.

David R. Hawkins: El ojo del Yo, cap. 17