¿Quién es el que busca?

¿Quién es el que busca?
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¿Quién es el que busca?

La ilusión del ego se disuelve cuando el prefijo “yo” se quita de toda acción. Lo que el ego reivindica como acciones propias no son más que características autoexistentes cuyas funciones son automáticas, determinadas por las condiciones locales y sin un “yo” imaginario que las active. Uno no piensa, ni siente, ni siquiera existe debido a la acción o la decisión de algún “yo” interior e invisible. El pensamiento y el sentimiento tienen lugar sin que se les invite.

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El que está buscando la verdad superior no es un “yo” personal, sino un aspecto de la misma consciencia que se expresa como inspiración, devoción, dedicación y perseverancia, todos los cuales son aspectos de la voluntad espiritual. Por tanto, la fuente de la búsqueda del Yo es el mismo Yo, que actualiza los procesos necesarios gracias a sus propias cualidades, que se facilitan mediante la Gracia.

Como ejemplo, la curiosidad es una cualidad que existe sin un yo o decisión personal que la active. Se podría decir que la curiosidad es una cualidad independiente e impersonal de la consciencia, y es universal, pues se halla también en el reino animal. No hace falta un “yo” para ser curioso. No hay un “yo” interno, personal e independiente que tome decisiones; prefijar con el pronombre “yo” todo pensamiento, acción y sentimiento es solo algo que conviene hacer a la hora de hablar. También nos podemos referir al yo personal interno como “ello” o “eso”. Hay estadios a lo largo de la evolución espiritual en que tanto la mente como el cuerpo parecen ser “esos” durante ciertos periodos de tiempo. El cuerpo realiza sus actividades como si las tuviera ensayadas, y la mente habla con los demás en la conversación sin un yo personal que la dirija.

No hay un “pensador” interior tras los pensamientos, no hay un “hacedor” tras las acciones, no hay un “buscador” en la búsqueda de la iluminación. La búsqueda tiene lugar por si misma cuando llega su momento y emerge como centro de la atención. Todos los aspectos y cualidades de la consciencia actúan por si solos y se potencian unos a otros bajo la dirección general de la voluntad.

David R. Hawkins: El ojo del Yo, cap. 9

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