Recordarse

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Recordarse

Tratar de recordarse es siempre trabajar del modo correcto, si puede obligarse a Intentarlo. Cualquier cosa que haga, trate tan sólo de darse cuenta que la está haciendo, o que no está haciendo algo que tiene que hacer. Si intenta esto persistentemente, le dará resultados. El esfuerzo para recordarse es lo principal, porque sin esto, nada más tiene valor alguno; esto deberá ser la base de todo. Sólo de este modo podrá usted pasar del estado mecánico a un estado más consciente.

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Usted se da cuenta que no se recuerda, que no está consciente, y obligándose a recordar esta ausencia de la consciencia, usted empieza a recordarse. Usted no obtiene el método correcto de repente, pero si lo intenta durante algún tiempo, encontrará alguna línea particular de pensamiento que le ayudará. Entonces descubrirá que si piensa en algunas cosas particulares de cierta manera, eso le hará recordarse. Y este es el primer paso hacia la consciencia.

Nuestra dificultad en recordarnos depende principalmente de la falta de darnos cuenta de que no nos recordamos. Después pueden entrar muchas otras cosas en esto, pero si trata de tenerlas todas de inmediato, no tendrá nada. Trate de observar cómo pasa su tiempo. Digamos que está en el teatro o que está aquí, o que va a ver a sus amigos; entonces, cuando llega a su casa, se pregunta si estuvo consciente de sí, y descubrirá que no lo estuvo. O si está en un ómnibus, pregúntese, al salir, qué sucedió en el trayecto. Verá que nunca se recordó naturalmente; usted debe hacer que usted mismo lo haga.

No podemos dar el primer paso hacia los estados superiores de consciencia porque hay muchas cosas a las que no queremos renunciar. Cada uno de nosotros sabe perfectamente bien a qué ha de renunciar, pero no quiere hacerlo. Pero, en relación con el recuerdo de sí, esto es mucho más simple; si uno ensaya todos los medios posibles, advertirá una diferencia entre el propio estado y el estado de un hombre que no trata de recordarse.

Para todo lo que usted quiera cambiar, deberá encontrar el comienzo. Pero ahora no hablamos del cambio, sólo hablamos del estudio. El cambio viene más adelante. Naturalmente, si usted encuentra que algo es muy evidente, deberá tratar de cambiarlo, pero esto es comúnmente para la observación de sí, porque si algo sucede de modo mecánico, usted ni siquiera podrá observarlo.

Vea cómo mira, cómo la gente lo ve en uno u otro conjunto de circunstancias. Tiene que hacerlo usted mismo, aunque a veces sea útil preguntar a los demás sobre la impresión que tienen de usted, porque todos tienen un cuadro equivocado respecto de sí mismo. Todos se paran frente a un espejo y, en vez de verse, ven a los demás. Si usted hace eso, obtendrá una idea de sus roles. Los roles están frecuentemente divididos por los amortiguadores, de modo que no podemos mirar de un rol a otro.

Ser serio en relación con el trabajo significa no tomar nada seriamente: con excepción de las cosas que usted conoce con certidumbre que son importantes en relación con lo que usted quiere. Esto parece demasiado menudo, pero, cuando lo aplique en la práctica, verá que es la única solución y lo más necesario.

Vea, las personas que no son podrán tomarse seriamente desde este punto de vista. En un momento están serias; en otro momento, lo olvidan todo: en un tercer momento, tratan nuevamente de encontrar algo; en el momento siguiente, están muy satisfechas con lo que tienen. Esto significa que no son: no existen. Primero deberán existir.

Con trabajo serio quiero decir no solamente estudio sino también cambio. Primero, usted debe estudiar ciertas cosas; luego, usted trabaja para cambiarlas. Pero, puesto que ni siquiera el estudio puede proseguir sin cierto cambio, porque estos dos procesos de estudio y cambio no están plenamente divididos, un estudio más serio que el del simple comienzo puede llamarse ya trabajo serio. Con ciertas emociones negativas el trabajo serio es prácticamente imposible, porque arruinarán todos los resultados: un lado de usted trabajará, y otro lo arruinará. De modo que, si usted empieza este trabajo sin vencer ciertas emociones negativas, después de algún tiempo puede encontrarse en un estado peor que antes. Varias veces ocurrió que las personas tornaron imposible para si la continuación del trabajo porque deseaban conservar sus emociones negativas. Hubo momentos en que se dieron cuenta de ello, pero no hicieron suficientes esfuerzos a tiempo, y después las emociones negativas se volvieron más fuertes.

Dos cosas provocan que la gente haga esfuerzos: si la gente quiere obtener algo, o si quiere librarse de algo. Sólo que, en condiciones corrientes, sin conocimiento, la gente no sabe de qué quiere librarse ni qué puede ganar.

Todo tiene su propio término de vida, y si uno espera demasiado tiempo, eso se vuelve inútil y sólo pueden sobrevenir malos resultados. Cada tanto aparecen atajos, pero si los perdemos, luego de un tiempo cesan de aparecer. Es necesario recordar todo lo que dije, en diferentes ocasiones, sobre el esfuerzo, porque el esfuerzo es la base del trabajo. Todo lo que podemos ganar es proporcional al esfuerzo; cuanto más esfuerzo hagamos, más podremos esperar. Queremos cosas grandísimas, no nos damos cuenta qué cosas enormes queremos. Al principio, los esfuerzos son pequeños, sólo porque en la vida corriente no hacemos esfuerzos; en la vida todo se hace para evitar el trabajo, de modo que es difícil darse cuenta y aceptar la necesidad del esfuerzo. Todos nuestros modos de pensar y hacer tienen la tendencia de evitarlo a toda costa.

P. D. Ouspensky: El Cuarto Camino, cap. XII