Relación con el trabajo

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Relación con el trabajo

El centro permanente de gravedad llega en cierto momento en relación con el trabajo, cuando uno ya está seguro de lo que está haciendo, y seguro del sistema, y cuando esto se vuelve más importante que todo lo demás, cuando ocupa el lugar principal en la propia vida. Este es el momento en el que se establece el centro permanente de gravedad. Pero cuando uno se interesa por las ideas del sistema, y sin embargo en cualquier momento alguna otra cosa puede volverse más importante, esto significa que uno no tiene centro de gravedad.

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Es posible observar las tres líneas del trabajo como tres fuerzas diferentes que forman una tríada, en un sentido, pero siempre cambian. Una es activa hoy, pero fue pasiva ayer, y puede ser neutralizante mañana. Y son diferentes hasta en las obligaciones.

En el trabajo, una de las cosas más importantes es entender la disciplina. Si uno entiende la idea de disciplina, descubre la posibilidad de trabajar contra la obstinación. Si uno no la entiende, pensará que trabaja, pero en realidad no trabajará, porque eso sólo será obstinación.

El estudio de la disciplina está conectado con la segunda línea del trabajo. Sin entender la disciplina de la escuela, uno no podrá tener disciplina interior. Hay personas que podrían hacer un buen trabajo y que fracasan porque carecen de disciplina. Empero, el cambio del ser sólo es posible con el trabajo de la escuela y con la disciplina de la escuela. Durante cierto lapso uno deberá hacerlo, y entonces, más tarde, uno podrá trabajar por sí mismo. La disciplina está conectada con las reglas. Las reglas son las condiciones sobre las cuales se acepta a las personas y se les da conocimiento en una escuela. Observar estas reglas o condiciones es su primer pago, y la primera prueba.

Una definición de una escuela es que se trata de cierta cantidad de personas que aceptan y siguen ciertas reglas. Las reglas no son por conveniencia, no son por comodidad: son por inconveniencia e incomodidad, y de ese modo ayudan a recordarse.

Deberá entender que todas reglas son para recordarse, aunque también tienen una finalidad en sí mismas. Si no hay reglas y no se entiende la finalidad de las reglas, no hay trabajo.

Sobre las reglas, lo importante que hay que comprender es que realmente hay una sola regla, o mejor es decir, un solo principio: que uno no debe hacer nada innecesario. Trate ahora de entender eso. ¿Por qué no podemos «hacer» en el sentido correcto? Porque ¡hacemos tantas cosas innecesarias! A cada momento de nuestra vida hacemos centenares de cosas innecesarias, y debido a eso no podemos «hacer» y primero debemos aprender a no hacer nada innecesario. Primero debemos aprender a no hacer cosas innecesarias en relación con el trabajo, y después en conexión con nuestras propias vidas. Esto puede insumir largo tiempo, pero este es el modo de aprender. Deberá hacer esto, no deberá hacer aquello; todas son especificaciones, pero hay una sola regla. Hasta que entienda esta regla fundamental, ha de tratar de seguir las otras reglas que se le den.

Las reglas son particularmente importantes en conexión con la organización de los grupos, porque, puesto que las personas vienen sin conocerse y sin conocer de qué trata todo esto, han de imponerse ciertas reglas. Por ejemplo, una de las reglas que se aplica a las personas nuevas es que no han de hablar con gente de afuera sobre lo que oigan en las pláticas. Las personas empiezan a darse cuenta de la importancia de esta regla sólo cuando esta forma de charla se vuelve contra ellas, cuando sus amigos insisten en su charla y ellas no quieren hablar más. Esta regla es para ayudar a las personas a no mentir, porque cuando hablan sobre cosas que no conocen, naturalmente empiezan a mentir. Por ello, si tras escuchar una o dos pláticas, las personas empiezan a hablar sobre lo que oyeron y expresan sus opiniones, empiezan a mentir. En su mayoría, las personas son demasiado impacientes, no se conceden bastante tiempo, llegan demasiado rápido a conclusiones y, por ende, no pueden dejar de mentir.

Pero la principal razón de esta regla es que es un principio del trabajo de la escuela no dar ideas sino excluirlas de la gente, y darlas solamente en ciertas condiciones que las salvaguarden de ser deformadas. De otro modo, se deformarán al día siguiente: hemos tenido bastante experiencia de eso. Es importantísimo impedir que estas ideas se deterioren, porque puede decirse que una escuela es algo donde las personas y las ideas no mueren. En la vida, las personas y las ideas mueren, no de repente, sino lentamente.

Otra razón de esta regla es que es una prueba, un ejercicio de la voluntad, un ejercicio de la memoria y del entendimiento. Usted viene aquí en ciertas condiciones; la primera condición es que no deberá charlar, y debe recordarlo. Esto ayuda enormemente al recuerdo de sí, porque va contra todos los hábitos corrientes. Su hábito corriente es charlar sin discriminación. Pero, en relación con estas ideas, deberá discriminar.

El conocimiento hasta ahora ganado, aún no puede ser utilizado, porque si trata de hacer algo con la cantidad de conocimiento que tiene, lo deformará. Es necesario tener más, porque sólo entonces usted será capaz de juzgar si puede hacer algo con él en un caso dado o no, si puede dar algo a esta o aquella persona, o no. Ahora no puede decirlo.

Es imposible transmitir estas ideas con suficiente claridad a personas que no las estudian.

P. D. Ouspensky: El Cuarto Camino, cap. XI