Responsabilidad-atracción-creación

El paradigma de responsabilidad-atracción-creación, bien integrado en su sentido más completo, aporta paz, salud, bienestar, dicha, amor, libertad y poder en nuestra vida y en la de los demás. Este principio hace que todo el mundo re­sulte beneficiado.

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Comparado al estado de ánimo poco desarrollado de la víctima, que permite que las reacciones emocionales dirijan nuestra vida, el que proporciona nuestro paradigma, es un estado de ánimo adulto que permite obtener más y más maestría de nosotros mismos. Es un medio poderoso para acelerar nuestro proceso de evolución.

Según la Constitución de la Unesco, «Las guerras tienen su origen en el espíritu de los hombres, es en el espíritu de los hombres donde deben erigirse las defensas de la paz.» Com­prendemos fácilmente cómo el paradigma de responsabilidad puede facilitar la instalación de una nueva calidad de relacio­nes entre los seres humanos. La liberación de las emociones negativas y la plenitud del ser a nivel personal no pueden ha­cer otra cosa que acarrear consecuencias extremadamente positivas a nivel colectivo: social, nacional e internacional. Lo que ocurre fuera, en el mundo, no es más que el reflejo del estado de conciencia de la humanidad. Sólo mediante un cambio de la conciencia personal en primer lugar, que más tarde resultará colectivo naturalmente, podrán cambiar los acontecimientos exteriores. Cuando los seres humanos elijan paradigmas que les permitan vivir en paz con ellos mismos y con sus prójimos, tendremos la posibilidad de construir un mundo de comprensión, de ayuda mutua, de armonía, de be­lleza y de dicha, en el seno del cual reinará la paz entre los pueblos. El paradigma de responsabilidad-atracción-creación es uno de ellos.

Como este paradigma es relativamente nuevo en la conciencia colectiva, es muy importante que comprendamos bien todos sus aspectos.

Annie Marquier: El poder de elegir, cap. 11