Sintonización con el freile

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Sintonización con el freile

Al comunicarse entre sí, las personas se amoldan, en cierto grado, la una con la otra. Se tiene en cuenta el carácter, el temperamento, el nivel del intelecto, los modales, etcétera. Si la sintonización con el freile no resulta, no se llega a la comprensión mutua y la comunicación se reduce, simplemente, a llenar el aire con palabras. Sin sintonizarte con la frecuencia de tu partenaireno lograrás una comprensión recíproca.

El término «sintonización con la frecuencia del partenaire» tiene un carácter puramente convencional. Tú, por supuesto, compren­des que utilizo ese modelo simplificado sólo por razones de comodi­dad. Cómo ocurre exactamente la sintonización a nivel físico, para nosotros, en principio, no tiene importancia. La esencia consiste en que cada individuo tiene un conjunto característico e individual de parámetros de personalidad: el freile.

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Al establecer un estrecho contacto con alguien, practicas el Freiling: tu sintonización con los parámetros de esa persona. El éxito de la interacción depende directamente del acierto con que hayas podido captar la esencia del freile de tu partenaire. Eso no es tan complicado como pueda parecer. El requisito principal de una sintonización exitosa es prestar atención a tu interlocutor. Sin atención no se puede hablar de ninguna sintonización. Eso pare­ce ser muy obvio; sin embargo, como regla general, en cualquier conversación la gente se preocupa exclusivamente por sus propios pensamientos.

Cierta vez, un importante hombre de negocios dijo: «Todos quieren ofrecerme algo, pero nadie me pregunta qué es lo que yo necesito». La gente que trata de obtener algo de otros está concen­trada exclusivamente en sus propios problemas y en cómo solucio­narlos con ayuda de los demás. Eso es pura intención interior. Por el contrario, al pensar en lo que quiere la gente pones en marcha el mecanismo de la intención exterior.

¿Cómo vincular lo que quieres tú con lo que quiere el otro? Para eso, antes de nada, necesitas enfocar conscientemente tu atención en los intereses del otro. Redirige tu mirada interior a tu interlocutor. La persona se verá interesada por la contrapregunta sólo en el contexto de sus propios problemas y ambiciones. Tus pensamientos están concentrados en lo que quieres conseguir tú. Pero a los otros eso no les interesa en absoluto. ¿Acaso te importa lo que quieren los otros? Pues de la misma manera ellos piensan en sus inquietudes, y no les preocupan los deseos ajenos. Por tanto la única manera de encontrar un idioma común y comprensión mutua consiste en mantener la conversación dentro de los propios intereses de tu interlocutor. Sobre tu problema ya has pensado sufi­ciente. Ahora pasa tu atención a los intereses de tu partenaire. Basa la comunicación en el contexto de la intención de tu partenaire, y pon tu propio problema encima de ella.

Para sintonizarse con la frecuencia de tu interlocutor, antes de nada, es necesario escuchar con atención lo que él te quiere comunicar. Por supuesto, siempre que no pretendas imponerle tu tema y tu punto de vista. En un grupo de gente numeroso todos intentan decir algo, pero eso no significa nada, puesto que nadie escucha a nadie. Por supuesto, la gente puede fingir que está escuchando. Pero el 90 por 100 de su atención está ocupado en sus propios pensamientos. Para adquirir reputación de buen interlocutor, no es necesario que brilles con tu ingenio y erudición, te bastará con escuchar atentamente a tu partenaire.

Si alguien no se interesa en absoluto por ti, pero necesitas despertar su interés y participación, habla con él sobre lo que a él le interesa.Olvida por un tiempo lo que te interesa a ti. Es una frecuencia to­talmente distinta. Cámbiate a la frecuencia de tu partenaire. Ponte en su lugar. Al hacerlo comprenderás que es lo que mueve a esa persona, conocerás la razón por la que él actúa precisamente de ese modo, comprenderás su punto de vista. Cuando te sintonices con su frecuencia, podrás pasar suavemente a las cuestiones que te inte­resan a ti.

La primera y la más simple clave de la frecuencia de una persona es su nombre. No se puede ignorar el hecho de que, desde el nacimien­to mismo, el hombre está habituado a que le llamen por su nombre. Al conversar con él, utiliza su nombre con frecuencia y eso pro­ducirá su efecto. Llamar a una persona por su nombre sirve como una especie de contraseña que informa que vienes con intenciones amistosas y que reconoces la significación de esa persona.

Cada hombre, en uno u otro grado, mantiene siempre el cam­po de protección que defiende su significación. No podrás sinto­nizarte con la frecuencia de tu partenairesi él está rodeado por una pared protectora de oficialidad o desconfianza. A veces es posible eliminar este obstáculo con una desarmante espontaneidad. Si tú le das a entender que no mantienes campo de protección de tu significación y no tienes intención de atacar, tu partenairetambién bajará su pantalla protectora. Pero el método más eficaz para aca­bar con cualquier pared separadora es mostrar una sincera simpatía hacia esa persona.

Al tratar con la gente, si quieres caer simpático, hazle saber que te alegras de verla.No hace falta que expreses una exaltación perruna. Basta con sonreír, saludar con entusiasmo, llamar a la persona por su nombre, escucharla con atención. Pero si te portas como un pez de acuario, el trato contigo será equivalente.

Al comunicarte con alguien puedes entrar en resonancia con él, emitiendo energía en la frecuencia que le caracteriza. Cada persona tiene su frecuencia de resonancia: su «caballo de batalla». Es algo que especialmente le apasiona, que le interesa, algo de lo que se enorgullece.

El «caballo de batalla» de uno es la cuerda que suena en su frecuencia de resonancia. Si has logrado determinar su pasión, conversa con él sobre su pasión, que se desahogue con tu ayuda. Es el método más eficaz de establecer contacto. Al agarrar este hilo, podrás conquistar fácilmente la benevolencia de esa persona.

Puedes ganar fácilmente la simpatía de alguien, si le pides que te ayude a salir de una dificultad o que te haga un pequeño favor. Al pedir un favor a tu partenaire, renuncias a tu significación y elevas la de él. Se siente más significante si le das a entender que necesitas su ayuda y le brindas la oportunidad de manifestarse, de destacar su importancia.

De esa manera he trazado, los principios básicos del Freiling. Como has podido notar, la diferenciación entre relaciones por la intención y por el movimiento según la corriente tiene un carácter puramente convencional. Es posible analizar una comunicación que va a favor de la corriente desde el punto de vista de la comunicación según la intención y viceversa. Pero a fin de cuentas, todo eso es Freiling. Te sintonizas con la frecuencia de tu partenaire porque giras con él hacia un lado, actúas a favor de sus intereses y en una dirección común. Como resultado, obtienes de esa persona lo que nunca has sido capaz de conseguir con los métodos corrientes de la intención interior.

Vadim Zeland: Adelante al pasado, cap. II