Sueño

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Sueño

Un individuo maduro considera a los niños no inteligentes, porque los niños no encajan en su sueño. Por supuesto, tienes que enseñar a los niños cómo existir en su nuevo entorno. Pero entonces viene la inevitable paradoja: mientras mejor aprendes las reglas de conducta dentro de los estrechos límites del mundo físico, más decrece tu nivel de conciencia, lo que acarrea la pérdida de habilidad para influir en los acontecimientos y percibir el lado metafísico de la realidad.

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Los adultos se han convertido en prisioneros de sus propios juegos, y consiguientemente se han convertido también en prisioneros de las circunstancias, desde el momento en que empiezan a tratarlos seriamente y a sumergirse en los problemas. En contraste, un niño es el único dueño de su juego. Su nivel de conciencia es más alto porque está siempre consciente del hecho de que sólo es un juego. Sus niveles de importancia son bajos, porque entiende que sólo es un juego. Y él actúa desapegado, observando el juego como un espectador mientras él está jugando, porque una vez más, él está consciente del hecho de que es sólo un juego.

Para los adultos, jugar a juegos se ha acabado; la vida es una cosa seria. Esto es verdad por una parte, pero por otra, tal actitud convierte la existencia en un sueño inconsciente que tienes mientras estás dormido despierto. Una persona adulta es por supuesto consciente del hecho de que ahora mismo está despierta y no dormida. ¿Pero eso cambia algo? Después de todo, los deseos no se cumplen, los sueños no se hacen realidad – verdaderamente las peores expectativas se realizan, como en contra suya. La vida va al azar, y no del modo que tú quieres. Y es por eso que tú eres el dueño de tu realidad en un sueño consciente, pero si estás teniendo un sueño mientras estás dormido despierto, estás indefenso. Todo es relativo.

La capacidad de controlar los sueños se desarrolla como resultado de hacerte consciente de ti mismo en el sueño respecto a tu realidad actual. En esta etapa de conciencia, tú tienes un punto de apoyo – la realidad, a la que puedes volver después de despertar. La realidad, a su vez, es similar a un sueño inconsciente que tienes mientras duermes despierto – la vida ‘sucede’. Tú no recuerdas tus vidas pasadas y no tienes un punto de apoyo, respecto al cual podrías progresar al siguiente nivel de conciencia.

La realidad difiere de un sueño en que siempre retornas a ella. Para determinar si lo que experimentas es un sueño o es realidad, tienes que determinar tu punto de referencia, pues tanto sueño como realidad son relativos. Los sueños son relativamente irreales para la realidad. ¿Y la realidad para quién es relativamente irreal? ¿Dónde está el punto de referencia de la realidad?

Cuando mueres, vuelves a este punto de referencia inicial. Pero cada vez que naces, te olvidas de este punto de partida y te sumerges en un nuevo sueño – en otra vida. Si hubieras conseguido recordar quién eres tú realmente, te habrías dado cuenta de que puedes controlar este sueño tuyo que es tu vida. Esto es extremadamente difícil de hacer. La dificultad es que tendrías que sustituir la plantilla de tu visión del mundo. Esta es una especie de cliché que ha sido estampado en tu mente, y no hay modo de borrarla o cambiarla. Tú sólo puedes crear una nueva, añadirla, y para hacer eso tienes primero que liberar tu mente, arrancar de tu mente la anterior plantilla. La mente arranca ella misma su plantilla cuando está en un estado alterado, lo que sucede cuando duermes o usas agentes psicotrópicos.

En un estado normal de conciencia, el alma y la mente están sincrónicamente sintonizadas a un sector manifestado en el espacio de variantes. La mente observa la realidad material, como si mirara por una ventana. En un estado de intoxicación relacionado con alcohol – o droga –, la mente deja ir su control, la sincronía es interrumpida, y el alma se desvía a un área irrealizada en el espacio de variantes. Como resultado, aunque aún está en el mundo real, el individuo lo percibe de un modo completamente diferente, dependiendo del grado de desviación.

Hablando claramente, una persona borracha puede encontrar que su propia casa familiar o su calle parecen inusuales, del modo que a menudo ocurre. Exactamente del mismo modo, cuando estás despierto, tú también aprendes a controlar la dirección de tus pensamientos. Pero para hacer esto, tendrás al principio que obligarte sistemáticamente a mantenerte ‘despierto’, para que se convierta en un hábito.

Cuando recuerdas en la vida real que necesitas actuar desapegado, te vuelves consciente, esto es, sales del escenario y bajas al auditorio, o permaneces en el escenario como un espectador que actúa. Y esto es lo que constituye ese medio paso de conciencia, que es suficiente para permitirte implementar los demás principios del Transurfing, los más importante de los cuales, como puedes haber aprendido en uno de mis anteriores libros, son la disminución de los niveles de importancia, moverse con la corriente de las variantes, y la coordinación. Estos principios hacen posible para ti moverte en el laberinto de las situaciones de la vida, incluso con los ojos cerrados, evitando todo tipo de problema.

Para concluir el tema presente, hay una pregunta más que podríamos hacer: ¿si, en alguna parte en el espacio de variantes, hay un punto de apoyo antes de que renazcas en otra vida, respecto al cual nuestra vida puede considerarse un sueño, entonces qué marca el comienzo de este punto de origen? Evidentemente, Dios Omnipotente mismo. El alma de cualquier ser vivo es parte de Dios. Y cualquier vida es Su sueño. Podrías llegar a preguntar: ¿tiene Dios un punto de apoyo?

Dejemos que aquellos que alimentan esperanzas se rompan la cabeza con esta pregunta. Uno podría igual también hacer la pregunta: ¿hay algo más allá del universo visible? No sabemos, del mismo modo que las mariposas que recolectan néctar en África nunca descubren que América también existe y que crecen flores ahí también.

¿No es el mundo suficientemente glorioso? ¿Por qué pedir que nos den una explicación para todo? Podemos simplemente disfrutar de las flores a nuestro alcance.

Vadim Zeland: Gobernando la realidad, cap. 2