Sufrimiento

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Sufrimiento

La pérdida de lo que es valorado por el apego de la identificación deriva en una única respuesta dolorosa, emocional que aparece por primera vez en la evolución de la conciencia en el nivel de los animales superiores. El perro, el gato, la manada de lobos, y la familia de elefantes todos lloran la pérdida de un compañero, pareja o miembro del grupo. Esta vulnerabilidad es más grave en el niño, para quien la pérdida de la madre es fundamental y potencialmente mortal.

 

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Las pérdidas provocan reacciones fisiológicas y cambios en los neurotransmisores del cerebro. Hay una disminución en los niveles de serotonina del cerebro y una depresión del sistema inmunológico. Además, se da una disminución de la energía física, pérdida de apetito, y cambios en el patrón del sueño. La angustia, sin embargo, es principalmente emocional/mental, y cuando es grave, lleva a pensamientos de suicidio. Es como si hubieras perdido una parte irrecuperable de ti mismo y una fuente irreemplazable de la felicidad. El sufrimiento puede profundizar a una severa, depresión inmovilizante y amenazara la vida, requiriendo tratamiento profesional.

La mente se aferra a los pensamientos, recuerdos e imágenes de la persona perdida, objeto o condición. La base para el sufrimiento y la pérdida es el apego, que puede incluir cualquier cosa que sea valorada, como el estatus, la posición, la juventud, la autoridad, los bienes, la pertenencia al grupo, o incluso detalles de la configuración física o la apariencia.

La compensación a la pérdida del devoto espiritual es la comprensión de que la pérdida representa una oportunidad para una mayor libertad. Un apego es un lazo y una traba del ego. A pesar de renunciar inicialmente a sentimientos como el estrés emocional, se da el despertar de la conciencia de que las ataduras tendría que haber sido entregadas a Dios a su debido tiempo en el proceso de dejar ir la ilusión de que la fuente de la felicidad es externa. La verdadera fuente de felicidad y alegría es el Ser y no las identificaciones del ego/yo. A través de un examen minucioso, se encontrará que la satisfacción de los deseos sofoca la dolorosa sensación del ego de carencia, y en la quietud que sobreviene, está verdaderamente la felicidad del Ser que fue entonces experimentado, y no la adquisición del ego. El origen del placer no provino de las cosas, la acción o los acontecimientos en sí, sino del hecho, de que en la quietud de los sentimientos de malestar del ego, la presencia del Ser podría ser sentida.

Este es el mecanismo detrás de todas las ganancias del ego. El doloroso querer o clamor de los deseos del ego es silenciado y así el Ser interior es agradablemente experimentado. El error de la mente es que atribuye el origen de la sensación de felicidad “ahí fuera” en lugar de “aquí en el interior”.

El dolor de la pérdida no es tanto debido a la pérdida de la persona u objeto, sino al propio apego. El apego es una inversión de energía emocional. A su debido tiempo, se reinvierte en lo mismo o bien en un objeto sustituto, o más esperanzadamente, en la devoción a Dios.

David R. Hawkins: Yo, Realidad y Subjetividad, cap. 12

 

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