Nada es injusto ni inútil

3 201 900x600 - Nada es injusto ni inútil

Así, habiendo aceptado considerar que somos el origen de lo que nos sucede a fin de alimentar de una forma óptima nuestro proceso de evolución, sabemos que nada es injusto ni inútil, y esto nos crea una inmensa tranquilidad. Empezamos a entrar en contacto con el hecho de que el universo es per­fecto, y aprendemos a escuchar nuestra voz interior y confiar en el gran proceso universal de la evolución. Presentimos que nuestro universo no ha sido entregado al azar ni a las buena o malas intenciones de algunos individuos, sino que está some­tido a una dinámica energética, muy compleja por cierto, pero extremadamente rigurosa y justa. Podemos decir que: En este universo no hay justicia racional, sino una justicia absoluta. Y después, dormir con toda tranquilidad.

En este estado de ánimo no podemos verdaderamente ali­mentar remordimientos frente al pasado (si hubiera tenido unos padres más comprensivos…, si hubiera encontrado a Francisco antes de que se casara con Josefina…, si hubiera tenido más dinero…). Sabemos que cada situación es la adecuada para nuestro crecimiento, que cada acontecimiento se presenta a su tiempo, en función de nuestro estado de conciencia. Pero sabemos también que podemos transformar cada situación en algo mejor a partir de nuestras propias ac­ciones, de nuestras elecciones, de nuestra voluntad y de la apertura de nuestra propia conciencia.

Comunicarse verbalmente

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Uno participa en el mundo, pero no está involucrado o apegado a él. Puedes observar sin ser juez. El desapego requeriría el retiro del mundo, mientras que el no-apego permite la participación ya que no se participa de los resultados. El juego es entretenido, pero la faceta de “ganar” no tiene ninguna importancia.

Los traumas de la infancia

3 77 900x599 - Los traumas de la infancia

Nuestro Ello es inflexible pero muy paciente en el traba­jo de construcción de su herramienta de manifestación: la personalidad. Si, cuando nuestra conciencia se embarranca con la personalidad, no podemos o no queremos abrirnos al aprendizaje necesario para dar un paso adelante en nuestra evolución, el Ello nos presentará la misma experiencia una y otra vez. Si nos resistimos a lo que nos presenta, o si no estamos del todo dispuestos a asimilar la totalidad de la expe­riencia, no hay por qué inquietarse, se presentará de nuevo, hasta que lo que debe ser dominado, asimilado, integrado, lo sea por completo.

En resumen, reconocerse como el origen de todo lo que existe en nuestra vida no quiere decir ser capaz de explicar racionalmente lo que está ahí. Quiere decir reconocerse como que uno es el origen, eso es todo; sin ningún juicio de nosotros mismos, sin censura, confiando en nuestro Ello que nos guía, y en nuestra inteligencia y nuestro corazón que nos permiten avanzar con lo mejor de nuestros propios recursos, ni más ni menos. Y esta aceptación y esta no resis­tenciabastan para crear una dinámica acelerada de evolución.

Lo que llamamos muerte

3 268 - Lo que llamamos muerte

En cada momento de nuestra existencia, nos encontramos en un determinado estado energético que corresponde exactamente a nuestro estado de conciencia, estando éste en función de nuestro grado de evolución. Este estado energético de todos nuestros cuerpos atrae constante­mente las circunstancias, las personas y las situaciones que podrán hacer trabajar esta energía, en última instancia, siempre en función del plan de evolución.
El resultado será siempre el mismo, ya sea que lo conside­remos como un proceso energético o como un proceso en conciencia: atraemos hacia nosotros todas las circunstan­cias y experiencias de vida que necesitamos para que el tra­bajo de transformación se pueda llevar a cabo, y para que podamos acercarnos cada vez más a nuestra naturaleza divina.

Los cuerpos del ser humano

3 160 - Los cuerpos del ser humano

Nuestros estados energético y de conciencia están así ín­timamente ligados y son interdependientes. De hecho, son dos caras de la misma realidad. En particular, todo nuestro bagaje de experiencias pasadas está inscrito energéti­camente en nuestros diferentes cuerpos. Toda armonía o discordia, toda realización o toda limitación en conciencia se traducen por una vibración de cierto tipo.

Cuando tenemos que hacer un trabajo específico de con­ciencia en esta vida, éste se inscribe en alguna parte de nues­tro sistema energético: mental, astral, etéreo, físico. Este es­tado energético, esta vibración específica que llevamos en nosotros tendrá por efecto atraer vibratoriamente, en fun­ción del Plan de evolución, a las personas o situaciones que nos permitan trabajar sobre el desarrollo de esa cualidad, so­bre la manifestación de ese poder, sobre esa carencia o sobre la corrección de esa debilidad. Todo esto se inscribe energé­ticamente en nuestros diferentes cuerpos y actúa como un imán en el Campo de Energía Universal por el cual todos estamos vinculados.

El universo en un vasto complejo energético

3 158 - El universo en un vasto complejo energético

Lo mismo que el universo no está hecho sólo de materia o energía física, el ser humano tampoco está constituido única­mente de un cuerpo físico. Este cuerpo físico, hecho de mate­ria física, es efectivamente un cuerpo de materia-energía, vi­brando a una frecuencia bien determinada: la de la materia física. Pero tenemos otros cuerpos: un cuerpo etéreo, un cuerpo astral, un cuerpo mental, un cuerpo causal y otros más elevados todavía que se interpenetran, formados de «materia» que vibra a frecuencias cada vez más elevadas. Nuestro cuerpo hecho de materia física «flota», por decirlo de alguna ma­nera en nuestro cuerpo de materia etérea, flotando a su vez en nuestro cuerpo de materia astral, que flota en nuestro cuerpo de material mental, flotando finalmente en nuestro cuerpo de materia causal, y este último es el campo del Ello (a fin de sim­plificar no diferenciaremos aquí los cuerpos de sus emanacio­nes). Considerando el nivel de evolución medio actualmente alcanzado, podemos detenernos en este estado, de momento. Esos cuerpos tienen, sin ninguna duda, una interacción muy intensa entre ellos, el superior teniendo siempre la posibilidad de controlar al inferior.

Superar el ego

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El ego puede ser trascendido. Lo más importante no es la naturaleza del ego, sino el problema de la identificación con él como “mío”, el “Yo”, o “yo mismo”.

El ego fue heredado como un “ello”, y es realmente un “ello” impersonal. El problema surge porque te personalizas e identificas con ello. Ese “ello” de la estructura del ego no es único o individual, y es relativamente similar, con variaciones kármica, en cada uno. Lo que realmente varía de un individuo a otro es el grado en el que esté esclavizado por sus programas. El grado de dominio está por tanto determinado por el grado en que uno se identifica con él. En sí mismo, no tiene poder, y el poder de declinar los programas del ego aumenta de manera exponencial a medida que uno progresa espiritualmente. Ese es el verdadero significado de la Escala de Conciencia.

El amor no es pensamiento

3 120 900x531 - El amor no es pensamiento

El pensamiento sostiene y nutre la conciencia. El contenido de la conciencia es el movimiento del pensar, que jamás se detiene, los deseos, los conflictos, los temores, la persecución de placeres, la pena, la soledad, el dolor. El amor, la compasión con su incorruptible inteligencia, está más allá de esta conciencia limitada, la que no puede dividirse en superior o inferior, porque lo alto o lo bajo sigue siendo conciencia, siempre ruidosa, siempre parloteando. La conciencia es toda tiempo, medida, espacio, porque nace del pensamiento. El pensamiento no puede, en ninguna circunstancia, ser total; puede especular acerca de lo total y complacerse en su verbalización y en la experiencia que ésta le proporciona, pero el pensamiento no puede jamás percibir la belleza, la inmensidad de lo total.

Aprendizaje por experiencia directa

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El aprendizaje por experiencia directa lo presentaremos con sencillez expresamente, sabiendo que todo esto pasa a nivel energético y en una conciencia su­perior y no a nivel mental, como las palabras utilizadas po­drían dejar entrever. Pero como, según la ley de las corres­pondencias, «lo que está arriba es como lo que está abajo», podemos utilizar unas imágenes propias de nuestro mundo para ilustrar lo que pasa a otro nivel.