Tradicionalmente, hay dos caminos hacia la realización del Ser. El camino del conocimiento y el del corazón. Son muy diferentes, pero ambos conducen a la misma verdad. El camino del conocimiento lleva a un momento de entendimiento, cuando te das cuenta de que la estructura “mi vida” que has estado construyendo durante muchos años, no existe, que siempre fue una ilusión.
El camino del corazón ―devoción― conduce a la verdad a través de la entrega. Constantemente entregas a la existencia todo lo que conoces como “yo”. Constantemente lo arrojas todo al fuego. Por este camino llegas a la misma verdad. Debido a muchas pequeñas renuncias, este gran “yo”, la ilusión, se consume en el fuego y, en ese momento, deja de existir. Por ambos caminos se descubre que el ego, el falso ser, no existe. Los dos conducen a la muerte absoluta del “yo”.
Habitar el mundo de los despiertos, el mundo único en común del que nos habla Heráclito, solo es posible en la medida en que haya en nosotros algo superior y más originario que nuestros juicios, impulsos y pasiones; una instancia ontológica que nos permite tomar distancia con respecto a ellos, discernir su naturaleza y despertar del sueño en el que vivimos cuando confundimos nuestro particular sistema de creencias y las conductas estructuradas en torno a él con nuestra identidad ―es decir, nuestro mundo subjetivo con la realidad―; una dimensión que posibilite que no seamos zarandeados como marionetas por nuestros condicionamientos, por nuestras representaciones no examinadas y por los impulsos que se derivan del asentimiento a ellas.
Uno sigue tratando de encontrar un modo. Entonces está de vuelta en la trampa. Señores, hemos dicho: “No sé”. Nuestras mentes están confusas y, desde esa confusión, buscamos a los sacerdotes, a los psicólogos, a los políticos. La confusión crea más confusión. ¿Por qué no decimos: “Muy bien, estoy confuso, no actuaré”? Por supuesto, iré a la oficina, continuaré con las actividades de todos los días pero no actuaré para nada sobre mi confusión psicológica, porque veo que cualquier cosa que haga creará más confusión. Por lo tanto, psicológicamente no me moveré en absoluto. Cualquier movimiento conduce a una trampa. ¿Pueden, pues, no hacer nada psicológicamente respecto de la trampa?
Si uno no hace nada en relación con la trampa, está libre de ella. Es sólo la incesante actividad de hacer algo respecto de la trampa la que los mantiene en ella. Cuando vean que es así, se detendrán, ¿no es cierto? Cesará toda actividad al respecto. ¿Y qué es lo que eso significa? Significa que están dispuestos a morir psicológicamente. De modo que cuando no saben, y es realmente eso lo que quieren decir, están fuera de la trampa, porque el pasado ha llegado a su fin. Es cuando dicen continuamente: “Miro, pregunto, debo saber”, que el pasado sigue y sigue repitiéndose a sí mismo.
Hay una gran diferencia entre el darse cuenta y las palabras. Una vez que usted se dio cuenta de algo, sabe que es cierto. Entonces, no deberá olvidarlo. La cuestión principal deberá ser cómo despertar. Darse cuenta que está dormido, que todos están dormidos. Entonces, darse cuenta que la única salida es despertar. Es necesario concentrarse en un solo hecho: el sueño y la posibilidad de despertar. Si piensa en eso y lo siente, entonces aparece la oportunidad. Hasta que llegue a darse cuenta de esto, no hay oportunidad realmente. Usted puede charlar sobre este sistema, sobre palabras, hidrógenos, cosmos y todo lo demás, del mismo modo que charla sobre otras cosas, y no sucederá nada.
El vivir no está separado del aprender, y en esto hay una gran belleza. Porque, después de todo, el amor es eso. El amor es compasión, pasión, pasión por todo. Cuando hay amor no existe el observador, no hay dualidad, la dualidad del “tú” que me amas “a mí” y del “yo” que te amo “a ti”. Sólo hay amor, ya sea amor por uno solo o por mil; sólo existe el amor.
Cuando hay amor, usted no puede obrar mal, haga lo que haga. Pero nosotros tratamos de hacerlo todo sin amor –viajes a la luna, los maravillosos descubrimientos científicos– y, por lo tanto, todo sale mal. El amor sólo puede existir cuando no existe el observador. O sea, que cuando la mente no está dividida en sí misma como uno que observa y lo observado, sólo entonces existe esa cualidad del amor. Cuando usted tiene eso, eso es lo Supremo.
El centro permanente de gravedad llega en cierto momento en relación con el trabajo, cuando uno ya está seguro de lo que está haciendo, y seguro del sistema, y cuando esto se vuelve más importante que todo lo demás, cuando ocupa el lugar principal en la propia vida. Este es el momento en el que se establece el centro permanente de gravedad. Pero cuando uno se interesa por las ideas del sistema, y sin embargo en cualquier momento alguna otra cosa puede volverse más importante, esto significa que uno no tiene centro de gravedad.