Todo del modo que yo quiero

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Todo del modo que yo quiero

Cada uno de nosotros se esfuerza por tener ‘todo del modo que yo quiero’. Tratamos de aplicar este principio sin complicación al mundo: donde yo hago un giro, ahí es a donde iré, donde yo empujo más fuerte, ahí es donde cederá. Pero por alguna razón el mundo no quiere someterse. Más aún, cuando hacemos un giro hacia un lado, somos arrastrados en una dirección completamente diferente.

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Necesitamos parar y pensar: si la realidad se comporta tan extrañamente, entonces se requiere un acercamiento diferente. ¿Quizás la realidad está sujeta a leyes completamente diferentes? Pero la mayoría de la gente no quiere parar y echar un vistazo alrededor. Continúan pegados obstinadamente a sus armas.

Como resultado de esta ‘creatividad’, se crea una capa del mundo donde ‘todo no es del modo que lo quería’. En cambio es bastante lo opuesto: muchas cosas suceden exactamente ‘del modo que yo no quiero’. Es una especie de extraña, caprichosa y tozuda realidad.

A menudo tienes la sensación de que el mundo se comporta como en contra. Es como si los sucesos desafortunados fueran atraídos hacia ti por una fuerza inexplicable. Tus aprehensiones y peores expectativas se hacen realidad. Eres constantemente perseguido por las cosas a las que sientes aversión y tratas de evitar. ¿Por qué ocurre esto?

Si odias o temes algo con todo tu corazón, entonces la intención externa lo traerá en abundancia.

La energía de los pensamientos que llegan a ser en la unidad de cuerpo y mente materializa una posibilidad potencial en realidad. En otras palabras, el sector en el espacio de las variantes que corresponde a los parámetros de tu emisión de pensamiento se materializa si los sentimientos del alma están en unidad con los pensamientos de la mente.

Todo se vuelve bueno y suave si te mueves con el flujo de las variantes, sin salir del equilibrio. A la naturaleza no le gusta gastar energía en vano y no es propensa a conspirar contra los seres humanos.

Las circunstancias y sucesos desfavorables tienen lugar como resultado de potenciales excesivos que introducen distorsión en el cuadro energético circundante, mientras las relaciones de dependencia sólo empeoran las cosas.

Los potenciales excesivos ocurren cuando tú adjudicas una importancia excesiva a ciertas características, mientras las relaciones de dependencia se desarrollan entre los individuos cuando ellos empiezan a compararse y contrastarse unos con otros y empiezan a sentar reglas tales como: ‘si tú haces esto, entonces yo haré eso’.

Un potencial excesivo por sí mismo no es demasiado horrible, mientras la afirmación distorsionada exista independientemente, por sí misma. Pero tan pronto como la estimación artificialmente inflada de un objeto es puesta en comparación con otro objeto, obtienes una polarización, que da origen al viento de las fuerzas equilibrantes.

He aquí potenciales construidos sobre relaciones de dependencia: yo te amo a condición de que tú me ames; yo me amo porque estoy por encima de todos los demás; tú eres malo porque yo soy mejor; yo soy bueno porque tú eres malo; no me gusto porque soy peor que todos los demás; tú me disgustas porque no eres como yo.

Las apreciaciones basadas en la comparación dan lugar a polarización. Las fuerzas equilibrantes eliminan esta separación contraponiendo a los opuestos, del mismo modo que los polos opuestos de dos imanes son atraídos uno hacia otro.

La tendencia es creada por el viento de las fuerzas equilibrantes, que sopla en la dirección de tu aversión. La dirección del viento es determinada por este principio de ‘juego sucio’: Todo lo que no te gusta estará contigo.

Hay una particular ley de la mala suerte. Un asunto o un rasgo al que uno atribuye especial importancia atrae objetos con cualidades opuestas.

Todo lo que tienes que hacer es implantar la principal regla del Transurfing: Déjate ser tú, y deja a una persona diferente ser diferente. Tienes que dar al mundo rienda suelta. Aligera tu agarre.

Cuanto más insistes en tus deseos y quejas, más fuerte atrae el imán todo lo que es opuesto. Esto es literalmente lo que sucede: tú coges al mundo por el cuello, mientras él te contrarresta, tratando de liberarse.

Es inútil tratar de empujar e insistir – la situación sólo empeorará. En su lugar, tienes que hacer un cambio consciente en tu actitud hacia la situación, de conformidad con la regla del Transurfing.

Por ejemplo, intenta, al menos por un rato, sacar a los vecinos de tu mente: deja de juzgarlos, haz como si ellos simplemente no existieran. Dite a ti mismo: ‘¡Al infierno con ellos!’ Simplemente échalos fuera de la capa de tu mundo.

Tan pronto como consigas arrancar la ventosa de tu actitud hacia tus vecinos, la polarización desaparecerá, y tus vecinos dejarán de molestarte completamente. Más aún, si consigues romper tu relación de dependencia, algo incomprensible podría suceder: esa gente desagradable se convertirán en tus mejores amigos.

Vadim Zeland: Gobernando la realidad, cap. I