Vergüenza

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Vergüenza

Ser aislado o rechazado por la sociedad o la familia es temido por la gente “normal”. La conciencia de una persona psicológicamente intacta se convierte en la interiorizada (introyección) de las normas de conducta de los padres y la sociedad. Esto es ampliado al juicio interior del propio valor como lo deseable y de nuevo proyectado sobre Dios como juez supremo.

 

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El sentido del yo se contrae con la desaprobación y se expande de su aprobación. La vergüenza puede ser experimentada como disgusto o incomodidad y por tanto tiene una base social más amplia que la culpa, que tiende a ser más localizada o intrapsíquica. La vergüenza deriva en una baja autoestima, y el ego la trata de ocultar o evita a los demás. La vergüenza puede ser social en origen y se relaciona con características generales, tales como la edad, el sexo, el color, el origen étnico, la clase social, la situación económica, la inteligencia, la apariencia personal, el color del pelo, la estatura, la afiliación religiosa, etc. Puede ser dolorosa en los adultos jóvenes que sienten vergüenza por el peso o el aspecto y los rasgos corporales. En algunos casos, el grado de fijación alcanza proporciones delirantes y patológicos.

Para deshacer la vergüenza, es útil tener en cuenta que se basa en el orgullo. La pérdida de estatus es dolorosa en la medida en que el ego confía en el orgullo como un apoyo a la autoestima. Si no fuera por el orgullo narcisista, un error o retroalimentación negativa sería experimentado sólo como un arrepentimiento y atribuido a la fragilidad humana y la falibilidad. Los errores nos ayudan a mantener la humildad.

La pérdida de lo que ha sido valorado puede llevar al remordimiento, el dolor, la tristeza, el luto, el duelo y la soledad. La pérdida se deriva del apego, así como de la ilusión de que el objeto personal o estatus era una fuente de felicidad “ahí fuera”.

Una fuente de pesar y pérdida es la expectativa poco realista del yo y los demás. Nada en el mundo de la forma es permanente. Al final, todo ha de ser entregado a la voluntad de Dios. Para tener éxito en la entrega, es necesario tener en cuenta que la voluntad de Dios no se personaliza para adaptarse a los deseos individuales. La voluntad de Dios es en realidad el diseño kármico de todo el universo. Entregarse a la voluntad de Dios es entregarse a la verdad que no es otra cosa que la Realidad Última permanente. Todo lo que surge en la forma pasa. Una pérdida es una oportunidad para liberarse de un apego.

 La pérdida representa un aferrarse al pasado y el sustituir los recuerdos por la consciencia de la Realidad. En ningún simple instante existe ya más la pérdida o la ganancia, ambas surgen de construir la historia de la propia vida.

David R. Hawkins: Yo, Realidad y Subjetividad, cap. 12

 

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