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Tradicionalmente, hay dos caminos hacia la realización del Ser. El camino del conocimiento y el del corazón. Son muy diferentes, pero ambos conducen a la misma verdad. El camino del conocimiento lleva a un momento de entendimiento, cuando te das cuenta de que la estructura “mi vida” que has estado construyendo durante muchos años, no existe, que siempre fue una ilusión.

El camino del corazón ―devoción― conduce a la verdad a través de la entrega. Constantemente entregas a la existencia todo lo que conoces como “yo”. Constantemente lo arrojas todo al fuego. Por este camino llegas a la misma verdad. Debido a muchas pequeñas renuncias, este gran “yo”, la ilusión, se consume en el fuego y, en ese momento, deja de existir. Por ambos caminos se descubre que el ego, el falso ser, no existe. Los dos conducen a la muerte absoluta del “yo”.

El Camino del Corazón

Cuando te bajas de un avión en la India, notas que el aire está empapado de devoción. Cuando pasas por los pueblos y las ciudades o cuando caminas por algún lugar, puedes sentir la devoción. Flota en el ambiente. Donde quiera que vayas, encuentras algún destello: templos, pequeños altares, ofrendas, guirnaldas en el cuello de una vaca. Estos signos de devoción están por todas partes.

Pero la devoción no se encuentra en el exterior. No se trata del altar o de la guirnalda. Se trata de lo que sucede dentro de ti. Esta es una parte importante de mi trabajo; observar cómo se abre el corazón y cómo se puede expresar a través de las ofrendas. Cuando enviamos una plegaria, lo que los indios llaman puja, o hacemos una ofrenda de flores o de incienso a los dioses, algo sucede en nuestro interior. Es lo mismo que pasa en Occidente cuando rezamos de forma sincera.

Es entrega. Es renunciar al “yo”. Es una deconstrucción o disolución del ego. Es la disolución de ese que sabe, de ese que juzga, de ese que hace algo. Entrega o devoción significa una renuncia sincera, una ofrenda a Dios. Dios está en todas partes y Dios es todo; Dios eres tú también. Es rendirse a cada momento que aparece.

Se trata de renunciar al conocedor y a todo lo que crees que sabes. Puede asustar. Puede provocar terror. La entrega solamente funciona cuando existe una confianza total. En Occidente nos resulta difícil confiar en algo o en alguien. Solo nos fiamos de nuestra “historia”, lo que es una verdadera lástima. El camino del corazón trata de apertura. Cuando vives en ese espacio, puedes sentir lo fácil que es confiar y entregarse. Cuando conoces a alguien con un corazón muy abierto, o que vive desde el corazón, tienes la sensación de que esa persona está consigo misma y vibra con energía. Hay mucha alegría, diversión, espontaneidad y humor. Cuando tienes confianza, todo tu ser se abre a la vida. Estás disponible.

Podemos sentirlo cuando cantamos mantras tradicionales hindúes. Poseen una particular energía y han sido creados para abrir los sistemas energéticos del cuerpo. Cuando cantas estos mantras, puedes sentir una apertura y, si pones toda tu energía en ello, algo formidable pasa. Cantando el mismo mantra una y otra vez, durante horas y horas, sin motivo, llegas a desaparecer. Ya no estás. No hay nadie en casa. Este es un momento maravilloso de ebriedad divina. La entrega sucede.

Por entrega me refiero a aceptar el momento como es, a decir sí al momento. Si no te entregas, estás diciendo sí al ser falso. Estás diciendo sí al “yo”. “Yo he decidido no aceptar lo que está pasando.” ¿Quién es este “yo” que está decidiendo? Es, por supuesto, el ser falso. Es la parte de la mente que tiene ideas. Hacemos esto todo el tiempo sin darnos cuenta de lo que estamos eligiendo. Cuando no aceptas el momento como es, estás dando poder al ser falso.

Se necesita una consciencia minuciosa porque siempre existe la posibilidad de quedar atrapado en el “yo”. Cuando nos atrapa, nos empujamos nosotros mismos de vuelta al ser falso. En realidad, no puedes decidir rendirte, pero puedes vivir una vida de entrega. Puedes viir con un sí abierto, y, cuando hay un sí abierto, hay aceptación.

Además de entrega, se necesita confianza. Ambos van unidos. A medida que confías más, la entrega se hace más total; y cuanto más te entregas, más fácil es confiar.

No puedes experimentar amor a menos que seas capaz de abrir tu razón y confiar. Todos hemos tenido momentos en que el corazón está abierto y se ha vuelto a cerrar porque ha aparecido algún dolor y entonces nos montamos alguna historia sobre el amor, sobre el corazón abierto. Resulta que no somos tan confiados. Y el amor trata de confianza.

Un escalador resbala y cae por un precipicio; en el último momento, consigue agarrarse a una rama y se queda colgando.
“¡Socorro! ¿Hay alguien ahí?”, grita.
Una voz majestuosa retumba por el desfiladero: “Te ayudaré hijo mío, pero primero tienes que tener fe en mí”.
“¡Sí, sí, confío en ti!”, grita el hombre.
“Suelta la rama”, truena la voz.
Después de un largo silencio, el hombre grita de nuevo, “¿Hay alguien más ahí arriba con quién pueda hablar?”.

Para confiar, es fundamental la aceptación de lo que es, incluso aunque pienses, por la razón que sea, por el juicio que sea, por la idea que sea, que no te gusta. Esto parece muy fastidioso y provocador, pero tiene un efecto enorme. Si de manera continua abandonas tus aspiraciones personales, hallarás que todos tus juicios, ideas, deseos y comparaciones empiezan a desaparecer y te sientes más cerca del Ser, más cerca de la existencia, más cerca de tu propia esencia. Es así como sucede. Mientras estás ocupado “haciendo lo correcto” con tu “yo” personal, te mantienes apartado; estás creando separación.

Servir es una manera magnífica de abrir el corazón, de abandonar los anhelos personales y de desaparecer en el Ser. Por ejemplo, dar sin ningún motivo y sin esperar nada a cambio. En los ashrams y en los monasterios, los monjes y los ayudantes están todos sirviendo. ¿A qué sirven? ¿A quién sirven? Podríamos decir que a la existencia y al trabajo divino.

Fregar los platos en la cocina obviamente no te aporta nada. Quiá acabes un poco cansado, pero si continuas fregando, te darás cuenta de que, al final, algo sucede. Con este sencillo servicio todo el sistema energético puede abrirse. El corazón se abre y el ego, este “yo” separado, comienza a disolverse y a desmontarse.

El verdadero servicio surge del corazón junto con la compasión y la humildad. Cuando sirves de una manera sincera, obtienes el beneficio de un corazón abierto.

Observa lo que sucede en tu vida y busca maneras de servir a otros cuando se tercie. Dar, abrirá tu corazón y permitirá que surja la confianza.

John David.