La proyección refuerza tu creencia de que tu propia mente está dividida, creencia ésta cuyo único propósito es mantener vigente la separación. La proyección no es más que un mecanismo del ego para hacerte sentir diferente de tus hermanos y separado de ellos. El ego justifica esto basándose en el hecho de que ello te hace parecer «mejor» que tus hermanos, y de esta manera empaña tu igualdad con ellos todavía más. La proyección y el ataque están inevitablemente relacionados, ya que la proyección es siempre un medio para justificar el ataque. Sin proyección no puede haber ira.
No busques el amor, no busques la luz; sé tú mismo esa luz, ofrécela. La alegría que proviene de amar a otro es infinitamente mayor que la que proviene de buscar el amor de otro o aferrarte temerosamente a él, porque muy en el fondo sabes perfectamente bien que es una ilusión, que aquello que siempre has anhelado jamás puede provenir de fuera de ti. Tú eres el Uno; siempre has sido el Uno.
Todas las imperfecciones adquiridas son defectos de la mente de uno, no de su alma. Sin embargo, éste un tema tan grande y complicado que merece un libro entero aparte. Aquí sólo señalamos que enemistarse consigo mismo es muy desventajoso. El alma se encerrará en sí, la mente «cantará victoria» y, como consecuencia, puede ocurrir un desacuerdo total en la vida de una persona. Para no tener que recurrir después a la ayuda de un psicoanalista, antes de nada relájate y perdónate todas tus imperfecciones. Si de momento no eres capaz de amarte, al menos, desiste de luchar contra ti mismo y acéptate tal cual eres. Sólo en este caso el alma se convertirá en un aliado de la mente. Y es un aliado muy poderoso.
Muchas personas con las que hablo en todo el mundo parecen tan golpeadas y atadas por su propio abuso interno que la libertad interior se les escapa. Sin embargo, la salida es bastante simple, aunque a menudo extremadamente desafiante. Significa decir «no» a la voz totalitaria en nuestras cabezas y «sí» a la posibilidad de ecuanimidad interna. «Sí» a la inclusión. Te sugiero que simplemente abras tu mente y permitas que tu vida sea utilizada por la fuerza que está viva en tu corazón.
Me gustaba lamentarme y llorar mucho. Tenía buenas razones para sentirme víctima. Soy indio y a los indios los tratan como a perros. Nada podía yo hacer para remediarlo, de modo que sólo me quedaba mi dolor. Pero entonces mi buena suerte me salvó y alguien me enseñó a cazar. Y me di cuenta de que la forma como vivía no valía la pena de vivirse… así que la cambie.
A la mente no le interesa el Misterio, porque el Misterio no puede ser un objeto cognoscible ya que es justamente de donde brotan todos los objetos cognoscibles —es la vacuidad que origina toda forma de vida y sin la cual nada puede existir. Da igual que lo llames Tao, Dios, Espíritu, Conciencia, Vida, que no lo llames de ningún modo o que niegues su existencia —esa negación no es más que Ello negándose a Sí mismo.