Explicaciones racionales

Explicaciones racionales

No es necesario comprender las explicaciones racionales de las situaciones que se nos presentan en la vida para integrarlas en nuestro aprendizaje. Ciertos aspectos de este aprendizaje pueden integrarse a partir de tomas de conciencia a nivel mental, mientras que otras experiencias se integran directamente a niveles más profundos y sutiles. Las expe­riencias seimprimen en la conciencia desde el subconsciente, el inconsciente y el supraconsciente, y son tratadas allí en función de nuestro nivel de evolución.

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No todo puede pasar por la comprensión mental ordi­naria, y forzosamente debe ser así. Intentar racionalizarlo todo es un intento desesperado de la parte racional y automática de la mente de recuperar el principio de responsabi­lidad y traerlo al nivel de la comprensión lineal. Esta parte de la mente, por supuesto muy útil, es a pesar de todo un instrumento de comprensión limitado. Si trabajamos para ensanchar los puntos de vista, seguro que es para compren­der mejor, o más bien aceptar, mentalmente; pero también y sobre todo para liberar la estructura mental de su anquilosamiento y abrir la puerta a un tipo de comprensión y de percepción consciente más amplio, más sutil y más direc­to. Es el tipo de conocimiento salido del Ello, lo que llama­mos a veces «intuición». Tomamos esta palabra en el senti­do más elevado del término y no en el sentido habitual que sobreentiende una percepción vaga, emotiva, e incluso poco realista. La verdadera intuición es una capacidad de comprensión superior, no lineal, que incluye a la comprensión intelectual estrictamente «racional» y la sobrepasa. A nivel de la verdadera intuición, la comprensión es efectivamente más clara, más rigurosa y más precisa. Las personas que lla­mamos genios en todos los campos de la razón, ya sea el científico, el artístico u otro, tienen un acceso más fácil a ese tipo de conocimiento. No obstante eso es accesible a todo ser humano en un momento dado o en cualquier momento, puesto que todos estamos dotados al mismo aparato de manifestación. Basta con saber utilizarlo.

En efecto, este proceso de aprendizaje a través de las ex­periencias de la vida no se hace, o se hace muy poco, a nivel mental consciente durante un largo tiempo de la evolución. Es sólo a partir del momento en que el ser humano elige hacer un trabajo libre y voluntario sobre sí mismo cuando las tomas de conciencia, a nivel de la conciencia ordinaria, resul­tan más significativas y más rápidas. Entonces, la dinámica interior de las cosas se manifiesta a la conciencia más rotundamente a fin de dar la posibilidad al ser humano de elegir de una forma más consciente a nivel de la personalidad. A pesar de todo, es un proceso lento, y en el estadio actual de evolu­ción del ser humano medio, existen aún muy pocos procesos de una existencia que puedan ser comprendidos verdadera­mente en su totalidad. Esos procesos se manifiestan global­mente en un espacio multidimensional, mientras que nuestra conciencia ordinaria solamente puede aprehender las expe­riencias en el espacio-tiempo de cuatro dimensiones.

La apertura de espíritu que da el contexto de responsabi­lidad es suficiente por sí misma para que en un momento dado o en otro, realicemos e integremos naturalmente, y no forzosamente por un proceso mental consciente, lo que de­bíamos aprender o asimilar en nuestra conciencia más pro­funda. Si no somos capaces de mentalizar instantáneamente el aprendizaje propuesto, por lo menos sí permanecemos abiertos a él y cesamos de resistir a lo que está ahí. Eso es suficiente. Pasar el tiempo intentando explicar todos los por­qués de nuestra vida, sin disponer verdaderamente de los medios de hacerlo, es una tarea perdida de antemano porque la «lógica» de nuestro proceso de evolución no puede ser verdaderamente captada con la ayuda de la conciencia ordi­naria. A medida que nuestra conciencia se ensancha, todo resulta más claro y más coherente, aunque sólo podamos avanzar paso a paso.

Por lo tanto, pueden pasar años y años, incluso a veces varias vidas, antes de que podamos comprender consciente­mente por qué tal acontecimiento se nos presentó en un mo­mento preciso de nuestra vida. No obstante el aprendizaje puede haberse hecho de una forma orgánica desde mucho tiempo atrás a un nivel más profundo del ser, en todas sus di­mensiones.

Ni que decir tiene que cuanto más avanzado está en con­ciencia un ser humano, más dispuesto está a comprender y

«captar» la significación profunda de los acontecimientos de su vida, lo que le permite con mayor facilidad no resistirse a ella y utilizar las circunstancias en su totalidad para su propio cre­cimiento. Se trata, en definitiva, de una dinámica positiva que se acelera con el paso del tiempo y que implica mucho más co­nocimiento y más control.

Sin embargo dependiendo del grado alcanzado en nues­tro proceso evolutivo, el aprendizaje y el crecimiento globa­les serán facilitados y acelerados con fuerza en la medida en que la experiencia se ha vivido asumiendo «responsabilidad» en el sentido del principio de responsabilidad-atracción-creación. No es necesario comprender todas las razones de ser de una situación dada para elegir cesar de resistir a ella y utilizarla al máximo de nuestras posibilidades. El interés del contexto de responsabilidad reside en esto, precisamente, y no en un sistema explicativo cualquiera. El hecho de no re­sistir a «lo que está ahí», a lo que la vida nos propone, permi­te obrar más eficazmente y facilita una integración mucho más rápida de lo que la vida quiere enseñarnos. Este contexto acelera nuestro proceso de evolución, es decir nos acerca cada vez más a nuestra capacidad de ser felices y libres.

Por consiguiente este aprendizaje puede integrarse en nuestro ser sin que sea necesario hacer un proceso intelectual para ello, sin que sea necesario disecar y analizar la totalidad de la experiencia. Nada impedirá a nuestro intelecto, eventualmente, hacer un análisis consciente y brillante un día, ya que la energía de integración vendrá de la parte más profunda de nosotros mismos.

El impulso del amor incondicional llega de la manifestación profunda del ser y no desde una simple comprensión intelectual. Es lo que acostumbra a suceder más a menudo. La comprensión del proceso llega después.

En un contexto más cotidiano y menos global, en casos relativamente simples, podemos observar cómo somos capa­ces de «atraer» o «crear» ciertos acontecimientos. Es lo que ocurre cuando somos dirigidos por nuestra mente emocional programada de antemano.

Annie Marquier: El poder de elegir, cap. 9