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Mover el punto de encaje

– Don Juan definió la importancia personal como la fuerza generada por la imagen de sí. Reiteró que es esa fuerza la que mantiene el punto de encaje fijo donde está al presente. Por ese motivo, la meta de todo cuanto hacen los brujos es el destronar la importancia personal.

Explicó que los brujos habían desenmascarado a la importancia personal, encontrando que es, en realidad, la compasión por sí mismo disfrazada.

– Para el brujo el no tener compasión no es el ser cruel. El no tener compasión es la cordura, lo opuesto a la compasión por sí mismo y la importancia personal.

– Dijo que si cualquier ser humano llevara a cabo una serie de acciones específicas y sencillas, podía aprender a llamar al espíritu a que mueva su punto de encaje.

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– En el mundo de los brujos sólo hay contradicciones de términos. En la práctica no hay contradicciones.

– He insistido hasta el cansancio en que no hay procedimientos en la brujería. No hay métodos ni pasos. Lo único que importa es el descenso del espíritu y el movimiento del punto de encaje y no hay procedimiento que pueda causarlo. Es un efecto que sucede por sí solo.

Había dicho que detener el mundo consiste en introducir un elemento disonante en la trama de la conducta cotidiana, con el propósito de detener lo que habitualmente es un fluir ininterrumpido de acontecimientos comunes; acontecimientos que están catalogados en nuestra mente por la razón. Me había dicho también que el elemento disonante se llama no-hacer, o lo opuesto de hacer. Hacer es cualquier cosa que forma parte de un todo del cual podemos dar cuenta cognoscitivamente. No-hacer es el elemento que no forma parte de ese todo conocido.

– En una lucha a vida o muerte, no se siente dolor; si acaso sientes algo, es exaltación.

En el mundo de la vida cotidiana, nuestra palabra o nuestras decisiones se pueden cancelar con mucha facilidad.

Lo único irrevocable en nuestro mundo es la muerte.  En el mundo de los brujos, por el contrario, la muerte normal puede recibir una contraorden, pero no la palabra o las decisiones de un brujo, las cuales no se pueden cambiar ni revisar. Una vez tomadas, valen para siempre.

– Un momento de regocijo es suficiente para mover nuestro punto de encaje. Así también un momento de miedo, de dolor, de cólera, o de pesadumbre.

– No eres una persona religiosa y eres por contra curioso. Lo único que podría detenerte ahora es la cobardía.

– Para enfrentarnos con el intento, necesitamos abandono y frialdad y, sobre todo, audacia.

– Una fiebre alta puede mover el punto de encaje. El hambre o el miedo o el amor o el odio también pueden hacerlo. Lo mismo el misticismo o el intento inflexible, el método preferido de los brujos.

– Un intento inflexible es una especie de determinación; una firmeza, un propósito muy bien definido que no puede ser anulado por deseos o intereses en conflicto.

– El tercer punto de referencia es la libertad de la percepción; es el salto mortal del pensamiento a lo milagroso; es el acto de extendernos más allá de nuestros límites para tocar lo inconcebible.

– Todo había ocurrido con tanta facilidad que ni notó los cambios en él mismo, el más notable de los cuales era cierto sentido de desprendimiento, de desinterés.

– El sonido y el significado de las palabras son de suprema importancia para los acechantes. Ellos usan las palabras como llaves que abren cualquier cosa que esté cerrada. Los acechantes, por lo tanto, deben declarar su objetivo antes de tratar de lograrlo. Pero no pueden revelarlo así desde un principio; deben decirlo cuidadosamente y esconderlo entre las palabras.

Carlos Castaneda: El conocimiento silencioso