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3 formas de transformar tus emociones

En la raíz de nuestro sufrimiento están las emociones destructivas que el budismo llama kleshas o venenos. En este extracto exclusivo de su nuevo libro, Pema Chödrön nos enseña una práctica de tres pasos para transformar su energía de una causa de sufrimiento en un camino hacia el Despertar.

Del sufrimiento al despertar

 1. Sumérgete en tu cuerpo

“Comienza con las sensaciones físicas porque son relativamente sencillas y brindan un buen punto de acceso a las emociones. Fíjate cómo se siente tu cuerpo”.

Todas nuestras experiencias de incomodidad, ansiedad, perturbación y molestias tienen sus raíces en nuestros kleshas. Este término sánscrito significa “emociones destructivas” o “emociones que causan dolor”.

Los tres kleshas principales son el deseo, la agresión y la ignorancia. Los dos primeros no requieren mucha explicación. El deseo se convierte en una emoción destructiva cuando llega al punto de ser una adicción o una obsesión. Una vez me dieron unos dulces asiáticos cuyo nombre de marca era “Baby Want-Want”. Creo que eso resume bastante bien el deseo. Pensamos que algo nos traerá placer o comodidad, por lo que nos obsesionamos con tenerlo o conservarlo. La “agresión” es lo contrario: queremos deshacernos de algo que percibimos como una amenaza para nuestro bienestar.

La “ignorancia” como emoción destructiva es un poco más difícil de entender. Es un estado mental aburrido e indiferente que en realidad contiene un profundo nivel de dolor. Puede expresarse como estar fuera de contacto, estar mentalmente letárgico, sin importarnos lo que estamos sintiendo o por lo que están pasando los demás. Cuando este estado de ánimo nos domina, puede convertirse en depresión.

Estos tres kleshas a menudo se llaman los “tres venenos” porque matan nuestra felicidad. Esto nos suele pasar de dos maneras. Primero, sufrimos mientras experimentamos ira, adicción, depresión, celos y todo lo demás; entonces seguimos sufriendo por las acciones nocivas que provocan.

Probablemente tengas experiencia de primera mano de ser infeliz cuando estos venenos surgen en tu vida. Pero, ¿cómo matan exactamente tu felicidad? No son las emociones en sí mismas las que nos hacen sufrir. En su forma cruda, antes de que empecemos a luchar con ellas y antes de que nuestro proceso de pensamiento se involucre, son solo sensaciones o formas de energía. No son intrínsecamente malas o buenas. Es importante recordar esto. El aspecto destructivo de la agresión, por ejemplo, no es la sensación; es nuestro rechazo a esa sensación y lo que hacemos como respuesta. El culpable no es la energía básica sino el derivado, lo que Sharon Salzberg llama “los complementos. Cuando surge la energía klesha, tendemos a reaccionar de una de varias maneras. Una es actuar, ya sea físicamente o con nuestras palabras. Otra es suprimir la emoción, adormecerla; esto puede implicar desviar nuestra atención a otra parte, por ejemplo, desconectarnos con Netflix.

Una tercera reacción común es envolverse mentalmente en algún tipo de argumento, uno que a menudo involucra culpa. Todas estas reacciones se basan en que no podemos soportar el malestar de la energía. Tenemos una propensión a que esta energía nos moleste, así que tratamos de escapar de nuestra incomodidad deshaciéndonos de lo que la está causando. Este enfoque es similar al del tirano que mata al mensajero que trae malas noticias por relacionarlo con el mensaje. Pero cuando nos entregamos a cualquiera de estas reacciones, solo fortalecemos nuestros hábitos que causan dolor y perpetuamos nuestra miseria a largo plazo. De alguna manera, esta es una lección difícil de aprender.

Todo el mundo tiene estos hábitos. No hay necesidad de culparnos a nosotros mismos ni a nadie más por este proceso. En lugar de culpar o sentirnos impotentes, podemos aplicar métodos probados para trabajar con nuestras emociones de manera constructiva. Como todo lo demás en el universo, los kleshas y nuestras reacciones ante ellos son impermanentes e insustanciales. Esto es lo que hace posible que cambiemos nuestros hábitos.

En general, la falta de conciencia es lo que le da a nuestras emociones su poder. Concienciarlos es la llave mágica. Cuando somos conscientes de lo que está pasando, pierden su capacidad de hacernos sentir miserables.

El primer paso en todo método de trabajar con emociones es simplemente reconocer lo que está sucediendo. Una de las características de los kleshas es que tienden a pasar desapercibidos. Solo los notamos cuando se han vuelto completamente desarrollados. No somos conscientes de la emoción mientras es solo una brasa; cuando olemos el olor a quemado o sentimos el calor del fuego, ya es demasiado tarde. Nos hemos bombardeado con palabras o acciones, o ya estamos en un atracón.

Aquí hay un ejemplo bastante común del ciclo de vida de un klesha. Vislumbras a alguien en el pasillo, alguien con quien tienes problemas. Experimentas una leve tensión en los hombros o un sutil tirón en el pecho. Esta es la etapa de brasa.

Lo siguiente que sabes es que estás teniendo pensamientos críticos o de resentimiento sobre la persona. Esta etapa es como cuando los leños de una estufa de leña se han incendiado. Hay mucho más calor que en la etapa de brasa, pero al menos todavía está contenido. Incluso este nivel puede pasar desapercibido. Pero si sigues escalando inconscientemente tu historia, es como si estuvieras echando queroseno al fuego.

Eventualmente será demasiado para la estufa e incluso podría incendiar tu casa. En ese momento, tú y todos los demás lo notarán, pero será demasiado tarde para evitar una gran cantidad de dolor inevitable. Escribiste el mensaje de texto dañino, ya presionaste «Enviar» y no hay forma de recuperarlo.

Incluso entonces, hay formas de mejorar la situación y formas de empeorarla. En todo momento tenemos estas dos alternativas básicas. Podemos escalar o reducir nuestra miseria. Podemos reforzar hábitos poco útiles o ventilarlos. Al volvernos más conscientes de lo que está sucediendo, podemos apagar el fuego en la etapa de brasas o en la etapa de la estufa de leña y ahorrarnos tanto dolor a nosotros mismos y a los demás.

Tener una práctica regular de meditación nos hace más conscientes de lo que sucede en nuestra mente, el trasfondo mental que tiende a pasar desapercibido cuando estamos atrapados en nuestras actividades e interacciones diarias. Con la meditación, empezamos a captar algunos de los pensamientos como emociones sutiles que, si no se detectan, se intensifican antes de que los percibamos.

2. Lleva tu atención a donde estás ahora mismo

“El truco es estar presente con la energía sin actuar o reprimir”.

Una vez que nos hemos hecho conscientes de la klesha, el siguiente paso es permitirnos sentirla, sentir lo que estamos sintiendo. Suena muy simple, pero para muchas personas esto es todo un desafío. Algunas personas tienen dificultades porque han sido traumatizadas. Otros tienen ciertas emociones que, por alguna razón, simplemente no quieren enfrentar. Pero, sentir lo que estás sintiendo es una práctica. Hay formas de entrenarse en ello, de progresar gradualmente.

Primero, comienza con las sensaciones físicas porque son relativamente sencillas y brindan un buen punto de acceso. ¿Cómo te sientes físicamente? Cuando estamos fuera de contacto con nuestro cuerpo, nuestros kleshas tienen una mayor oportunidad de correr desenfrenadamente. Por otro lado, cuando estamos presentes y en el cuerpo, es más fácil estar en contacto con nuestra mente. Así que observa cómo se siente tu cuerpo: los dolores, las molestias y la picazón, las sensaciones de calor y frío, los lugares donde se siente tenso o relajado.

Luego mira tu estado de ánimo. ¿Es discursivo o asentado? ¿En qué estado de ánimo estás? ¿Qué emociones notas? Aquí es muy importante tener una actitud de curiosidad y apertura más que de juicio. Pueden surgir cosas diferentes cuando nos permitimos sentir lo que sentimos. Podemos tener recuerdos dolorosos o emociones intensamente desagradables. Eso es de esperar y no es problema. Pero no presiones demasiado ni conviertas esto en una prueba de resistencia. Todo debe tener lugar, en la medida de lo posible, en un ambiente de aceptación.

Para crecer en la capacidad de saber qué hacer cuando una emoción te atrapa, es útil recordar tres palabras: enraizado, presente y amable. Sumérgete en tu cuerpo, lleva tu atención a donde estás ahora y sé amable. Cuando hay un aumento de la emoción, estas tres palabras pueden ayudarte a reducir la intensidad. La instrucción principal es permanecer consciente y, “Tienes que estar dispuesto a sentir cierta incomodidad”.

3. Sé amable contigo mismo

He descubierto con el tiempo que cada vez que me permito sentir lo que siento, me vuelvo más paciente conmigo mismo y más indulgente. Cada vez, me encuentro capaz de relajarme con la sensación un poco más. Y aquí está la cosa: mientras que los kleshas causan dolor, la energía de los kleshas en sí misma es una fuente ilimitada de poder creativo, como una corriente eléctrica. No es algo de lo que quieras deshacerte. El truco es permanecer presente con esa energía sin actuar o reprimir. Haciendo esto, o más bien, aprendiendo a hacer esto, es posible que descubras algo notable. En la energía básica de los kleshas, ​​encontramos sabiduría, sabiduría inasible, sin ego, libre de apego y fijación.

Una de las formas más importantes de trabajar con nuestras emociones es utilizarlas como un camino de despertar. La idea es permitirnos experimentar la energía de los kleshas de forma plena y directa. Al hacerlo, descubrimos que contienen toda la sabiduría que necesitamos para despertar. Una confianza inquebrantable surge de esta experiencia.

Todos venimos a este mundo con una inconsciencia co-emergente, que es un malentendido básico acerca de cómo son las cosas. Creemos que tenemos algún tipo de identidad estable, algo que me hace “yo”, algo separado del resto. Basados ​​en este malentendido, nos encontramos constantemente atrapados por la miríada de placeres y dolores que el mundo tiene para ofrecer. Nuestra mente se envuelve completamente en kleshas y todos los problemas que los acompañan. Las enseñanzas dicen que este proceso doloroso continuará hasta que despertemos completamente de nuestra inconsciencia, hasta que nos veamos a nosotros mismos y a todos los fenómenos como realmente son: fugaces, insustanciales y abiertos de par en par con la posibilidad.

El término “ignorancia coemergente” es interesante porque implica que la ignorancia no aparece sola. Donde hay confusión, también hay sabiduría: “sabiduría co-emergente”. Cada vez que nos enganchamos, cada vez que nuestros kleshas se activan, cada vez que perdemos temporalmente la orientación y actuamos de manera destructiva, estamos en las garras de la confusión. Pero esa misma confusión es inseparable de nuestra sabiduría más profunda. En la analogía tradicional, la confusión y la sabiduría son como el hielo y el agua, ambos hechos de las mismas moléculas. La única diferencia es que el hielo está congelado y el agua no.

La confusión se basa en tener una visión congelada de nosotros mismos y del mundo. Es un producto de nuestra incomodidad con la naturaleza sin fundamento de cómo son las cosas. La mayoría de nosotros experimentamos ese espacio abierto como algo sin fundamento. La ira, el anhelo, los celos y todos los demás kleshas son parte de esta incomodidad. Si no tenemos medios efectivos para trabajar con ellos, pueden arruinar nuestro estado de ánimo y dañarnos no solo a nosotros sino también a las personas que nos rodean. Por eso aprendemos a trabajar con nuestras emociones.

Usar nuestras emociones como camino del despertar se basa simplemente en dejar que la emoción sea, tal como es. Digo “simplemente”, pero dejar que cualquier cosa en nuestra mente simplemente sea es más fácil decirlo que hacerlo. El ego se siente cómodo solo cuando se entromete, tratando de arreglar las cosas. Siempre nos está diciendo que no podemos dejar nada en paz. Así que necesitamos paciencia y coraje si queremos aprender a dejar que nuestros kleshas sean.

Primero tenemos que darle a la klesha suficiente espacio para que podamos ver lo que está pasando. Necesitamos cierta perspectiva sobre nuestra emoción. Esto no significa exactamente distanciarnos de la klesha; es más como posicionar nuestra mente para ver claramente. Hacerlo requiere que practiquemos la abstención. Requiere un espacio consciente antes de hablar o actuar. Es difícil tener alguna perspectiva cuando estamos activados.

Entonces se convierten en un camino hacia el despertar

Teniendo una perspectiva clara, nos permitimos experimentar la emoción lo más plenamente posible. Esto es similar a dejarnos sentir lo que sentimos, pero va más allá. En esta práctica, queremos aprender qué es realmente la emoción. En lugar de ponerla en una categoría como positiva o negativa, tratamos de contactar su energía directa e íntimamente, para llegar a conocer su esencia misma. Queremos conocerla, no solo con nuestra mente conceptual, sino profundamente, con nuestro corazón y con todo nuestro ser.

Anam Thubten hace la distinción entre kleshas ordinarios y kleshas conscientes. Los kleshas ordinarios son aquellos con los que estamos familiarizados. Por ejemplo, cuando estamos en un estado de deseo, se siente desagradable, carecemos de perspectiva y, por lo general, reaccionamos de manera dañina. Los kleshas conscientes son donde reside la sabiduría. Cuando vamos más allá de nuestra propensión a que nos moleste el anhelo, cuando llegamos a experimentarlo como una forma de energía despierta, entonces la emoción pierde su poder para perturbarnos. En cambio, se convierte en algo precioso, parte de la preciosidad de la vida.

Al relacionarnos con nuestras emociones de esta manera, descubrimos su aspecto iluminado: la sabiduría que emerge junto con la ignorancia y la confusión. Siempre está presente, en todos y cada uno de nuestros kleshas. Para contactarlo, permitimos que el klesha sea simplemente lo que es. Entonces el hielo se derretirá y experimentaremos la cualidad abierta y fluida del agua.

Esto no es fácil. No solo se necesita práctica para contactar con la sabiduría en los kleshas, ​​sino que también se necesita práctica para distinguir entre los dos, entre la sabiduría y el no reconocimiento. ¿Cómo podemos saber si estamos experimentando el aspecto neurótico de la energía o el aspecto despierto? A menudo, la evidencia más clara se encuentra en nuestro cuerpo. Generalmente, nuestros kleshas ordinarios corresponden a alguna forma de contracción física. Sentimos una opresión en el estómago o la mandíbula o, quizás de forma más sutil, en el corazón o el plexo solar. Cuando nuestras emociones están en la etapa de brasas, esta contracción puede ser difícil de detectar. Pero si practicamos la sintonización con nuestras emociones y nuestro cuerpo, entonces la tensión física puede servir como un indicador de cuándo estamos atrapados en kleshas comunes.

Al entrar en contacto con la sensación física de nuestra neurosis, llegamos a conocer también el sentimiento de sabiduría. Desde este punto de vista, la sabiduría se siente como relajación, expansión, apertura. En lugar de luchar con nuestras emociones, las dejamos ser. No los representamos ni los reprimimos. Simplemente los dejamos ser. Simplemente nos conectamos con lo que sienten. En lugar de endurecernos con nuestras fuertes opiniones e historias, nos relajamos y permitimos que la sabiduría co-emergente en nuestros kleshas hable por sí misma. Si practicamos de esta manera, nuestras propias emociones se convertirán en nuestro camino más directo hacia el despertar.

Adaptado de Cómo vivimos es cómo morimos, de Pema Chödrön. © 2022 por la Fundación Pema Chödrön.

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