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Determinación de tener

La determinación de tener se forma por energía libre de la intención. Hay dos cosas que te impiden permitirte tener, la primera son los desacuerdos entre tu alma y la mente. La segunda, los potenciales excesivos de la importancia interior y exterior, que ocupan la energía libre. Sería un error suponer que la determinación de tener sólo es unos pensamientos corrientes, tipo «quiero y seré». En realidad, tales pensamientos deben estar llenos de energía de la intención, porque si no, sería un ordinario barboteo de la mente y nada más. Los pen­samientos, desde luego, deben proceder de la unidad entre el alma y la mente. En caso contrario, la modulación de energía de la inten­ción no será pura. Si la mayor parte de la energía libre está ocupada por potenciales excesivos, la intención no tendrá potencia alguna.

 

Determinación de tener

La dificultad para obtener la determinación se parece a las dudas que tienes al montar en bicicleta por primera vez. Sabes que en general es posible, pero también sabes que al principio no te saldrá bien. Dudas de tu capacidad y, al mismo tiempo, estás lleno de deseo de aprender a montar. Tu mente procura someter el aprendi­zaje bajo control, pero no entiende cómo debe actuar. Se crean tres potenciales excesivos a la vez —la duda, el deseo y el control— que quitan energía de la intención.

La mente intenta mantener el equilibrio de una manera u otra, pero nada le resulta. No hay unidad del alma y la mente ni energía libre. Pero en un momento dado, el control de la mente se afloja y entonces surge la unidad del alma y la mente en la que hay que mantener el equilibrio. Como resultado todo sale bien. La mente nunca llega a comprender cómo lo has hecho. La mente siempre piensa en los medios, o sea, en cómo se debe actuar. Establece el control y prueba diferentes opciones. El alma no piensa: simplemente está incondicionalmente lista para tener. La mente también está preparada para tener, pero con una condición: que sea algo comprensible y racional. Los desacuerdos entre alma y mente consisten sólo en que la mente duda de que el objetivo sea objetivamente realizable. En cuanto se afloje el agarre del control, las condiciones restrictivas de la mente desaparecen  y entonces surge la unidad del alma y la mente.

La mente, sorprendida, se pone ante el hecho de que su con­trol no es necesario. Todo sucede por sí solo. Por lo demás, para ella es más que suficiente la existencia de tal hecho, incluso si no llega a comprender con toda claridad de qué se trata. El equilibrio simplemente se mantiene y ya está, de modo que la mente debe conformarse con eso. Ya no va a imponer su control, puesto que ha quedado convencida de que no es necesario. Después de practicar un poco, desaparece el resto de los potenciales excesivos, la energía de la intención se libera y montar en bicicleta pasa de ser un proble­ma a ser un placer.

De ese modo, para obtener la determinación de tener es necesa­rio llegar a la unidad del alma y la mente y liberar la energía de la intención de los potenciales excesivos. La unidad del alma y la men­te se consigue por el camino hacia tu objetivo a través de la puerta necesaria. Sólo queda fijar tus verdaderas aspiraciones y ponerte en ese camino. Al quitarte de encima la inútil carga de la importancia interior y exterior, liberas la energía de la intención, la fuerza motriz del desplazamiento en el espacio de las variantes. En cambio, al conservar la importancia interior y exterior, gastas un 99 por 100 de energía en mantener los potenciales excesivos. ¿Cómo puede haber alguna energía libre, si toda la que hay está utilizada por los poten­ciales?

Para quitar la importancia, es necesario actuar de forma cons­ciente y entender a qué estás dando un significado excesivamente importante y cuáles son las consecuencias. Por desgracia, no siem­pre se logra renunciar conscientemente a la importancia a nivel mental. En tal caso sólo queda una cosa por hacer: actuar. La ener­gía del potencial excesivo se disipa en la acción. Proyecta en la mente la diapositiva del objetivo, practica la visualización del proceso y mueve tranquilamente los pies en dirección a tu objetivo: ésa será tu acción.

Cómo no tener miedo. Encontrar alguna medida de seguridad. El potencial excesivo más difícil de superar es el miedo. No serás capaz de obligarte a no tener miedo. Si algo para ti tiene un significado excesivamente importante, al que no puedes renunciar, como por ejemplo, tu vida, tu carrera, tu casa; y si esos valores corren algún riesgo, entonces el único modo de quitar el potencial es encontrar alguna cubierta, una salida de emergencia, un camino de rodeo.

Cómo no preocuparse y no alarmarse. Actuar. Los potenciales del desasosiego y la preocupación se disipan en la acción. Una preocu­pación inactiva estará en el aire hasta que no empieces a actuar enér­gicamente. El tipo de actividad puede incluso no tener nada que ver con el objeto de la preocupación. Basta con que empieces a hacer algo para que, de inmediato, sientas que tu preocupación disminuye.

Cómo no desear. Resignarse a la posible derrota y actuar. Ese po­tencial también es difícil de eliminar, puesto que apenas es posi­ble renunciar por completo al deseo de conseguir el objetivo. Sin embargo, si te resignas de antemano a la derrota y encuentras un desvío, entonces el potencial del deseo se equilibrará. En cualquier caso, un deseo se puede trasformar en acción. Como ya sabes, el deseo es lo que precede a la intención. Cuando el deseo se trasforma en intención de actuar, se disipa la energía del potencial. La energía del deseo se consume en formar la intención.

Cómo no esperar. Actuar. Este potencial se disipa en la acción por determinación. Disuelve el deseo y la espera en acción.

Cómo renunciar a la significación propia. Si has comprendido todo correctamente, esa pregunta debe dejarte perplejo. Por supuesto, el Transurfing no te sugiere resignarte a tu insignificancia, sino aceptar tu significación, como un axioma. La única dificultad es que tu mente sentirá su significación sólo al recibir el trato correspondiente de la gente de tu alrededor. Teniéndolo en cuenta, el secreto del aumento de la significación propia es tan simple como eficaz. Sólo es necesario renunciar a las acciones dirigidas a aumentar tu propia significación.

Como no defiendes tu significación, quiere decir que ya la tienes en un nivel alto. La gente te tratará de otra manera. Al sentir que te tratan con más respeto, tu mente, por sí sola, reconocerá la propia significación. Si tú mismo reconoces tu alta significación, los que te rodean se pondrán de acuerdo contigo ensegui­da; eso es absolutamente cierto. De esta manera obtienes aquello a lo que has renunciado.

Cómo no irritarse. Jugar con el péndulo, rompiendo las reglas de su juego. Es el único modo posible de extirpar la costumbre de reac­cionar negativamente a una noticia desagradable. Cómo se hace, lo sabes ya. Sólo tienes que recordar a tiempo que es un juego y romper con alegría sus reglas, es decir, reaccionar de modo inade­cuado. Ante una noticia o circunstancia agradables, tu reacción ha de ser no perezosa, sino alegre y con entusiasmo especial. Entonces trasmitirás tu emisión en la ola de la suerte. Los péndulos te crearán problemas con el fin de desequilibrarte y obtener energía negativa. Al reaccionar en negativo, quiebras el ritmo del péndulo y lo dejas sin nada. Juega a ese juego, es muy atractivo.

Cómo librarse del sentimiento de culpa. Dejar de justificarse. Como ya he dicho, eres tú mismo quien no te deja marchar del salón de audiencia. Tú mismo intervienes como acusador, abogado y acu­sado, y los manipuladores se aprovechan de todo eso. Abandona la sala de audiencia; nadie puede retenerte. Los que de costumbre se han reunido allí para escuchar el proceso de acusación, permanece­rán sentados un rato y se marcharán, puesto que no habrá ningún acusado. Así, poco a poco, tu «caso» se cancelará. De ningún otro modo conseguirás deshacerte del sentimiento de culpa.

Como vencer el resentimiento e indignación. No los tendrás si te libras del sentimiento de culpa y aceptas tu significación. Pon fin a tu batalla y muévete según la corriente. Pero puede suceder que, al moverte según la corriente, sientas, al mismo tiempo, que alguien te agarra e intenta arrastrarte en contra. ¿Cómo proceder en este caso?

Por ejemplo, si sabes hacer algo, significa que eres capaz de en­contrar decisiones. Pero hay gente que sólo es capaz de encontrar problemas. Ellos buscan problemas y, con aire triunfal, los presen­tan como si fueran méritos. Tal gente está sinceramente convencida de que los otros como respuesta están obligados a facilitarles las de­cisiones. Pues bien, si tú comienzas a buscar soluciones, se acumula un montón de holgazanes a tu alrededor. Unos te critican, otros buscan afanosamente nuevos problemas, un tercero te aconseja y un cuarto te manda y exige. Por mucho que te esfuerces intentando moverte según la corriente, ellos hacen todo lo posible por interpo­nerse en tu camino. Es natural que eso te provoque resentimiento e indignación.

¿Qué hacer, entonces, si no puedes vencer el resentimiento ni la in­dignación? Simplemente necesitas permitirte esa debilidad. Sería peor que empezaras a atribuir excesivo significado a la necesidad misma de mantener la importancia a cero. Pero hasta entonces permítete de vez en cuando desatarte y crear potenciales excesivos. No te obligues a ganar siempre.

Pues bien, en vez de luchar contra los potenciales excesivos, es imprescindible actuar dentro de los marcos de la intención purificada. Y la intención se purifica en el proceso del movimiento. Como puedes ver, la determinación de tener no se logra sólo con ejercicios espe­culativos, sino con determinadas acciones. Comienza, aunque sea de cualquier modo, a mover los pies en dirección a tu objetivo. Tus accio­nes adquirirán eficacia en el proceso de movimiento.

La determinación de tener pasa por tres etapas. La primera etapa es cohibición, producida por una situación insólita. «¿Es posible que  todo eso sea para mí?» Cuando proyectas la  diapositiva del objetivo en la mente, no logras acostumbrarte del todo a la idea de que eso es posible. La segunda etapa es euforia, parecida a la sensación del estado de ingravidez. En algún momento sentirás que tu cohibi­ción ha desaparecido, has aceptado el objetivo dentro de la zona de tu confort y has experimentado euforia, puesto que el objetivo, de repente, te ha parecido completamente real. La sensación de ingra­videz también tiene una base muy real. Es energía de la intención que queda libre de los potenciales excesivos. Es precisamente esa energía lo que sientes.

Y finalmente, con el tiempo, la determinación de tener pasa a la tercera etapa: lo habitual. En tus pensamientos proyectas cons­tantemente la diapositiva del objetivo, te compenetras con ella, y todo lo que tienes en la diapositiva poco a poco se convierte en algo habitual para ti. La diapositiva se mantiene en la película de la im­portancia. Mientras deseas, dudas o piensas en los medios, la deter­minación de tener se mantiene sobre una base inestable. Tan pronto como la importancia se disuelve, la determinación de tener cobra fuerza. Lo esencial aquí es no perder la determinación de actuar, es decir, la intención de mover los pies en dirección al objetivo. Si has pasado por las tres etapas, estás en el camino correcto.

Y, para terminar, ¿cómo no doblarse bajo el peso de los problemas? En cualquier caso siempre hay algo que nos deprime en algún gra­do. Es muy difícil renunciar sin más a cualquier importancia. En este caso el Transurfing tiene un método bastante interesante y muy potente: la coordinación de la intención.

 Vadim Zeland: Adelante al pasado, cap. 3