Elegir su propio destino

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Elegir su propio destino

La afirmación de que cada persona tiene derecho a la libertad real de elegir su propio destino seguirá siendo un enigma mientras no esté claro el origen de la de­pendencia, en otras palabras, de la no-libertad. Ahora, sobre la base de todo lo dicho en el libro, puedo darte la respuesta.

Obtienes tu libertad cuando suspendes tu batalla.

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La respuesta es muy simple y breve, como el secreto de los alquimistas escrito en la tabla de esmeralda. Pero si te hubiera dado esa respuesta al principio del libro no habrías comprendido nada, ¿no es así? La dependencia consiste en que participas en una batalla impuesta. Pero tan pronto como despiertes en la vida real, pongas fin a la lucha contra ti mismo, contra el mundo y abando­nes el campo de batalla, ya nada podrá detenerte. La batalla sigue su curso, pero ya sin tu participación, y tú eres libre de irte adonde te dé la gana, y de elegir lo que te apetezca.

El mundo, como un espejo, refleja tu actitud hacia él. Cuando estás descontento con el mundo, te vuelve la espalda. Cuando luchas contra el mundo, él lucha contigo. Cuando dejas de luchar, el mundo sale a tu encuentro.

Desde tu nacimiento los péndulos te han señalado tu sitio en este mundo. Te han impuesto el patrón de ideología, te han explicado las reglas del juego, te han adjudicado un papel y, de este modo, te encarcelaron en la funda de la condicionalidad. Y al mismo tiempo te expidieron una falsa declaración de independencia, según la cual puedes elegir. Te colgaron de un hilo, como a una marioneta, y te «soltaron», diciendo: «Desea lo que quieras, consíguelo como quie­ras». Empiezas a agitarte en el hilo y a conseguir, pero sin resultado. Entonces se te da a entender que debes luchar más obstinadamente aún contra ti mismo y contra el mundo para conquistar tu lugar bajo el sol. Así son las reglas del juego de los péndulos: «Lucha y haz como yo».

Sólo aprovechaste la libertad de participar en la lucha. Sí, eso tam­bién es una elección. Siempre consigues lo que eliges: es una ley irrevocable. En la lucha de los péndulos, el hombre no es capaz de alcanzar la victoria; sólo puede recibir un premio, pero muy poca gente llega a eso. La tarea de los péndulos consiste en ocultar la libertad verdadera. En realidad nadie puede obligarte a participar en la lucha. Sólo pueden inculcarte que no existe otra elección. Y realmente es así: no hay otra salida en tanto que agarres el hilo de la importancia.

Para obtener la libertad es imprescindible renunciar a la importancia: no dar excesivo significado a nada, ni en tu interior ni en tu exterior. En la mayoría de los casos, para quitar la importancia basta con que despiertes y cambies conscientemente tu actitud. Todos estamos durmiendo despiertos y cumplimos nuestros papeles mecánicamente. La profundidad de nuestro sueño, de nuevo, es proporcional a la significación que damos a todos los atributos del juego, por tanto somos prisioneros de nuestra importancia.

¿no será que el intento de cambiar nuestra actitud es la mis­ma lucha? No. Luchas contra ti mismo cuando intentas retener tus emociones. Ahora que sabes en qué consiste el juego de los péndulos, puedes cambiar conscientemente tu actitud hacia el juego sin tener que forzarte. De ese modo haces la elección a favor de ser libre de la lucha. Tú mismo estableces las reglas. Ahora tu juego con el péndu­lo consiste en infringir sus reglas. Tal juego convierte la lucha en una batalla cómica con el espantajo de arcilla. Como si te dieras cuenta: todo lo que está ocurriendo sólo es resultado de dormir despierto. Al apartarte del escenario al patio de butacas, de repente comprendes que eres tú quien decide si debe seguir luchando o puede sólo ir y coger tranquilamente lo que te pertenece.

Por supuesto, no lograrás cortar de un golpe los hilos de la im­portancia. Es imposible deshacerse sin más de los potenciales exce­sivos y los complejos. Y no necesitas hacerlo, puesto que eso es, una vez más, ¡la lucha! La cuestión es que los hilos de la importancia se cortarán por sí solos cuando detengas tu lucha. Cualquier impor­tancia que logres quitar conscientemente, quítala. Todo lo que no logres eliminar, transfórmalo en acción. Proyecta en la mente la dia­positiva del objetivo, practica la visualización del proceso y mueve tranquilamente los pies hacia tu objetivo: ésa será tu acción. Renunciar a la lucha también es acción. Date la oportunidad de ser tal y como eres; dásela también al mundo de ser tal y como es. No tienes que cambiar ni luchar contra el mundo. En cuanto renuncies a la lucha, la libertad será más perceptible con cada día que pase.

Tampoco es posible deshacerse de una vez por todas de la carga de  problemas que has ido acumulando durante toda tu vida. Pero si mantienes el principio de la coordinación, poco a poco saldrás del bosque espeso a un camino recto. No hay garantía de que todo marche enseguida sin obstáculos. Te esperan provocaciones de los péndulos, obstáculos y desengaños. Lo principal es que no te desanimes ni te dejes abatir. Con el tiempo todo se arreglará, pues tienes entre tus manos una técnica muy potente para dirigir tu destino.

Si has logrado adquirir la comprensión de que eres capaz de dirigir los acontecimientos de tu vida, si has obtenido seguridad en ti mismo y sientes entusiasmo: espera las sorpresas desagradables. Lo más probable es que recibas un papirotazo de mayor o menor in­tensidad, según la intensidad de tu seguridad y tu entusiasmo. Son las fuerzas equiponderantes, que reaccionan a tu potencial excesivo. No caigas en la tentación de imaginar que eres el marionetista o el realizador de la pieza titulada Mi vida.

Por supuesto, en efecto eres el realizador, pero sólo y exclusiva­mente de tu destino. Pues en la pieza Mi vida no sólo participas tú, sino también los que te rodean. Por tanto, el mínimo indicio de autopresunción y autoconfianza crea potencial excesivo. Puede parecer que no hayas presumido, sin embargo, en realidad nadie es capaz de ser impecable. Has obtenido la llave de una fuerza muy poderosa; por tanto, cualquier mínima desviación de la impecabilidad lleva consigo consecuencias tangibles.

Utiliza tu derecho a elegir y permítete el lujo de percibir tu vida, que de mo­mento no te satisface, como una fiesta. Ahora ha salido a la luz una causa no ilusoria, sino perfectamente real para la celebración: la esperanza de obtener la libertad. Vas a experimentar una tranquila alegría al comprender que te mueves hacia tu objetivo; por ende, la fiesta siempre estará a tu lado. Ni siquiera las fuerzas equiponderantes serán capaces de aguarte esa alegría tranquila. Según el principio de la coordinación, si a pesar de todo percibes la vida como si fuera una fiesta, entonces así será.

Ahora no hay necesidad de seguir luchando. De todos modos obtendrás lo tuyo. Al renunciar a la lucha, rompes tus hilos y ob­tienes la libertad sin perder el apoyo. El apoyo es la corriente de las variantes. Debes recordar que tu elección se realizará sin falta. Sintoniza la emisión de tus pensamientos con la línea del objetivo; así la corriente se dirigirá justamente hacia tu objetivo. No hay nin­guna fuerza que pueda molestarte en tu camino hacia el objetivo, si te mueves según la corriente, mantienes el equilibrio y guardas el principio de la coordinación. Ya no eres un barquito de papel entre las olas de las circunstancias, ni una marioneta en manos de los péndulos. Tienes vela mayor: la unidad del alma y la mente. Tienes timón: tu elección. Te deslizas por el espacio de las variantes utili­zando el viento de la intención exterior.

Vadim Zeland: Adelante al pasado, cap. IV