La identificación

Puede decirse que la identificación es estar aferrado por algo, sin ser capaz de librarse de una idea que hay en la mente, aunque esto es un caso extremo. Hay muchas identificaciones pequeñas que son dificilísimas de observar, y éstas son las más importantes, porque nos mantienen mecánicos. Debemos comprender que siempre pasamos de una identificación a otra. Si un hombre mira a la pared, se identifica con la pared.

No puedo ver por qué un «yo» cambia. ¿La causa puede verse siempre en alguna identificación?

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Cierta cantidad de «yoes» trata de abrirse camino hacia el frente, de modo que tan pronto uno se pierde en uno de ellos, es reemplazado por otro. Pensamos que los «yoes» son tan sólo cosas pasivas, indiferentes, pero las emociones, las asociaciones y los recuerdos trabajan siempre. He aquí porqué es útil detener el pensar, incluso ocasionalmente, como ejercicio. Entonces usted empezará a ver cuan difícil es hacerlo.

La concentración es acción controlada; la identificación lo controla a usted.

La identificación ocurre cuando usted es rechazado o atraído por algo. El estudio o la observación no producen necesariamente la identificación, pero la atracción y el rechazo lo producen siempre. ¿Qué puedo hacer respecto a la identificación? Siento que, en cualquier cosa que hago, me pierdo. No parece posible que sea diferente.

Si tiene que hacer algo, hay que hacerlo, pero puede identificarse más o identificarse menos. En eso no hay nada sin esperanzas, mientras recuerde aquello. Trate de observar; no siempre se identifica hasta el mismo punto; a veces, se identifica de modo que no puede ver nada más; en otras ocasiones puede ver algo. Si las cosas fuesen siempre las mismas, para nosotros no habría posibilidad, pero aquéllas siempre varían en grado de intensidad, y eso da una posibilidad de cambio. Todo lo que hacemos, hemos de aprenderlo por adelantado. Si desea manejar un auto, ha de aprender de antemano. Si ahora trabaja, con el tiempo tendrá más control.

Si se identifica, jamás puede obtener buenos resultados. Una de nuestras ilusiones es pensar que debemos perdernos para obtener buenos resultados, pues de este modo sólo obtenemos pobres resultados. Cuando uno se identifica, no existe; sólo existe la cosa con la que uno está identificado.

El objetivo es despertar. Identificarse es un rasgo del sueño; la mente identificada está dormida. Librarse de la identificación es uno de los lados del despertar. Es absolutamente posible un estado en el que identificarse no exista, pero no lo observamos en la vida y no advertimos que estamos constantemente identificados. La identificación no puede desaparecer por sí misma; es necesaria la lucha.

Uno sólo puede despertar como resultado del esfuerzo, o de la lucha contra eso. Pero primero debe entender qué significa identificarse. Igual que en todo lo demás, también en la identificación hay grados. Al observarse, uno descubre cuándo está más identificado, menos identificado o no identificado para nada. Si uno quiere despertar, debe y puede librarse de la identificación. Como somos, en cada momento de nuestra vida estamos perdidos, nunca somos libres, porque nos identificamos.

Uno tiene una energía tremenda, y ésta trabaja por sí misma, sin control, y hace que uno actúe de cierto modo. ¿Por qué? ¿Cuál es el nexo conector? La identificación es el nexo. Interrumpa la identificación y tendrá esta energía a su disposición. ¿Cómo puede hacer esto? No de inmediato; esto necesita práctica en momentos más tranquilos. Cuando la emoción es fortísima, usted no podrá hacerlo. Es necesario saber más, estar preparado. Si sabe cómo no identificarse en el momento correcto, tendrá gran energía a su disposición. Lo que usted haga con ella es otra cosa; puede perderla otra vez en algo absolutamente inútil. Pero esto requiere práctica. Usted no puede aprender a nadar cuando se cae al agua durante una tormenta: debe aprender en aguas calmas. Entonces, si cae al agua, tal vez pueda nadar.

Lo repito nuevamente: es imposible estar consciente si usted está identificado. Esta es una de las dificultades que sobreviene después, porque las personas tienen algunas identificaciones favoritas a las que no quieren renunciar, y al mismo tiempo dicen que quieren estar conscientes. Ambas cosas no pueden marchar juntas. En la vida hay muchas cosas incompatibles, y la identificación y la consciencia son dos de las más incompatibles.

Identificarse con la gente toma la forma de considerar. Hay dos clases de consideración: la interna y la externa. La consideración interna es la misma que la identificación. La consideración externa requiere cierta cantidad de recuerdo de sí; significa tener en cuenta las debilidades de los demás, ponerse en lugar de éstos. En la vida, esto se describe a menudo con la palabra «tacto»; sólo que el tacto puede ser educado o accidental. La consideración externa significa control. Si aprendemos a usarla conscientemente, nos brindamos una posibilidad de control.

La consideración externa es cuando sentimos que las personas no nos dan bastante; no nos aprecian bastante. Si uno considera internamente, pierde momentos de consideración externa. La consideración externa debe ser cultivada; la consideración interna debe ser eliminada. Pero primero observe y vea cuan a menudo usted pierde momentos de consideración externa y qué enorme papel representa la consideración interna en la vida.

El estudio de la consideración interna, de la mecanicidad, de la mentira, de la imaginación, de la identificación, demuestra que todas nos pertenecen, que siempre nos hallamos en estos estados. Cuando usted ve esto, comprende la dificultad de trabajar sobre uno mismo. Tal como usted es, no puede empezar a obtener algo nuevo; verá que primero deberá fregar la máquina hasta limpiarla; está demasiado cubierta de óxido. Pensamos que somos lo que somos. Lamentablemente no somos lo que somos sino lo que hemos de llegar a ser; no somos seres naturales. Estamos demasiado dormidos, mentimos demasiado, vivimos demasiado en la imaginación, nos identificamos demasiado. Pensamos que tenemos que enfrentar a seres reales, pero en realidad tenemos qué enfrentar a seres imaginarios. Todo lo que sabemos sobre nosotros es imaginario. Debajo de toda esta aglomeración, el hombre es absolutamente diferente. Tenemos muchas cosas imaginarias que debemos desechar antes que podamos llegar a las cosas reales. Mientras vivamos en las cosas imaginarias, no podremos ver el valor de las reales; y cuando lleguemos a las cosas reales en nosotros, podremos ver qué es real fuera de nosotros. Tenemos en nosotros demasiado crecimiento accidental.

P. D. Ouspensky: El cuarto camino, cap. V