La naturaleza de la consciencia

Es más fácil dejar de reaccionar ante la gente, interna y externamente, familiarizándose con la naturaleza de la consciencia. La vida humana es muy difícil, aun en las mejores circunstancias. Frustraciones, demoras, lapsos de memoria, impulsos y tensiones de todo tipo y forma acosan a todas las personas. Las exigencias exceden con frecuencia las capacidades de uno, y la vida se ve sometida a presión por los requisitos del tiempo. No cuesta mucho darse cuenta de que el ego de cada persona es más o menos igual que el de los demás.

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Se hereda una mente a partir de un cerebro que funciona a base de genes, cromosomas y de un “juego” de personalidad genéticamente determinado.

Las investigaciones demuestran que gran parte de las más importantes características de personalidad se encuentran ya presentes en el momento de nacer. Pocas personas pueden ser realmente diferentes de lo que son.

Tan solo una minoría lo consigue, aquellos que buscan mejorar personalmente o crecer espiritualmente. Esto se debe a que, sean cuales sean las autocríticas que se pueda hacer uno, en el fondo cree que su forma de ser estar bien y que probablemente es la más correcta. Sin duda, son como son, y todos los problemas los causan los demás, con su egoísmo y su malicia, así como el mundo exterior.

La mayoría de las personas cree que el amor es algo que uno consigue, que es una emoción, que hay que merecerlo y que cuanto más se da, menos se tiene. Pero lo cierto es que es todo lo contrario. Deberíamos sentirnos agradecidos por lo que tenemos, en lugar de sentirnos orgullosos de ello. Manifestamos nuestro amor cuando reconocemos a los demás o cuando reconocemos su contribución a la vida o a nuestros intereses. El amor no es una emoción, sino una forma de ser y de relacionarse con el mundo.

David R. Hawkins: El ojo del Yo, cap. 9