El pago en el trabajo

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El pago en el trabajo

En el trabajo, la primera condición es entender lo que uno quiere ganar y cuánto está uno preparado a pagar por ello, porque hay que pagar por todo. A veces, uno quiere cosas sin darse cuenta qué implica eso y cuánto hay que pagar. Trate de pensar sobre eso, quizá vea lo que quiero decir. Esto significa que todo lo que uno puede adquirir requiere cierto esfuerzo, y a fin de realizar este esfuerzo, particularmente para volverlo consciente, uno deberá saber por qué está haciéndolo y qué podrá obtener mediante este esfuerzo. Y es importantísimo entender también en qué condiciones uno puede trabajar y sin qué condiciones es inútil tratar de trabajar.

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El pago no es necesario para la escuela sino para las personas mismas, pues sin pagar, no obtendrán nada. La idea del pago es muy importante y deberá entenderse que el pago es absolutamente necesario. Uno puede pagar en uno u otro sentido, y cada uno ha de averiguar eso por sí. Pero nadie podrá obtener nada que no pague. Las cosas no pueden darse, sólo pueden comprarse. Esto es mágico, no es simple. Si uno tiene conocimiento, no podrá darlo a otra persona, pues sólo si paga por él, la otra persona podrá tenerlo. Esta es una ley cósmica. La idea del pago es recalcada muy vigorosamente en el Nuevo Testamento, en Mateo XIII, en varias bellas parábolas que he mencionado. El hombre ha de ser buen mercader, debe saber qué comprar y cuánto pagar. Las cosas no pueden caer del cielo, no pueden encontrarse, deben comprarse. Lo que uno puede obtener es proporcional a lo que uno está preparado para pagar. Y uno ha de pagar por adelantado: no hay crédito.

El pago es un principio muy importante en el trabajo, y esto debe entenderse. Sin pago, usted no podrá obtener nada. Pero como regla general, queremos obtener algo por nada, y he aquí por qué no tenemos nada. Si realmente decidiéramos ir en busca de esta clase de conocimiento (o siquiera de una cosa pequeñísima) y lo buscáramos sin tener en cuenta todo lo demás, lo obtendríamos. Esta es una cuestión importantísima. Decimos que queremos conocimiento, pero realmente no lo queremos. Pagaremos por cualquier otra cosa, pero por ésta no estamos preparados para pagar nada y, de ese modo, como resultado, no obtenemos nada.

El pago tiene muchos lados. El primer pago es, por supuesto, tomarse el trabajo de estudiar y entender las cosas que oye. En sí mismo, todavía no es pago, pero crea la posibilidad de pago. El pago, en el verdadero sentido del vocablo, debe ser útil no sólo para usted sino también para alguien más: para la escuela. Pero si usted no es útil para usted mismo, tampoco podrá ser útil para la escuela.

Los esfuerzos pueden ser pago, pero deben ser útiles, y no sólo para usted. Es necesario entender el trabajo en general y las necesidades del trabajo. Cuando uno entienda todo eso, hallará los modos de hacer algo útil. La actitud depende de usted y de su entendimiento: la oportunidad depende de las circunstancias.

La falsa personalidad no puede pagar. De modo que al comienzo el pago significa esfuerzo, estudio, tiempo, muchas cosas. Pero eso es sólo el comienzo. Como dije, la idea es que en el trayecto de alcanzar algo en el trabajo, uno sólo obtiene tanto como paga. Es una ley física, la ley del equilibrio.

El pago es sacrificio, pero usted sólo ha de sacrificar las cosas inexistentes, las cosas imaginarias. Todos nuestros valores son imaginarios. En el trabajo uno adquiere valores nuevos y pierde valores imaginarios.

No podemos tener cosas viejas y cosas nuevas, no hay sitio para ellas, de modo que primero debemos hacerles lugar. Esto es así hasta con respecto a las cosas corrientes. Si uno quiere mucho, debe dar mucho. Si uno quiere poco, dará poco. Mida eso, entonces entenderá.

Con frecuencia, uno se persuade de que quiere cambiar, pero al mismo tiempo quiere conservar todas las cosas pequeñas, por lo que ¿dónde está el cambio? El cambio es imposible si uno quiere conservarlo todo. Para pensar en cambiar uno debe pensar también en aquello a lo que renunciaría.

Las personas deben pensar sobre renunciar a sus vidas, y deben mirar el aspecto práctico: qué es posible y qué es imposible. Estoy perfectamente seguro que, en la mayoría de los casos, las personas pueden continuar haciendo lo que tienen que hacer y viviendo como están acostumbradas a vivir. En la vida, no hay nada que no puede convertirse en trabajo si uno trata de recordarse, trata de no identificarse, de entender que todo sucede, etc. No es necesario cambiar las circunstancias; por el contrario, cambiar las circunstancias es peor todavía, especialmente al comienzo. Después puede ser útil, pero no al principio.

Toda ocupación corriente en la vida, puede convertirse en trabajo. Si uno trata de aplicar las ideas del trabajo, entonces, poco a poco, cualquier cosa que uno haga se convierte en trabajo.

Debe aprender primero a trabajar por sí mismo; sin eso no podrá hacer nada; debe aprender a ser útil a usted mismo, a cambiarse. En segundo lugar, debe aprender a ser útil a las personas en la escuela, debe ayudarlas; y luego, debe aprender a ayudar a la escuela como un todo. Como dije, sólo cuando uno trabaja sobre las tres líneas en total, podrá obtener pleno beneficio de la escuela; y de ese modo uno aprende lo que puede hacer fuera de la escuela. Además, en la escuela, uno aprende las leyes cósmicas y empieza a entender por qué ciertas cosas son imposibles.

Recibió estas ideas y llegó aquí porque ciertas personas trabajaron antes que usted y pusieron en esto su energía y su tiempo. Ahora debe aprender a compartir la responsabilidad. No puede continuar obteniendo ideas sin compartir la responsabilidad; esto es muy natural. De modo que si hoy no, entonces mañana uno deberá «hacer». ¿Hacer qué? Uno deberá entender qué exigirse. Estudiamos los métodos de la escuela, y este es el único modo de estudiarlos.

Compartir la responsabilidad es cuestión de entender qué es útil, qué es necesario. Luego, es cuestión de ver qué puede hacer uno, si no ahora, tal vez más tarde. No puede darse en forma de receta.

P. D. Ouspensky: El Cuarto Camino, cap. XI