El poder de elegir

El poder de elegir

Sabiendo que lo que creamos en el exte­rior no es más que la manifestación del estado de nuestra conciencia, utilizamos todos los acontecimientos de nuestra vida para comprendernos mejor, comprender mejor a los otros y la vida en general y así adquirir maestría, dominio. Puesto que la evolución es un proceso de desidentificación con la personalidad en provecho de una identificación con nuestra conciencia en nuestro Ello, el concepto de responsabilidad acelera ese proceso.

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Las emociones negativas generadas por la victimitis son fuente de toda clase de enfermedades, como hemos visto con antelación. El concepto de responsabilidad-atracción-creación, por el contrario, es generador de un estado de ánimo muy positivo que nos hace sentirnos bien. Toda aquella energía utilizada en la victimitis está ahora disponible para crear nuestro bienestar y nuestra satisfacción. Casi toda nuestra fatiga proviene del hecho de que nos resistimos a la vida. Cuando cesamos de resistir a la vida y aceptamos el abandonarnos a su fluir, una energía extraordinaria se nos hace accesible.

Cuando este tipo de energía nos es disponible, tenemos todas las posibilidades de gozar de buena salud no solamente moral sino también física. Cuando los médicos añadan a sus conocimientos buenas técnicas de detección y de cuidados de la victimitis, habrá mucha menos gente enferma, porque la mayor parte de las enfermedades son generadas por una acu­mulación de emociones negativas reprimidas. En lugar de prescribir píldoras, podrían, por ejemplo, dar como prescripción la de tomar algunas gotas de responsabilidad cada día hasta el completo restablecimiento.

El contexto de responsabilidad nos devuelve particularmente uno de los grandes poderes del ser humano el poder de elegir. Utilizando este poder con sabiduría podemos experimentar la vida más conscientemente y de esta forma evolucionar más de prisa.

Como víctima, nos sentimos impotentes, prisioneros en el seno de un mundo absurdo. El contexto de responsabili­dad, por el contrario, nos hace sentir que en cada instante tenemos el poder de elegir y de volver a elegir nuestra vida. Por supuesto que hay situaciones difíciles, pero al estar en contacto con nuestro poder, somos capaces de entrar en contacto con una gran fuerza interior que nos permite hacerles frente. Este sentimiento de ser creadores de nuestra vida nos devuelve todo el sentido de la grandeza y de la dignidad de nuestra propia humanidad.

Annie Marquier: El poder de elegir, cap. 11