Emociones negativas

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Emociones negativas

El contexto de responsabilidad no hará desaparecer instantáneamente todas las reacciones emotivas negativas que todavía podamos tener, porque hace mucho tiempo que ciertos mecanismos se instalaron en nosotros. Sabemos que es impor­tante dejar emerger esas emociones a nuestra conciencia y no suprimirlas. En cambio, esta forma de percibir las cosas nos permite transformar progresivamente esas emociones en tranquilidad y en sabiduría. Es infinitamente más fácil en­contrar nuestro centro y nuestra paz interior en este contex­to. Percibir esta «perfección» del universo nos permite cen­trarnos más rápidamente en nosotros mismos y reencontrar el contacto con nuestra luz interior.

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Esto puede hacerse porque, así como ya lo hemos men­cionado, cuando elegimos pensar en función del contexto de responsabilidad, abrimos la puerta a la energía de nuestro Ello, y nos identificamos en cierto modo con ella. Lo que va ayudarnos a transformar nuestras emociones negativas no es entonces sólo el propio contexto de pensamientos, sino la energía transformadora de nuestro Ello que este contexto ha puesto a disposición de nuestra conciencia. Tampoco se trata de un simple proceso intelectual.

Podríamos retomar la analogía del carruaje para ilustrar este punto. Podríamos decir que cuando sentimos emociones negativas en el contexto de víctima, es como si nuestro cochero intentara imponerse al caballo confiando únicamente en sus propias fuerzas, intentará reprimir con el látigo y si no lo con­sigue, caerá al suelo y el caballo hará con el carruaje lo que se le antoje. Nos encontramos en el fondo de la cuneta. Todo va mal.

En cambio, si nuestro cochero posee el concepto de responsabilidad, le ayudará mucho a hacer frente a los desvaríos del caballo, incluso si por el momento no somos capaces de estar en contacto consciente permanentemente con nuestro Ello. En este contexto, en el momento en que una emoción negativa emerge, nuestro cochero intentará arreglárselas solo y al mismo tiempo pedirá ayuda al Amo. El contacto puede tardar un poco de tiempo en establecerse. Vamos a meditar, a centrarnos, a interiorizar, sin que sin embargo reprimamos la emoción (la tentación puede ser fuerte si los mecanismos es­tán ahí desde hace mucho tiempo, pero podemos pedir la ayuda de un profesional competente, con la que podamos re­conocer, aceptar y liberar la carga emocional subyacente a la reacción). Recurrimos a nuestro Ello, a nuestra sabiduría, a lo mejor de nosotros mismos con los recursos que tenemos. No nos identificamos con la emoción. Asumimos la actitud de observador, la miramos y llamamos a la luz al interior de nosotros. Es por lo que nos hará falta quizá todavía algunas horas o algunos días para vencer una reacción negativa. Pero lo conseguiremos mucho más deprisa y con más eficacia que si nuestra mente-cochero no cuenta más que con sus propias fuerzas.

Por otra parte, al final de nuestra evolución en este ciclo, el cochero será tan receptivo a las órdenes del Amo que nuestra vida será en realidad completamente dirigida por nuestro Ello, vía la mente. Seremos creadores totalmente conscientes y entonces haremos un viaje maravilloso…

De una manera u otra, cuando abrimos la puerta de nues­tro Ello, la paz, la armonía, el bienestar, el poder, la dicha, todas las emociones llamadas, «positivas», se manifiestan na­turalmente. Es lo que los maestros de la sabiduría no han en­señado siempre, y es la observación hecha por miles de personas desde hace siglos. Y el contexto de responsabilidad es una de las llaves fundamentales para abrir esa puerta en nuestro sistema de pensamientos.

Para todas las personas que están en servicios de ayuda, este contexto puede ser de gran utilidad para trabajar con sus clientes. Éstos deben ser con toda evidencia personas que han alcanzado cierto nivel de desarrollo mental, personas que son capaces de servirse de su inteligencia. En este caso, el con­texto de responsabilidad facilita enormemente el trabajo de li­beración emprendido frente a las emociones negativas, cual­quiera que sea el método utilizado. Permite que los resultados sean permanentes, y sobre todo, permite a las personas reen­contrar su autonomía, su poder y una real confianza en ellas mismas y en la vida.

El paradigma de responsabilidad permite pues desactivar fácilmente las emociones negativas más corrientes. El coche­ro empieza a aprender a conducir el caballo… En este sentido es un excelente antídoto contra la violencia. Si nuestros hijos pudieran ser educados en este espíritu, tendríamos una gene­ración sana, llena de coraje, fuerte y creadora, en contacto con su propio poder y capaz de construir un mundo donde reinaría el respeto, la aceptación, el compartir, la sabiduría y la compasión.

Annie marquier: El poder de elegir, cap. 10

 

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