Escala de la materia

La última vez les di una escala de la materia en relación con el hombre y el cuerpo humano. Cada nivel representa cierta densidad de materia y cierta proporción de vibraciones, o, como se llama en el sistema, densidad de vibraciones. El tope do representa la más pequeña densidad posible de la materia y la más rápida proporción de vibraciones. Las vibraciones se vuelven cada vez más lentas al descender la escala, y al final llegan a casi nada, mientras la densidad de la materia aumenta correspondientemente y llega a su máximo.

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Cada una de estas materias representa una extensión muy vasta. Ahora debemos estudiar al hombre como una fábrica química y ver el papel que estas materias representan en el cuerpo humano. Algunos de estos hidrógenos podemos estudiarlos física o químicamente, mientras la presencia de otros podemos determinarla sólo psicológicamente. De manera que esta tabla de hidrógenos nos da la posibilidad de estudiar las manifestaciones físicas y psicológicas como manifestaciones del mismo orden, pero de diferentes grados de la materialidad.

Las personas preguntan a menudo de dónde proviene la energía del hombre. Desde este punto de vista, el hombre puede considerarse como una fábrica química que recibe materia prima de afuera y la transforma en otros materiales de calidad más fina.

Las tres clases de material que el hombre obtiene de afuera son: el alimento que come, el aire que inhala y las impresiones que recibe. El alimento es siempre H 768, el aire es siempre H192, pero las impresiones pueden ser muy variadas. Para comenzar el estudio, a fin de entender el principio, tomamos como norma de las impresiones H 48. H 48 representa tan sólo las incoloras impresiones corrientes, sin carácter alguno. Si veo este pedazo de papel, esta es la impresión 48, nada más. Pero en realidad, las impresiones pueden ser de calidad muy buena o muy mala: de eso hablaremos después.

A partir de estas tres clases de material, la máquina produce todas las materias necesarias para el trabajo de los centros. En el estado corriente, la máquina humana trabaja bastante bien para mantener su propia vida, pero como fábrica química es insatisfactoria, porque consume todo lo que produce; no puede exportar ni almacenar nada. Empero, el desarrollo del hombre depende del almacenaje de las materias superiores producidas por su máquina. De modo que debemos pensar sobre los modos de aumentar la producción. Pero, antes que podamos pensar sobre el aumento de la producción, deberemos estudiar la fábrica desde el punto de vista del desperdicio, pues en las máquinas hay muchas partes que pierden y si no detenemos estás pérdidas, el aumento de la producción sólo acrecentará las pérdidas. Ya hemos hablado de las pérdidas, de modo que, aunque ahora les mostraré cómo trabaja la fábrica, e incluso cómo la producción puede aumentarse, las pérdidas no se muestran en el diagrama. Pero todas ellas están en ustedes, y deben recordar que no pueden aumentar la producción en su estado actual, pues primero de todo deberán detenerse todas las pérdidas. Después de haber hecho esto, será útil aprender los modos prácticos de mejorar el trabajo de la fábrica. Este es el principio.

Les mostraré tres etapas o tres estados de esta fábrica química: primero, cómo trabaja en el hombre corriente nº 1, nº 2 y nº 3, luego cómo trabaja con una clase definida de esfuerzo, y finalmente, cómo trabaja con una segunda clase definida de esfuerzo.

El alimento entra en el piso superior y pasa a la planta baja como Oxígeno 768. En el cuerpo se encuentra con cierto Carbono 192 y, mezclándose con este Carbono, se convierte en Nitrógeno 384. El Nitrógeno 384 se encuentra con otro Carbono, 96, y con la ayuda de este Carbono cambia de Oxígeno 384 a Nitrógeno 192. Esta es una octava ascendente, de modo que estas etapas representan las notas do, re, mi.

Después de mi, hay un intervalo, y la octava no puede desarrollarse más por sí misma. Es muy interesante que, hasta este punto y un paso más, podemos seguir su desarrollo con la ayuda del conocimiento fisiológico corriente. Cuando el alimento entra en la boca se encuentra con varias clases diferentes de saliva y se mezcla con ellas en el proceso de la masticación; luego pasa dentro del estómago y es trabajado por los jugos gástricos, que desintegran azúcares, proteínas y grasas. De allí penetra en los intestinos y se encuentra con la bilis, los jugos pancreáticos e intestinales, que lo transforman en los elementos más pequeños. Estos atraviesan la pared del intestino dentro de la sangre venosa, que es llevada hasta el hígado, donde se encuentra con otros carbonos que la cambian químicamente, y de ese modo hasta el corazón, que bombea la sangre venosa a los pulmones. Aquí es oxigenada por la entrada del aire y devuelta al corazón como sangre arterial. En este diagrama todas las diversas materias presentes en el cuerpo con las que la comida se encuentra hasta mi se dividen en dos categorías: Carbono 192 y Carbono 96. La sangre venosa es mi 192, y la sangre arterial es fa 96.

En el punto en que mi 192 no puede desarrollarse más, entra otra clase de alimento: el aire. Entra como Oxígeno 192, se encuentra con cierto Carbono 48 y, con su ayuda, se transforma en re 96, y esta producción de re 96 da un choque a mi 192 de la octava de alimentos, posibilitándole pasar a fa 96. El conocimiento fisiológico no puede ir más allá de esto.

Re 96 de la octava del aire se encuentra con un Carbono correspondiente y produce mi 48; y con la ayuda del mismo Carbono fa 96 de la octava de los alimentos se transforma en sol 48. Sol 48 puede desarrollarse más, pero mi 48 no puede, de modo que el desarrollo de la octava del aire se detiene en este punto. Sol 48 de la octava de alimentos pasa dentro de la 24, y la 24 dentro de si 12 y allí se detiene.

Las impresiones entran como do 48, pero no pueden desarrollarse más, porque en su lugar de entrada no hay Carbono 12 que las ayude. La naturaleza no proveyó esto, o más bien no proveyó lo bastante como para producir algún efecto considerable, de modo que do 48 no se transforma, y las tres octavas se detienen en eso.

P. D. Ouspensky: El Cuarto Camino, cap. IX