LA VIDA ES TRASPASANTE

 

Frente al fuego del hogar, hablando con mi mamá.

Flavio —Desde que hablé con Aída, tengo más hambre. Ya sé que para cumplir mi misión tengo que comer

y crecer; necesito mi cuerpo. Así que solté al perrito que estaba encerrado en mi panza, a mi parte animal. Yo

estaba demasiado concentrado en mi mente, me olvidaba del cuerpo, y mi cuerpo, mi parte animal, tiene

mucha hambre. Ahora aprendí a desconcentrar la mente, no estar tanto metido en la cabeza, a dispersarla por

todo el cuerpo. La mente está en la cabeza, pero también está en el cuerpo. El cuerpo se mueve porque la

mente le da órdenes. Estoy empezando a formar mi yo. El «yo» sirve para meter al alma en el cuerpo. Pero

uno no es ni la mente ni el cuerpo. Uno es la vida, y la vida es todo, es la mente y el cuerpo, está adentro y

afuera. La vida es todo y está en todas partes. La vida es traspasante, lo traspasa todo, como los rayos, como

la luz.

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¿Ves el fuego? El fuego también vive, de otra manera que nosotros, otra clase de vida. Las plantas también

tienen vida y mente, una mente diferente a la nuestra, saben que tienen que permanecer adheridas a la Tierra,

y crecer. Están también adheridas al Sol. Son muy concentradas y espirituales; tienen un cuerpo muy finito,

apenas te acercás y ya te sienten. Las plantas se alimentan directamente de la tierra, no como nosotros que

nos alimentamos de las cosas que se alimentan de la tierra. Las flores necesitan de los humanos y los

humanos necesitan de las flores. Ellas curan nuestros sentimientos y hasta algunas heridas físicas. Comer

flores sería lo mejor para los humanos, porque las flores tienen una larga evolución.

Las hormigas también tienen una vida diferente: están conectadas entre sí; forman parte de una sola mente.

El hormiguero es una sola mente que tiene un cuerpo disperso en cada hormiga.

La mente humana es propia, es solitaria. Los humanos creen que la mente está en el cerebro, y que la vida

está en el cuerpo. Pero la vida traspasa el cuerpo y la mente, todos somos parte de la Vida. La vida viene de la

estrella de cada uno, y la estrella viene de Dios.

Flavio, 5 años

 

RAYUELA

Flavio —Estuvimos jugando a la rayuela. Lo que más me gusta es eso del cielo y la tierra. Imaginate,

mamá, si la cosa fuera así: uno nace y muere, nace y muere, nace y muere.

Mamá — ¿Te gustaría que existieran otras vidas?

Flavio — Sí, me gustaría! Me parece que existen otras vidas, pero en otra forma, en otros planetas. Cada

vida es un planeta. ¿Qué escribís? Esto no lo escribas.

Mamá (tomando nota del diálogo) — ¿Por qué?

Flavio — Porque esto no lo puedo captar con claridad. Lo que pasa es que a mí me gustaría, por eso no

puedo estar seguro. No estoy ni seguro ni no seguro. Estoy en el medio.

Mamá — Estás inseguro.

Flavio —¡Eso! ¡Estoy inseguro! Las ganas no me dejan captar con claridad.

Mamá —¿Cómo haces para captar estas cosas?

Flavio —Yo capto instantáneamente. Todos tenemos ondas mentales, pero no todos las usan. Porque para

usar las ondas mentales no hay que usar la mente. Es como con la computadora. Hay que ponerle «stop» a la

mente. Cuando estás despierto, siempre tenés que usar aunque sea un poquito de mente para manejar el

cuerpo. Las ondas mentales pueden ser de distinta frecuencia, pero para tener más potencia necesito pasar

por mi estrella. Si estoy despierto lo más lejos que puedo llegar con mis ondas mentales es a mi estrella.

También puedo ir a todas partes dentro de este planeta. Pero para atravesar otros mundos es mejor estar

dormido.

Mamá —¿Y cómo hacés eso?

Flavio —Es fácil. Para eso tengo que parar los sueños. Borrás todo el sueño, pero seguís dormido.

Entonces ponés al máximo las ondas mentales, podés atravesar todo este mundo e ir pasando de un mundo

a otro. En cada mundo las vidas son distintas. Pero esto no lo puedo hacer muy seguido porque me canso

mucho. Para tener la potencia máxima tengo que pasar por mi estrella.

Mamá —¿Y qué es tu estrella?

Flavio — Cada uno tiene una estrella. Mi estrella es toda mi energía mía. Mi estrella es dorada.

El dorado es el color normal de la energía. También se puede cambiar el color de la estrella. El amor es rojo,

es fuerza, es calor. El verde es el color que da más fuerza, cuando te falta energía. ¿Estás escribiendo los

colores? No escribas eso, porque los colores los pone la mente, porque vos viajás con la mente. Al pasar por

mi estrella yo aumento la potencia de mis ondas mentales y puedo atravesar este mundo y otros mundos más

fácil y más rápidamente.

En realidad, lo que me parece más cierto de todo es que uno puede tener dos tipos de vida. Vidas como las

humanas, de distinta forma según el planeta, y vidas mentales. La vida mental es ser como una navecita, como

una cosita que vuela, podés ver todo, lo visible y lo invisible, podés captar todo. Pero lo más importante es que

captás siempre lo verdadero. No te puede pasar lo que a mí me pasa ahora de no estar seguro de algunas

cosas. (Con expresión de nostalgia) ¿Sabés, mamá? Todo lo que captás es verdadero y podés pasar de un

mundo a otro, atravesar todos los mundos sin pasar por tu estrella.

¡Porque vos sos tu estrella!

Flavio, 5 años

TIEMPO Y DESTINO

Entre muchos destinos se forma el único destino. El destino de la humanidad.

Dios no tiene tiempo. Está fuera del tiempo. Todo lo que está dentro del tiempo empieza y termina.

El tiempo sirve para que un ser nazca, crezca y muera, para que haga todo ese proceso.

Dios es y no es un proceso, es lo que hace el proceso de la vida.

Flavio, 6 años

LOS MILAGROS

Flavio — Papá, siempre me acuerdo del chiste que me contaste en el auto.

Papá —¿Qué chiste?

Flavio —El chiste del hombre que está en una inundación, sobre el techo de su casa. El agua sube y viene

un bote a buscarlo. El dice: — No gracias; no me voy. Dios me va a ayudar.

El agua sigue subiendo. Viene una lancha de la policía y le dice:

— Venga, hombre, se va a ahogar. El contesta: — No, gracias, no me voy. Dios me va a ayudar. Por último,

ya el agua llega al techo, y viene un helicóptero. El tampoco quiere irse; piensa: — Dios me va a ayudar.

Entonces el agua lo tapa y se muere. El alma sale del cuerpo, y cuando se encuentra con Dios le pregunta: —

¿Por qué no me ayudaste? Dios le contesta: — ¡Claro que te ayudé! ¡Te mandé un bote, una lancha y un

helicóptero! ¿Sabes que estuve pensando en ese chiste?

Papá —¿Qué estuviste pensando?

Flavio —Ese chiste es muy útil para entender una cosa de los humanos. A veces esperan milagros, esperan

que Dios cambie las leyes físicas para mostrar su poder. Ese hombre era un tonto; no sabía que Dios siempre

responde, pero si estás en el plano físico, te manda ayuda física, sólo la tenés que saber ver. Cuando una

persona siente a Dios no necesita que Dios haga milagros.

Flavio, 6 años

INFORMADOR

Mamá —¡Cuidado! ¡Casi te caés! ¡Qué trabajo me da cuidarte!

Flavio-Bueno, suerte que me agarraste… Pero este es tu trabajo acá en la Tierra, cuidarme. Vos me

cuidás y yo tengo que cuidar a miles de almas.

Mamá(con cierta ironía) — ¡Así que sos una personita muy importante! Me parece que sos un poco

vanidoso…

Flavio(con naturalidad) — No me entendés. En el plano físico, a uno le toca cuidar algunas personas. Vos,

por ejemplo, me cuidás a mí, a mi hermano… estamos a tu cargo. Yo, como soy un niño, sólo tengo que cuidar

a mi gata… Pero en el plano espiritual todos ayudamos a la evolución de muchos seres y a la vez hay seres

que nos ayudan a nosotros. Yo, justamente, no tengo demasiadas almas a cargo, vos, seguramente que tenés

más que yo. ¿Sabés por qué?

Mamá —No te entiendo muy bien.

Flavio —Vos sos una «cuidadora», yo soy un «informador». Mi función es informar aquí en la Tierra sobre el

plano espiritual, y cuando duermo, mi trabajo es informar a los otros mundos cómo es la vida aquí en la Tierra.

Para informar aquí necesito palabras, hablar, explicarme y que me entiendan. En otros mundos es más fácil.

Trasmito con ondas telepáticas, y los que quieren, captan. Claro que les parece increíble que exista un mundo

como éste. Es muy raro.

Mamá —¿Por qué es tan raro? A mí no me parece.

Flavio —A vos no te parece raro porque estás adaptada desde hace muchas vidas. Sos vieja en la Tierra,

por eso sos mi cuidadora, me podés enseñar cómo vivir aquí.

No te imaginás lo difícil que es explicar a otros seres, algunas cosas. Por ejemplo, para tomar energía los

humanos introducen en su cuerpo físico cadáveres de otras formas de vida, usando unos instrumentos

(cubiertos). Primero las preparan, cocinan. Todo esto es para extraer apenas un poquitito de energía. Lo que

les sobra lo sacan del cuerpo (hacen caca). La energía del Sol la toman más directamente pero no les llega

muy bien porque usan ropa. En los demás planetas la extracción de energía es más directa, se absorbe de la

Fuente.

Otro tema: la forma de comunicarse. Como es un planeta tan denso no funciona bien la telepatía, la

transmisión directa por ondas mentales. Por eso existe la mentira. La comunicación se hace con sonidos que

salen del cuerpo por un agujero (la boca). El aire mueve las cuerdas vocales y salen las vibraciones que

representan a las cosas. Encima, en distintos lugares se hacen sonidos diferentes para decir lo mismo. ¡Es

muy complicado!

Además existe la gravedad, que es el peso que te tira; estás como aplastado, y no se puede volar. Sólo se

puede volar en sueños o con las ondas de pensamiento.

Flavio, 6 años

SOLO DE DIIOS

(De las notas de mi papá.)

Al atardecer paseo con Flavio junto al mar.

Papá —¿Qué te pasa Flavio, que te veo triste?

Flavio — Me siento solo.

Papá —No estás solo; estás conmigo, estás con mamá, con tu hermano, y todos te queremos mucho.

¿Extrañás la casa de Buenos Aires?

Flavio se detiene, me mira con los ojos llenos de lágrimas, y dice entre sollozos:

— No entendés. Nadie entiende. No me siento solo de humanos; me siento solo de Dios; no se puede

comparar. A esta hora, cuando el Sol se va y todavía no se ven las estrellas ni la Luna, extraño a Dios.

Flavio parece más pequeñito aún frente a la inmensidad del mar, en la playa desierta. Trato de consolarlo

abrazándolo, pero siento que sólo su cuerpo está ahí. Se abandona a mis brazos pero está muy lejos. Hasta

que con un profundo suspiro, se seca las lágrimas y regresa. Me dice:

Papá, volvamos a casa.

Flavio, 6 años

LA MUERTE Y LA NADA

Hay palabras que sólo existen en este planeta tan físico, como la palabra nada y la palabra muerte.

La palabra nada sola, no puede existir; puede existir nada de algo, pero nada de nada no tiene sentido

porque siempre existe Dios. Nunca algo de Dios puede rendirse o no existir.

Es imposible la nada y también, nada es imposible.

Si a un ser más espiritual, a un ángel por ejemplo, le decís que algunos humanos creen en la nada, no lo

pueden entender; se dan cuenta que esos humanos son muy ignorantes.

Algunas personas creen que con la muerte se acaba todo. Es cierto que cuando el humano se muere se

acaba el cuerpo físico, pero no se muere todo el humano, el alma se va con Dios. Se puede tener un poco de

miedo porque es un cambio muy grande, dejar de ser físico, pero es como terminar la escuela, y después

seguir aprendiendo, ir a otro grado, o ir a una escuela diferente.

O sea, la muerte, como final de la vida, no existe; la vida sigue, de otra manera, seguimos siendo parte de la

vida que viene de Dios y que vuelve a Dios.

Flavio, 6 años

LA VERDAD

Estoy rodeado de libros, preparando una conferencia, muy abstraído. Se acerca Flavio. Me dice:

Flavio —¿Qué estás haciendo?

Papá —Estoy estudiando…, preparando una charla.

Flavio —¿Por qué tantos libros?

Papá —Para ver lo que se ha escrito sobre el tema, y plantear lo que yo pienso.

Flavio —Esas son las verdades de los otros. Vos tenés que mirar dentro tuyo y decir tu verdad.

Papá —Para mí no es tan fácil. Yo he llegado a mi propia verdad leyendo bastante.

Flavio —Claro, a vos Dios te trasmite la verdad a través de los libros. Yo no necesito leer libros. Tengo una

conexión directa. Yo siento la verdad.

Papá —A veces pienso que mis propias ideas pueden influirte y no quiero hacer eso.

Flavio —No, eso no me puede pasar. Los seres humanos tienen ideas, se agarran de las ideas, como yo de

este almohadón. (Toma un almohadón y lo aprieta contra él.) A veces cambian sus ideas por otras, que les

gustan más o les parecen más interesantes. Yo no puedo cambiar mis ideas, porque estoy así. Las ideas están

en mi base, son mi base, forman parte de mí. (Pone el almohadón en el suelo y se para sobre él.) Por eso no

podés influirme. Pero me podés ayudar mucho si me enseñás palabras, que me ayuden a explicar lo que ya sé.

Papá —¿Cómo puede ser que vos ya vengas sabiendo conceptos que a mí me costó años descubrir y

comprender?

Flavio —El amor ayuda. Ustedes vinieron a través del amor de sus padres, que se querían bastante. Pero el

amor de mamá y de vos era todavía más grande, porque era menos personal, por eso yo pude mantener

abierta la conexión.

Flavio, 6 años

VIIDA Y APRENDIIZAJE

Patricia-Flavio, ¿por qué somos tan diferentes y nos tocan cosas tan distintas?

Flavio —No todos pensamos igual ni todos queremos lo mismo, pero eso nos hace tener una vida original.

Hay que vivirla con alegría; siempre hay más y más; hay otra vida para estrenar y hay más momentos para

aprender.

En cada vida aprendemos un poco más cada día, y nos llevamos las experiencias constructivas, y a veces

deseos y cosas malas.

En realidad, la vida es una gran escuela: algunos recién empiezan, otros repiten, se va avanzando en los

niveles de aprendizaje hasta que uno llega a profesor. Entonces es un profesional de la eternidad y tiene la

misión de bajar y ayudar a los alumnos a que lleguen al mismo nivel. Enseñarles que todos somos partes de

Dios y que la vida nos pule hasta llegar a la perfección.

Flavio, 7 años

ALMA Y VOLUNTAD

Patricia, está ensimismada y en silencio.

Flavio se acerca, la observa y le pega un golpecito en la mano con un lápiz.

Patricia(sobresaltada) — ¿Qué hacés?

Flavio —¿Qué sentís?

Patricia —Qué sé yo. Me fastidia. Si no fueras vos me enojaría mucho. Sos un chico muy raro, parece que

adivinaras lo que me pasa.

Flavio —Te pregunté qué sentís y no qué pensás, porque vos pensás demasiado. Tenés que dejarte vivir y

esperar la respuesta. Pensás y pensás. Creés que cavando con una pala vas a llegar más rápido a los

cimientos. Escarbando con el dedo igual vas a llegar. No uses tanto tu voluntad personal, no revuelvas tanto

dentro de tu cabeza.

Hay que dejarse empujar por el alma.

Flavio, 7 años

EL ALMA Y LA MÁSCARA

Flavio —Tengo que buscar una definición diferente de la palabra «amigo». Estamos haciendo un diccionario

personal.

Mamá —Hace poco leí una linda definición: «amigo es aquel a quien podemos decirle todo de nosotros

mismos»

Flavio —Es linda, pero a mí no me sirve, por lo menos para mis compañeros de escuela. Ya sabés que mi

mejor amigo es Alejandro y sólo le muestro mi máscara, no sabe lo más importante de mí.

Mamá —¿Qué es tu máscara?

Flavio —Mi máscara es mi personalidad. Soy Flavio, un niño de casi ocho años, bastante buen alumno, buen

compañero, no tan bueno en deportes. Pero esto es sólo una partecita de lo que yo soy.

Mamá —¿A mí me podés contar quién sos vos realmente?

Flavio —

A vos te lo vengo contando desde que tengo tres años. Soy un alma que viene, como muchas otras,

a ayudar en este momento del planeta. Ahora estoy en la Tierra, este planeta tan físico que está empezando su

camino a lo espiritual. Para llegar a la Tierra tuve que pasar por el Sol para entrar en este sistema solar.

Después ensayé lo denso en planetas menos físicos que la Tierra. El Universo es el cuerpo físico de Dios y los

humanos apenas conocemos una partecita.

Podemos decir que un alma nace como alma cuando se desprende del núcleo de esencia divina. Pasa por

muchas maneras de ser, por diversas formas de existencia, y después vuelve al núcleo enriquecida por la

experiencia. En este sentido, mi alma tiene mucha experiencia, pero tengo muy poca práctica en este mundo,

tan difícil. Por eso necesito mucha ayuda.

Flavio, 7 años

LOS DESEOS

Todo llega, en la vida todo llega. Hoy se me cumplió un deseo. El más mínimo deseo, hasta el deseo más

profundo se puede llegar a cumplir.

Lo negativo no son los deseos, sino aferrarse a ellos, especialmente cuando uno se acerca a la muerte.

Es bueno morir sin deseos. Cuando uno tiene un deseo muy fuerte se lo lleva a la otra vida. Cuanto más

particular es el deseo (por ejemplo cuando uno quiere vengarse de una persona), más fácil es llevarlo a

cuestas a la próxima vida. Un deseo más general (por ejemplo el deseo de ser amado), es menos pesado,

porque te condiciona menos.

La mayoría de la gente no quiere morir, porque tiene miedo a la muerte. Este es un deseo general, es muy

común y no es tan grave. Es como el miedo a un examen. Cuando uno da el examen se le pasa el miedo.

La última vida en el planeta Tierra, tiene que ser muy pura, estar muy libre de deseos.

Flavio, 7 años

ENEMIGO

Flavio —Hoy tuve una pelea en el colegio. Tengo un compañero muy peleador. Me pegó un empujón y tuve

que enfrentarlo. Pero no le pegué, lo miré a los ojos y le dije con fuerza que no me molestara. No me gusta

tener enemigos, ni quiero ganar en las peleas.

Papá —¿Por qué?

Flavio — Si querés ganar algo, eso tiene un precio. Aunque uno gane una pelea, el enemigo se le vuelve

maestro. Cuando venciste mal al enemigo, el ganar se te vuelve en contra.

Cuando uno logra algo positivo tiene que enfrentarse después con el lado negativo. Siempre hay que pasar

por el lado opuesto, así se aprende.

Flavio, 7 años

ANTES DE DORMIR

Mamá — ¿Qué te pasa? ¿Estás cansado? Ya es hora de dormir…

Flavio —No, no estoy cansado, me sobra energía, pero estoy muy tenso. Ahora me doy cuenta de la

diferencia que hay entre energía y tensión; es la misma que hay entre el agua y la bomba de agua. ¿Viste la

bomba de agua que hay en el campo de tío Juan?

Mamá— Sí ¿Cuál es la diferencia?

Flavio — La energía es como el agua, la tensión es la bomba de agua. La energía atraviesa lo físico,

estamos en un mar de energía. Con todo, la energía es apenas una partecita chiquita, como un microbio, del

alma.

La tensión es la energía que se traba.

Para absorber energía en el plano sutil, hay que volver a la Fuente. Si estoy despierto me concentro, voy más

allá del cuerpo, entro en la luz, y voy directo a la estrella.

Algunas personas creen que con lo físico se puede tocar lo espiritual. Pero no es así. Es como tratar de tocar

una sombra. Pero con lo físico, a través de lo mental, se puede llegar a lo espiritual por concentración.

Lo más difícil no es dejar el cuerpo, sino dejar el yo. El yo es muy pesado.

Me parece que la forma más común que tienen los seres humanos de volver a la Fuente se da cuando están

dormidos. Lo mejor es irse a dormir sin el peso de lo que pasó en el día. Antes de dormir hay que limpiar la

mente.

Mamá — ¿Cómo se hace?

Flavio — Por ejemplo, el otro día, cuando no vinieron a buscarme a la escuela. Estuve un poco asustado

pero después se me ocurrió pedir permiso para llamar a casa. El problema es el sentimiento de miedo. Yo

paralizo la imagen, la observo y la paso muchas veces. Después suelto. Así, el recuerdo del miedo, se me va

yendo, lo paso de largo. Conservo lo bueno que hice, que es organizarme para llamar a mi casa.

Lo básico es dejar pasar lo que pasó, no esperar que me pase de nuevo. Así no me llevo el miedo encima,

me lo saco de adentro. No hay que guardar nada negativo.

Lo negativo alimenta la tensión y no deja que la energía siga su camino, que vuelva a la Fuente.

Flavio, 7 años.

ENCUENTROS-LA MISIÓN

(De las notas de mi mamá.)

A los seis años, Flavio estaba pasando un período difícil: se sentía muchas veces desanimado y triste,

estaba inapetente y desvitalizado. Solía decir: «Me cuesta mucho vivir. Este mundo es muy difícil para mí». En

ese momento nos visitó Aída, una psicóloga transpersonal de origen brasileño. Al encontrarse con Flavio

establecieron una intensa conexión, a pesar de la diferencia de edad y de las dificultades idiomáticas. Aunque

el papá y yo estábamos presentes, quedamos al margen de una interacción muy especial que se estableció

entre los dos. Ella fue la primera persona que no le habló como si fuera un niño. Le contó las dificultades que

también ella había tenido cuando era chica, para adaptarse al plano físico. Flavio se sintió comprendido y cerca

de ella. Estaban conmovidos, con lágrimas en los ojos.

Este encuentro fue muy útil para Flavio. A partir de ese momento mejoró su estado anímico y mostró mayor

interés en alimentarse mejor y conectarse más con la realidad cotidiana.

Cuando ella se fue, Flavio nos comentó, exultante:

— ¡Al fin encontré una persona parecida a mí! ¡Tiene mi misma misión! Yo me sentía muy solo en la Tierra.

Ahora sé que somos muchos y que nuestra misión es decir las cosas que sabemos hasta que todos las sepan

y las sientan. Venimos para ayudar en el plano físico, porque otros seres ayudan desde otro plano.

Los humanos van a empezar a ser diferentes; los niños que vienen van a estar más abiertos a lo espiritual.

Mucha gente cree en Dios pero no lo siente. Otros no creen, porque no aceptan lo que dicen las religiones,

pero sienten que son parte de la Vida, y la Vida viene de Dios. Cuando todos los seres humanos recuerden que

son partes de Dios, este planeta va a dejar de ser como es ahora. Claro que no se sabe cuánto va a durar este

cambio, porque depende de muchas cosas, pero no se puede evitar, porque ya empezó el movimiento que

lleva a los humanos a ser menos físicos, y volver a lo espiritual.

El alma de los humanos da muchas vueltas a la Tierra, para practicar con la materia.

Pero ahora empieza a practicar más lo espiritual. También el alma puede ir a otros planetas y tener otras clases de vida, dar la vuelta por todo el Universo, y

finalmente volver a ser parte de Dios.

EXTRAÑAR

Mamá — Estás triste. ¿En qué estás pensando?

Flavio (con nostalgia) — Extraño a mi Almín… A mi Almán… Extraño de donde vengo…

Mamá — ¿Qué son el Almín y el Almán?

Flavio — Son dos palabras que se me ocurrieron, me parece que no existen. El Almín es un conjunto de

almas de la misma vibración. Son de polos diferentes y están juntas en una especie de «nido de almas». Están

fuera del Universo conocido. Algunas se desprenden del Almín y empiezan un largo camino, entran al

Universo, pasan por el Sol y al final llegan a la Tierra.

Me parece que Aída y yo somos del mismo Almín, por eso me entiendo con ella.

Mamá —¿La extrañás?

Flavio — No, no la extraño. Porque los seres del mismo Almín estamos en conexión, aunque no estemos

juntos en el plano físico. Además no todos tienen cuerpo físico, pueden actuar en otras dimensiones.

Flavio, 6 años

CARTAS

Querida Aída: (Te escribe mi mamá.) El libro me gustó mucho. ¡No puedo creer que en un libro escriban lo mismo que yo pienso!

El planeta Tierra es una escuela. Es una escuela muy difícil porque tiene mucha materia y poco espíritu. Los

humanos venimos a aprender a manejar el cuerpo y las cosas que se tocan.

Pero hay muchas escuelas, en distintos planetas, para aprender cosas diferentes.

También hay planetas-casas, donde están las almas. A mí me parece que vengo del Sol; en el Sol hay puras

almas. Después pasé por Saturno, que es menos físico que la Tierra. Ahora me parece que entendí mejor eso

de la reencarnación. En este planeta es tan difícil tener un cuerpo que hay que salir y entrar muchas veces de

los cuerpos para aprender a manejarlos.

Además es diferente ser hombre que ser mujer. Los hombres tienen más energía. Las mujeres, cuando

tienen hijos, le dan su energía, y la energía se les vuelve transparente. Los hombres pierden menos energía,

pero las mujeres aprenden algo importante: ¡cuando tienen hijos «practican» la muerte! Cuando el bebé sale de

la panza es parecido a cuando el alma sale del cuerpo.

Algunas personas no saben esto y la muerte los pone tristes. Creen demasiado en que existe sólo lo físico.

Se olvidan que la vida viene de Dios ¡y nada de Dios se termina nunca! Aunque el planeta Tierra explotara va a

ser todavía un pedazo de Dios.

Yo antes creía que Dios era todo el Universo, pero un día Dios me mostró el vacío y me dijo: «Yo también soy

esto». El Universo, los otros universos y el vacío, nunca se terminan, porque Dios no tiene fin ni principio.

Para que las almas de los humanos no se pongan tristes, todos unidos tenemos que hablar de esto.

Desde que viniste a mi casa, Aída, ya sé que somos muchos los que tenemos la misma misión. Y me parece

que ahora vienen muchas almas para ayudar a este planeta. Son gente «misionera». Cariños.

Flavio

Flavio, 6 años

Querida Aída:

Me gustó tu carta. Tuve una idea del Almín y el Almán…

El Almín es un conjunto de almas y el Almán es un conjunto de Almines. El Almán cuida al Almín.

El Almín cuida las almas. Las almas del mismo Almín, cuando están en la Tierra se conectan con la onda del

Almín. Nosotros tenemos que ver porque somos del mismo Almín.

Con cariño.

Flavio

Flavio, 6 años

13-5-88

Querido Trigueirinho:

Me llamo Flavio y tengo siete años. Me gustaría hablar con vos sobre Dios.

Yo sé que:

Dios es todo. El humano esta compuesto de: Alma, Yo y Cuerpo.

Flavio Cabobianco

Mi mamá tuvo referencias de Trigueirinho, un pensador y guía espiritual residente en Brasil, cuando yo tenía

un año.

Le escribió una carta relatando las experiencias que había tenido luego del parto, y pidiéndole su opinión.

Le contestó unas líneas que anunciaban el proceso que vendría después: «Su nombre, Alba, corresponde al

nacimiento del Sol, y eso es lo que le está sucediendo.»

Cuando tenía siete años conocí a Triguerinho, fue una linda conexión, y desde entonces lo veía dos o tres

veces al año, cuando venía a enseñar a Buenos Aires.

Trigueirinho es un ser misionero como yo, pero él tiene distinta misión.

Venimos los dos para ayudar al proceso de espiritualización.

Cuando nos encontramos, estamos muy bien juntos aunque hablemos poco. Sin embargo, muchas veces

pasó que los dos estábamos desarrollando temas parecidos. Esto sucede porque captamos la misma onda

espiritual.

Hace dos años me pidió permiso para poner algunos escritos míos en uno de sus libros. Después se alegró

mucho cuando yo me puse a realizar mi libro y me dio algunas sugerencias sobre el ordenamiento, ya que él

tiene mucha práctica como escritor.

Flavio, 9 años

MI HERMANO MARCOS, COMPAÑERO DE VIDA

Marcos es mi compañero de vida aquí en la Tierra y también lo fue en otros niveles.

Mi hermano y yo somos del mismo equipo de almas, pero de distinto polo. Vinimos juntos a cumplir una

misión, a ayudar a los seres de la Tierra a tener más conexión con lo espiritual.

Tenemos funciones diferentes. Yo tengo que mostrar y explicar la existencia de la realidad espiritual, en

cambio mi hermano ayuda más con su irradiación. Mi hermano fue un puente que me ayudó a venir, y sigue

siendo un puente entre la gente y yo.

Estamos aprendiendo a cooperar en este plano; a veces nos peleamos, pero también nos complementamos

muy bien.

Flavio, 9 años

MENSAJES DE DIIOS

Marcos — A veces, yo sé lo que pensás, pero más sé lo que sentís. Pero lo más importante son las cosas

que sé de Dios. ¿Sabés, mamá? Cuando Dios me armó en el cielo, me dijo: «Te quedas con mi recuerdo; me quedo con tu sonrisa».

Y yo me acuerdo de Dios; yo sé cómo es la casa de Dios. Yo sé que venimos de la

casa de Dios y que después de la muerte volvemos a Dios. Dios le mandó unos papelitos a mi papá que dicen

lo que tengo que hacer; le voy a pedir que me los busque y que me los lea. También me dijo: «Tenés un

hermanito y tenés que quererlo mucho». Y yo lo quiero, ¿verdad?

Mamá — Sí, claro.

Marcos —Tengo que querer mucho a todos, a los amigos y a toda la gente. Tengo que querer y curar. Me

dijo otras cosas que me olvido; me acuerdo de noche cuando estoy dormido. Yo veo con los ojos cerrados. Veo

a Dios, pero Dios no tiene cuerpo, no tiene boca, pero habla, está en todas las cosas, también está en la

comida, y está en el aire. Dios está dentro de la gente, también…

SIGUE

Flavio Cabobianco-VENGO DEL SOL