Por qué ya no necesitas temer a la muerte

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Lo primero que debemos hacer para llevarnos en esta dirección es definir la muerte. En última instancia, lo que vemos como muerte es solo una manifestación de un proceso que está sucediendo todo el tiempo. Entonces, en lugar de enfocarse en la muerte como yendo de un estado (vivo) a otro (muerto), es mucho más útil verlo así: Morir es la ruptura de una realidad para dejar sitio a otra.
Lo que esta definición nos muestra es que la muerte es una ocurrencia continua que es la mitad de un proceso más grande; cambio. La otra mitad es vida. La muerte y la vida existen como una, y no pueden existir sin la otra. Lo asombroso de ver la muerte de esta manera es que con esto se da cuenta de que este movimiento de energía (morir) es totalmente aplicable a nuestra vida cotidiana. 

Vergüenza

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La pérdida de lo que ha sido valorado puede llevar al remordimiento, el dolor, la tristeza, el luto, el duelo y la soledad. La pérdida se deriva del apego, así como de la ilusión de que el objeto personal o estatus era una fuente de felicidad “ahí fuera”.
Una fuente de pesar y pérdida es la expectativa poco realista del yo y los demás. Nada en el mundo de la forma es permanente. Al final, todo ha de ser entregado a la voluntad de Dios. Para tener éxito en la entrega, es necesario tener en cuenta que la voluntad de Dios no se personaliza para adaptarse a los deseos individuales. La voluntad de Dios es en realidad el diseño kármico de todo el universo. Entregarse a la voluntad de Dios es entregarse a la verdad que no es otra cosa que la Realidad Última permanente. Todo lo que surge en la forma pasa. Una pérdida es una oportunidad para liberarse de un apego.
La pérdida representa un aferrarse al pasado y el sustituir los recuerdos por la consciencia de la Realidad. En ningún simple instante existe ya más la pérdida o la ganancia, ambas surgen de construir la historia de la propia vida.