Poquísimas personas son capaces de comprender que están dormidas, y de hacer los esfuerzos necesarios para despertar. Primero, el hombre debe estar preparado, debe entender su situación; segundo, debe tener bastante energía y un deseo suficientemente fuerte para poder salir.
En toda esta extraña combinación que es el hombre, lo único que puede cambiarse es la consciencia.
Es necesario pensar de modo diferente, y esto significa ver las cosas que no vemos ahora, y no ver las cosas que vemos ahora. Vemos, como en la alegoría de la caverna, de Platón, sólo los reflejos de las cosas, de modo que lo que vemos ha perdido toda realidad. Debemos comprender cuan a menudo somos gobernados y controlados no por las cosas mismas sino por nuestras ideas de las cosas, nuestras opiniones de las cosas, nuestro cuadro de las cosas. Esto es lo más interesante.
Lo que puede desarrollarse en el hombre es la consciencia y la voluntad, y sólo pueden ser desarrolladas si el hombre comprende que no las posee.
El conocimiento real, el conocimiento objetivo es el conocimiento que proviene de la mente superior. Tal conocimiento nos enseña cómo estudiar al hombre, cómo estudiar el universo, y también cómo estudiar a uno en relación con el otro. Con el conocimiento objetivo es posible conocer el mundo real mediante el uso de los principios de la relatividad y la escala, y mediante el conocimiento de las dos leyes fundamentales del universo: la Ley de los Tres y la Ley de los Siete.
Todo lo que usted aprendió, todo lo que oyó sobre la posibilidad de desarrollo, todo se refiere al ser. Primero de todo, el desarrollo del ser significa despertar, puesto que el rasgo principal de nuestro ser es que estamos dormidos. Mediante el intento de despertar, cambiamos nuestro ser; este es el primer punto. Luego, hay muchas otras cosas: crear la unidad, no expresar las emociones negativas, la observación, el estudio de las emociones negativas, tratar de no identificarse, tratar de evitar la charla inútil… todo esto es trabajo sobre el ser. Es verdad que de este modo usted adquiere cierto conocimiento, pero si es simplemente conocimiento intelectual, se lo pone por separado. El ser es poder, poder «hacer»; y el poder «hacer» es poder ser diferente.
A cada momento el conocimiento del hombre depende de su ser. Esto es lo que no entendemos. El hombre puede obtener sólo tanto conocimiento como su ser lo permite; de lo contrario su conocimiento será tan sólo palabras. Si el conocimiento se da a varias personas, una de ellas lo obtiene, otras no. ¿Por qué? Evidentemente, porque el ser de éstas últimas es diferente.
Aunque muchísimos de nuestros «yoes» están desconectados y ni siquiera se conocen entre sí, están divididos en ciertos grupos. Esto no significa que estén divididos conscientemente; están divididos por circunstancias de la vida. Estos grupos de «yoes» se manifiestan como roles que el hombre representa en su vida. Todos tienen cierta cantidad de roles: uno corresponde a un conjunto de condiciones, otro a otro, etc. El hombre mismo advierte raras veces estas diferencias. Por ejemplo, tiene un rol para su trabajo, otro para su hogar, y otro entre los amigos, otro si le interesa el deporte, etc. Estos roles son más fáciles de observar en otras personas que en uno mismo.