Muchas personas con las que hablo en todo el mundo parecen tan golpeadas y atadas por su propio abuso interno que la libertad interior se les escapa. Sin embargo, la salida es bastante simple, aunque a menudo extremadamente desafiante. Significa decir «no» a la voz totalitaria en nuestras cabezas y «sí» a la posibilidad de ecuanimidad interna. «Sí» a la inclusión. Te sugiero que simplemente abras tu mente y permitas que tu vida sea utilizada por la fuerza que está viva en tu corazón.
Poquísimas personas son capaces de comprender que están dormidas, y de hacer los esfuerzos necesarios para despertar. Primero, el hombre debe estar preparado, debe entender su situación; segundo, debe tener bastante energía y un deseo suficientemente fuerte para poder salir.
En toda esta extraña combinación que es el hombre, lo único que puede cambiarse es la consciencia.
Todo lo que usted aprendió, todo lo que oyó sobre la posibilidad de desarrollo, todo se refiere al ser. Primero de todo, el desarrollo del ser significa despertar, puesto que el rasgo principal de nuestro ser es que estamos dormidos. Mediante el intento de despertar, cambiamos nuestro ser; este es el primer punto. Luego, hay muchas otras cosas: crear la unidad, no expresar las emociones negativas, la observación, el estudio de las emociones negativas, tratar de no identificarse, tratar de evitar la charla inútil… todo esto es trabajo sobre el ser. Es verdad que de este modo usted adquiere cierto conocimiento, pero si es simplemente conocimiento intelectual, se lo pone por separado. El ser es poder, poder «hacer»; y el poder «hacer» es poder ser diferente.
No hay modo alguno de saber nada, porque no hay palabras para referirse a lo que esto es. Y, como ocurre con los recién nacidos, todo se nos ofrece entonces como si lo viésemos por vez primera. Nada tiene nombre y, como Adán en el jardín del paraíso, empezamos a nombrarlo todo desde cero.
Las personas despiertas y las personas iluminadas son meros sueños. El único que quiere despertar es el personaje onírico y, cuando finalmente despierta, resulta que ha despertado del sueño.
Si no amamos nuestras sombras, en realidad no las estamos aceptando, pues no hay diferencia entre la aceptación total y el amor. En la verdadera aceptación, nuestro corazón está completamente abierto y, por tanto, el amor fluye naturalmente. Ya no hay juicios ni separación.
Fue nuestro fracaso en despertar del sueño de rebelión lo que puso en movimiento el drama cósmico que culminó con la fabricación del universo físico. Además, es nuestro fracaso progresivo en despertar de nuestros sueños individuales lo que nos obliga a repetir este “drama” de separación en todos y cada uno de los aspectos de nuestro soñar en este mundo. El perdón se convierte en el medio que el Espíritu Santo, la respuesta de Dios a la separación, utiliza para corregir el pensamiento equivocado del Hijo y reunir a la fragmentada Filiación.