Liberación de la negatividad

El contexto de responsabilidad facilita la transformación y la liberación de todo el arsenal de emociones negativas tales como el miedo, la cólera, el resentimiento, el rencor, el senti­do de injusticia, los celos, la censura, el juicio, la culpabilidad, etc.Es una de las consecuencias más importantes del contex­to de responsabilidad.

Este contexto permite controlar el yo inferior de forma flexible y no coercitiva. Permite sustituir la substancia men­tal-emocional de baja calidad hecha de negatividad, de orgu­llo, de separatividad y de victimitis por una substancia men­tal-emocional de calidad superior cuyos componentes son: sabiduría, equilibrio, serenidad, inteligencia, amor, etc.

Los traumas de la infancia

Nuestro Ello es inflexible pero muy paciente en el traba­jo de construcción de su herramienta de manifestación: la personalidad. Si, cuando nuestra conciencia se embarranca con la personalidad, no podemos o no queremos abrirnos al aprendizaje necesario para dar un paso adelante en nuestra evolución, el Ello nos presentará la misma experiencia una y otra vez. Si nos resistimos a lo que nos presenta, o si no estamos del todo dispuestos a asimilar la totalidad de la expe­riencia, no hay por qué inquietarse, se presentará de nuevo, hasta que lo que debe ser dominado, asimilado, integrado, lo sea por completo.

En resumen, reconocerse como el origen de todo lo que existe en nuestra vida no quiere decir ser capaz de explicar racionalmente lo que está ahí. Quiere decir reconocerse como que uno es el origen, eso es todo; sin ningún juicio de nosotros mismos, sin censura, confiando en nuestro Ello que nos guía, y en nuestra inteligencia y nuestro corazón que nos permiten avanzar con lo mejor de nuestros propios recursos, ni más ni menos. Y esta aceptación y esta no resis­tenciabastan para crear una dinámica acelerada de evolución.

Explicaciones racionales

Si trabajamos para ensanchar los puntos de vista, seguro que es para compren­der mejor, o más bien aceptar, mentalmente; pero también y sobre todo para liberar la estructura mental de su anquilosamiento y abrir la puerta a un tipo de comprensión y de percepción consciente más amplio, más sutil y más direc­to. Es el tipo de conocimiento salido del Ello, lo que llama­mos a veces «intuición». Tomamos esta palabra en el senti­do más elevado del término y no en el sentido habitual que sobreentiende una percepción vaga, emotiva, e incluso poco realista. La verdadera intuición es una capacidad de comprensión superior, no lineal, que incluye a la comprensión intelectual estrictamente «racional» y la sobrepasa. A nivel de la verdadera intuición, la comprensión es efectivamente más clara, más rigurosa y más precisa. Las personas que lla­mamos genios en todos los campos de la razón, ya sea el científico, el artístico u otro, tienen un acceso más fácil a ese tipo de conocimiento. No obstante eso es accesible a todo ser humano en un momento dado o en cualquier momento, puesto que todos estamos dotados al mismo aparato de manifestación. Basta con saber utilizarlo.

Lo que llamamos muerte

En cada momento de nuestra existencia, nos encontramos en un determinado estado energético que corresponde exactamente a nuestro estado de conciencia, estando éste en función de nuestro grado de evolución. Este estado energético de todos nuestros cuerpos atrae constante­mente las circunstancias, las personas y las situaciones que podrán hacer trabajar esta energía, en última instancia, siempre en función del plan de evolución.
El resultado será siempre el mismo, ya sea que lo conside­remos como un proceso energético o como un proceso en conciencia: atraemos hacia nosotros todas las circunstan­cias y experiencias de vida que necesitamos para que el tra­bajo de transformación se pueda llevar a cabo, y para que podamos acercarnos cada vez más a nuestra naturaleza divina.

Transformar la calidad energética de nuestros dife­rentes cuerpos

El trabajo consciente sobre uno mismo ha sido durante mu­cho tiempo el atributo de sólo algunos. Estos han avanzado muy rápidamente y nos han demostrado, gracias a sus pro­pias realizaciones, cuáles pueden ser las posibilidades que se ofrecen a todos los seres humanos si están interesados en ac­ceder a ellas. En la actualidad cada vez más personas están dispuestas a abrirse un verdadero camino interior, y las téc­nicas y métodos correspondientes a diferentes niveles se han desarrollado y resultan más accesibles al público en general.

Al darnos cuenta que existimos en el seno de ese gran complejo energético del universo, orquestado en lo que nos concierne por la ley de la evolución, podemos comprender mejor cómo «creamos» nuestro entorno personal por atrac­ción en el curso de nuestra vida.

Los cuerpos del ser humano

Nuestros estados energético y de conciencia están así ín­timamente ligados y son interdependientes. De hecho, son dos caras de la misma realidad. En particular, todo nuestro bagaje de experiencias pasadas está inscrito energéti­camente en nuestros diferentes cuerpos. Toda armonía o discordia, toda realización o toda limitación en conciencia se traducen por una vibración de cierto tipo.

Cuando tenemos que hacer un trabajo específico de con­ciencia en esta vida, éste se inscribe en alguna parte de nues­tro sistema energético: mental, astral, etéreo, físico. Este es­tado energético, esta vibración específica que llevamos en nosotros tendrá por efecto atraer vibratoriamente, en fun­ción del Plan de evolución, a las personas o situaciones que nos permitan trabajar sobre el desarrollo de esa cualidad, so­bre la manifestación de ese poder, sobre esa carencia o sobre la corrección de esa debilidad. Todo esto se inscribe energé­ticamente en nuestros diferentes cuerpos y actúa como un imán en el Campo de Energía Universal por el cual todos estamos vinculados.

El universo en un vasto complejo energético

Lo mismo que el universo no está hecho sólo de materia o energía física, el ser humano tampoco está constituido única­mente de un cuerpo físico. Este cuerpo físico, hecho de mate­ria física, es efectivamente un cuerpo de materia-energía, vi­brando a una frecuencia bien determinada: la de la materia física. Pero tenemos otros cuerpos: un cuerpo etéreo, un cuerpo astral, un cuerpo mental, un cuerpo causal y otros más elevados todavía que se interpenetran, formados de «materia» que vibra a frecuencias cada vez más elevadas. Nuestro cuerpo hecho de materia física «flota», por decirlo de alguna ma­nera en nuestro cuerpo de materia etérea, flotando a su vez en nuestro cuerpo de materia astral, que flota en nuestro cuerpo de material mental, flotando finalmente en nuestro cuerpo de materia causal, y este último es el campo del Ello (a fin de sim­plificar no diferenciaremos aquí los cuerpos de sus emanacio­nes). Considerando el nivel de evolución medio actualmente alcanzado, podemos detenernos en este estado, de momento. Esos cuerpos tienen, sin ninguna duda, una interacción muy intensa entre ellos, el superior teniendo siempre la posibilidad de controlar al inferior.

¿Nos hace crecer el sufrimiento?

El proceso de atracción de todos los acontecimientos de nuestra vida se hace pues según el principio de evolución y a partir de la voluntad consciente de nuestro Ello. De vida en vida, creamos cada vez las condiciones óptimas que nos per­mitan hacer la experiencia total de nuestro Ello a todos los niveles de nuestro ser. No hay ningún azar. El mundo tal como es alrededor de nosotros es la imagen exacta del estado de nuestra conciencia, tanto a nivel personal como a nivel co­lectivo. En lugar de resistirlo podemos elegir utilizar esas circunstancias (que hemos creado según las necesidades del plan de evolución) como oportunidades de aprendizaje en vista al desarrollo de nuestra conciencia y de nuestro regreso al estado de poder y libertad divinas.

Percepción errónea de la ley del karma

Percepción errónea de la ley del karma. El primer error en la forma de percibir la ley del karma es creer que funciona como un castigo o una recompensa. Creemos que si hemos cometi­do «malas» acciones en una vida pasada, deberemos pagarlo con circunstancias difíciles en esta vida, y que si fuimos bue­nos, seremos recompensados. Esto es una percepción erró­nea de la ley del karma. Ésta es una ley educativa en el mejor sentido de la palabra, y en este sentido, la noción de castigo no existe.