Poquísimas personas son capaces de comprender que están dormidas, y de hacer los esfuerzos necesarios para despertar. Primero, el hombre debe estar preparado, debe entender su situación; segundo, debe tener bastante energía y un deseo suficientemente fuerte para poder salir.
En toda esta extraña combinación que es el hombre, lo único que puede cambiarse es la consciencia.
Cantaré de una espiritualidad que se inclina ante nuestros errores, que empapa nuestros anhelos con empatía, que entiende que TODOS somos humanos y frágiles y mortales y magníficamente imperfectos tanto como somos “Divina Conciencia Pura que Nunca Sufre”, estudiantes tanto como maestros, dolorosamente quebrantados tanto como gozosamente Inquebrantables.
El tiempo y la eternidad Dios en Su conocimiento no está esperando, pero a Su Reino le falta algo mientras tú esperes. Todos los Hijos de Dios están esperando tu retorno, tal como tú estás esperando el suyo. En la eternidad las demoras no importan, pero en el tiempo son ciertamente trágicas. Has elegido estar
Con esa toma de conciencia, el mundo entero se autolibera. Al liberarse del monopolio del pensamiento, al liberarse de ese lastre de «yo y mis problemas», todo queda sumido en un gran desahogo. Libre de objetivos y significados, cada momento es una meta en sí mismo, todo tiene un significado intrínseco porque cada momento es lo único que existe ahora y siempre. Libre de toda inhibición, todo está permitido y las consecuencias ni siquiera son posibles.
En la naturaleza todo tiende al equilibrio. El salto de la presión atmosférica se equilibra con el viento. La diferencia en temperaturas se compensa por el cambio térmico. Dondequiera que exista el potencial excesivo de cualquier energía surgen las fuerzas equiponderantes orientadas a la eliminación de distorsiones. Estamos tan acostumbrados a tal estado de cosas que ni siquiera nos planteamos hacer una pregunta: ¿y por qué todo tiene que ser precisamente así? ¿Por qué funciona la ley del equilibrio? Para esta pregunta no hay respuesta.
En vano buscas a Dios porque Lo tienes delante de ti, dentro de y siendo las cosas de este mundo. Alarga tu mano: ahí está la mano de Dios. Mira tus piernas: son las piernas de la divinidad. Ese pájaro que se acaba de posar en esa rama, ¿de verdad crees que eso no es una manifestación de Dios?