El Sentido de la Ligereza

Uno ve tantos rostros ensombrecidos por la seriedad que sería comprensible si estuviera provocada por el dolor. Pero esta clase de seriedad que arrastra al ser humano a la tierra y mata la vida de su espíritu no es hija del dolor, sino de cierto tipo de representación en la que el actor se engaña al identificarse con su papel.
Cuando los niños participan en la representación también lo hacen con seriedad, pero es diferente, porque el niño es consciente de que solamente es un juego y su seriedad es una forma indirecta de divertirse. Pero en el adulto esta seriedad se convierte en vicio, porque transforma el juego en religión, identificándose con el papel o posición en la vida que tanto teme perder.

El despertar

Una vez fuimos un gran Equipo. Una verdad, una familia.
Nacidos como Uno, nos dividimos. Tribus, facciones, clanes, naciones, religiones, ideologías, ejércitos.
Mi Dios contra tu Dios. Mi verdad contra la tuya.
Nos mataos unos a otros en números incalculables.
Dejamos de escucharnos, dejamos de mirarnos a los ojos.
Caímos en el delirio, adorado en el altar de la creencia.

Mitos sobre la espiritualidad

Uno de los mayores mitos sobre la espiritualidad es el que revela que el mundo es una ilusión. Según el mito, cuando «despertamos» o nos iluminamos, nos damos cuenta de que el reino físico de las cosas es sólo un sueño. El mundo y todos los acontecimientos que se producen en él son vistos como un espejismo. Sólo el espíritu es real, el cual existe por encima y más allá del mundo físico.

Verdad e ilusión

Examinemos más de cerca la ilusión de que lo que tú fabricaste tiene el poder de esclavizar a su hacedor. Esta es la misma creen­cia que dio lugar a la separación. Es la idea insensata de que los pensamientos pueden abandonar la mente del pensador, ser dife­rentes de ella y oponerse a ella. Si eso fuese cierto, los pensa­mientos no serían extensiones de la mente, sino sus enemigos. Aquí vemos nuevamente otra forma de la misma ilusión fundamental que ya hemos examinado muchas veces con anterioridad. Sólo si fuese posible que el Hijo de Dios pudiera abandonar la Mente de su Padre, hacerse diferente y oponerse a Su Voluntad, sería posible que el falso ser que inventó, y todo lo que éste fabricó, fuesen su amo.
Contempla la gran proyección, pero mírala con la determina­ción de que tiene que ser sanada, aunque no mediante el temor. Nada que hayas fabricado tiene poder alguno sobre ti, a menos que todavía quieras estar separado de tu Creador y tener una voluntad que se oponga a la Suya. Pues sólo si crees que Su Hijo puede ser Su enemigo parece entonces posible que lo que has inventado sea asimismo enemigo tuyo. Prefieres condenar al sufrimiento Su alegría y hacer que Él sea diferente. Sin embargo, al único sufrimiento al que has dado lugar ha sido al tuyo propio.

Vergüenza

La pérdida de lo que ha sido valorado puede llevar al remordimiento, el dolor, la tristeza, el luto, el duelo y la soledad. La pérdida se deriva del apego, así como de la ilusión de que el objeto personal o estatus era una fuente de felicidad “ahí fuera”.
Una fuente de pesar y pérdida es la expectativa poco realista del yo y los demás. Nada en el mundo de la forma es permanente. Al final, todo ha de ser entregado a la voluntad de Dios. Para tener éxito en la entrega, es necesario tener en cuenta que la voluntad de Dios no se personaliza para adaptarse a los deseos individuales. La voluntad de Dios es en realidad el diseño kármico de todo el universo. Entregarse a la voluntad de Dios es entregarse a la verdad que no es otra cosa que la Realidad Última permanente. Todo lo que surge en la forma pasa. Una pérdida es una oportunidad para liberarse de un apego.
La pérdida representa un aferrarse al pasado y el sustituir los recuerdos por la consciencia de la Realidad. En ningún simple instante existe ya más la pérdida o la ganancia, ambas surgen de construir la historia de la propia vida.

No hay nada externo

Todo el mundo ha experimentado lo que podría describirse como una sensación de ser transportado más allá de sí mismo. Esta sensación de liberación va mucho más allá del sueño de libertad que a veces se espera encontrar en las relaciones especia­les. Es una sensación de habernos escapado realmente de toda limitación. Si examinases lo que esa sensación de ser «transpor­tado» realmente supone, te darías cuenta de que es una súbita pérdida de la conciencia corporal, y una experiencia de unión con otra cosa en la que tu mente se expande para abarcarla. Esa otra cosa pasa a formar parte de ti al tú unirte a ella. Y tanto tú como ella os completáis, y ninguno se percibe entonces como separado. Lo que realmente sucede es que has renunciado a la ilusión de una conciencia limitada y has dejado de tenerle miedo a la unión. El amor que instantáneamente reemplaza a ese miedo se extiende hasta lo que te ha liberado y se une a ello. Y mientras esto dura no tienes ninguna duda acerca de tu Identidad ni deseas limitarla. Te has escapado del miedo y has alcanzado la paz, no cuestio­nando la realidad, sino simplemente aceptándola. Has aceptado esto en lugar del cuerpo, y te has permitido a ti mismo ser uno con algo que se encuentra más allá de éste, al simplemente no permitir que tu mente esté limitada por él.